La nueva Ley Orgánica de Educación

Una de las cosas horrendas de una sociedad, es aquella que estamos viendo en abundancia hoy respecto de la LOE. Todo el mundo opina y dice cosas que nos preocupan y también nos asustan. Nos preocupan y nos asustan por las consecuencias que se derivarán de su aplicación, si es verdad que el Estado, entre tantas cosas que pretende lograr con ella, una fuera la de apoderarse de nuestros hijos. Tengo varios vecinos con hijos pequeños que me han preguntado varias veces que si la Ley ya fue promulgada, que si ya ha entrado en vigencia, y no sé cuántas cosas más.

Supongo que no hay mucho que explicar sobre las molestias que le origina a quien no es jurista y tampoco ha hecho nada en la elaboración de la LOE. Pero es peor todavía, pues estando rodeado de abogados, no faltará aquel que nos pueda atribuir el ejercicio ilegal de esa profesión. Eso nos preocupa, hay que imaginar qué puede ser para una persona tranquila, que le rompan su rutina. Además el perjuicio que podría ocasionarles a familiares y amigos nuestros, una situación de este calibre. Nuestro escaso peculio no nos permitiría una erogación como la que se requiere en los estrados judiciales. ¿De dónde saldría esa cantidad de dinero, sino de los bolsillos generosos de familiares y amigos? Como cualquier persona puede ver, la LOE es perjudicial incluso para aquellos que no comprende bajo su égida.

Del párrafo anterior a este pasaron cinco minutos que fue el tiempo que me llevó abrir la puerta contestando el timbre y atender a quien llegaba. Era el vecino del otro extremo del piso que quería saber dónde tenía que llevar a sus tres hijos para entregárselos a Chávez. No le entendí nada y se lo dije. Me contestó que si los hijos había que entregárselos al gobierno, que es una entidad abstracta, se los tendría que llevar al presidente. ¿Qué adónde habría que llevárselos? Comprenderle me llevó casi dos minutos. Resulta que esas dos niñitas hermosas, y el pequeño de tres años, le han montado un bochinche que no sabe como terminar. Reclama con fuerza al gobierno, que asuma la responsabilidad de la LOE, se lleve sus hijos, y se los traiga cuando tengan por lo menos quince años, pero eso sí, con la condición de volver a llevárselos si no mantienen una conducta cónsona con lo que él espera de ellos.

Zafé de este martirizado vecino diciéndole que había recién visto a un periodista en Globovisión que indicaba que las solicitudes para entrega de los niños al gobierno hay que dirigirlas a la señora Nitu Pérez Osuna en la dirección de ese canal de la Florida. La Florida ¿qué casualidad, no?

Confieso que quedé preocupado, pues si me guío por lo que van a hacer mis vecinos, el Estado no tendrá lugar donde alojar tantos niños. Uno que siempre ha sido cauto, precavido, que sale con paraguas aun cuando no vea ninguna nube en el cielo, tuvo la previsión de metalizar la puerta con cuatro súper pestillos inviolables y, si lo serán que han llegado expertos hasta de la Reserva Federal de EEUU para conocer mi sistema de seguridad. Me confiaron que nunca habían visto tanta perfección en tan poco espacio. Me preguntaron con discreción por qué no confiaba en los bancos para asegurar mis caudales. Les dije que no tenía dinero ni siquiera para cambiar mis gastados zapatos que hace largo rato pedían su retiro. Que era todo para que no se vinieran a meter en mi casa esos sin casa que las iban a invadir. Ellos, por no ser del país no sabían que se iba a hacer un censo para determinar cuántas habitaciones había en cada casa, y el número de sus habitantes, para luego determinar que las familias vivieran en una habitación y el resto fuera ocupada por esos que ya mencioné.

Me preparé un buen te de tilo y ya más calmado me dispuse a leer un rato mientras miraba de vez en cuando el televisor para saber que pasaba. El canal del estado estaba con la pantalla indicando que tiene en el teléfono a una alta funcionaria del Ministerio de Educación que está diciendo que han sido víctima de un sabotaje. Habían anunciado un foro sobre la LOE en una dependencia de PDVSA en La Tahona cuando unos exaltados, según sus palabras, agredieron a varios de los que iban a exponer. Nombró a un joven de apellido Sierra que al notar los violentos su llegada, comenzaron a golpearle el carro y no satisfechos con eso le golpearon también la cara.

Pasé para el canal de oposición para ver qué tenía en su información y estaba en ese mismo momento en el sitio donde se desarrollaba la acción. El lugar había sido cerrado seguramente por la violencia ya mencionada, pero a través de una reja una señora que posiblemente fuera docente de un colegio de monjas, muy alterada denunciaba haber sido engañada pues habían convocado a debatir para luego suspender el acto. Dijo que no había habido violencia. Muy claro me quedó, tal como queda aquel que tiene que salir de su casa y es informado por una persona que llueve a cántaros, y otra que le dice que hay un sol estupendo para irse de playa.

Con el debido respeto digo que permanecí en ese canal pues estaban exhibiendo en sus pantallas, damas muy hermosas. A veces debemos hacerle un buen regalo a nuestros ojos y vaya que ese lo era. La misma periodista, ya un poco alejada de las rejas, está ahora conversando con un señor de mediana edad que es funcionario del M. de Educación, al cual rodean otras beldades. Una de ellas le está manifestando su preocupación por la situación de sus hijos respecto de la Ley. Le dice que ellos no ven como enemigo a Chávez, que ella no quiere irse del país pues lo ama y no lo va a dejar. Mientras los dos pretenden hablar, otro señor mayor fastidiando imprudentemente le pide reiteradamente al funcionario de Educación que le muestre la agenda. El funcionario le dice a la señora que le diga con qué del articulado de la Ley no está de acuerdo. No concluyeron seguramente acordando en situación tan irregular, pero sí mostraron que desde ángulos muy distintos, se puede intercambiar sin ofender. La señora, pese a estar producto del momento, muy excitada, demostró que todavía hay espacios para debatir.

Una de las peculiaridades que ha traído la Ley ha sido la dicotomía en su discusión. Los agentes del gobierno pretenden discutir su articulado, en tanto quienes se oponen a la misma, recurren a las generalidades. Generalidades que incurren en los supuestos, en las intencionalidades, nunca en lo específico Así la discusión, su resultado a no dudarse, es nocivo para la colectividad pues esta queda en Babia cada vez que pretende conocer el fondo del asunto. Pero es que es peor todavía la cosa. En la marcha de la oposición el sábado pasado, un periodista le preguntó a uno de los marchistas un artículo concreto con el cual discrepara. Si no lo hubiera visto y me lo hubieran contado, lo habría puesto en duda, pero como lo vi qué duda puedo tener. Le dijo que el artículo 73. Con ese no estaba de acuerdo explicando la razón de su discrepancia. La Ley consta de 50 artículos, más el Capítulo VII que contiene las Disposiciones Transitorias, Finales y Derogatoria. Como se puede ver, se hacen afirmaciones disparatadas sin ningún pudor.

Me dispuse a salir de este rollo y me decidí a leer de una buena vez esta bendita ley. Pero tenía frente a mí todavía el TV encendido y no pude sustraerme al influjo de su magia. Nos hablaba en el canal de oposición la señorita de las dos V. Por cierto muy bonita ella. Nos dijo que iba a hablar sobre la Ley respecto de los medios. Pasé para un costado la fotocopia de la Gaceta y puse toda mi atención en sus palabras. Dice, el artículo 8 y suelta su parrafada. Tomé la Ley y observé el mencionado artículo que dice: “Artículo 8. El Estado en concordancia con la perspectiva de igualdad de género, prevista en la Constitución de la República, garantiza la igualdad de condiciones y oportunidades para que niños, niñas, adolescentes, hombres y mujeres, ejerzan el derecho a una educación integral y de calidad”. No logro comprender la relación de este artículo con los medios. Debe haberla si nos atenemos a lo que dijo la periodista, pero el que suscribe no lo ubica.

La generalidad en la cual se incurre frecuentemente, oscurece el debate y aleja el razonamiento. Es necesario que se clarifique y esto se logrará exigiendo precisión en la afirmación que se haga. Tome su Ley, téngala a mano y sintonice un programa donde hablen de la misma. Verá para su asombro que no falta el que diga el artículo tal, y suelte su parrafada contra ella. Cuando usted busque en su ley el artículo que el mencionó, verá que posiblemente no existe tal enunciado. Cómo resolver este entuerto, tal vez sea labor del MINCI. Mostrar varios de estos casos eliminará la falacia y dejará expedito el camino para que quienes tengan en verdad objeciones sustentables, recurran a lo concreto. Les hará ganar en credibilidad, hoy muy escasa en estos ámbitos.


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Roosevelt Barboza


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