La Autonomía de las Universidades Públicas como Obligación

Las fuerzas de la derecha atrincheradas en las universidades del Estado han enarbolado la autonomía como bandera para justificar su posición en contra de las políticas públicas en todos los ámbitos de la actividad nacional. Para los oposicionistas de derecha la autonomía universitaria es sólo vista como el derecho de grupos internos de poder para controlar la universidad y ponerla al servicio de los intereses del Capital. Entienden la autonomía universitaria como un derecho de esos grupos para usufructuar los recursos de esas instituciones y para ponerlos a la disposición de las clases dominantes y sus lacayos. Para esos grupos de poder, algunos convertidos en mafias, las universidades del Estado no son públicas o limitan la concepción de público al hecho de recibir financiamiento del Estado.

Para esos grupos autonomía significa hacer lo que les venga en gana con la universidad. Usan el presupuesto que les asigna el Estado y los recursos propios, muchos provenientes de entes del mismo Estado, a discreción. Mantienen una organización de la universidad en facultados, escuelas y departamentos que sólo se justifica como una manera de vivir, una manera de mantener la repartición de cuotas de poder dentro de la institución. Por ejemplo, uno se pregunta por qué en la UCV funcionan como facultades separadas farmacia, odontología, medicina y otras carreras relacionadas con la salud. Tendría sentido agrupar todas esas facultades en una sola, si mantenemos la organización clásica en facultades, y de esa manera disminuir la burocracia y hacer más eficiente el uso del presupuesto. De esta manera tendríamos un solo decano, un solo decanato con su personal administrativo, tendríamos una fusión de departamentos y cátedras lo cual significaría una mejor distribución de la carga académica de los profesores, y así sucesivamente. Pero eso es impensable, la universidad no se renueva, contrario a sus fines la universidad es contra-revolucionaria, estática.

La universidad realmente no es autónoma, porque está en manos de grupos de poder. La universidad no es autónoma del Capital y cada día profundiza su dependencia de él. La universidad está al servicio de los intereses más mezquinos. La universidad fue secuestrada por los grupos que trabajan par alas grandes corporaciones. La universidad es usada por muchos profesores y empleados para sus fines personales. He oído comentarios de que en una universidad un empleado le vende fotocopias a los profesores y a otros empleados de libros y otros materiales impresos usando el papel y las fotocopiadoras de esa institución. Si eso es cierto, los profesores que contratan los servicios de ese empleado son tan corruptos como él o ella, la corrupción no distingue géneros. He oído historias de empleados y profesores que usan equipos de la universidad para realizar trabajos para empresas privadas, ponen las computadoras y otros equipos de la universidad, adquiridos con fondos del Estado, al servicio del Capital.

Es necesario revertir esa nefasta práctica basada en esa concepción de la autonomía. Los profesores universitarios progresistas, no digamos revolucionarios, están obligados a hacer algo, no pueden seguir cayados. El silencio nos vuelve cómplices. Es necesario poner adelante una nueva caracterización de la autonomía como responsabilidad, como obligación con la sociedad toda. Hasta ahora la autonomía ha sido usada para beneficiar a una élite, dentro y fuera de ella. Hay que acabar con esas prácticas.

Tenemos de redefinir la autonomía. La autonomía significa obligación de rendir cuentas, obligación de hacer público la manera como se invierte el presupuesto, obligación de develar cuánto dinero recaudan como fondos propios, su procedencia y su uso, etc. Pero la entrega de cuentas no se limita a los aspectos financieros y presupuestarios. Los aspectos académicos no se pueden quedar por fuera. La universidad debe informar a la sociedad cuántos profesores tiene, cuántas horas de clase a la semana dicta cada uno, cuántos cursos o asignaturas atienden por semestre, cuántos alumnos tienen en esas asignaturas, cuántos preparadores y auxiliares docentes tienen contratados, cuál es la categoría de cada profesor y cuántos años ha estado en cada una, cuántos libros y/o artículos han publicado, cuáles proyectos comunitarios asesoran o están directamente involucrados en ellos, cuántos tesistas atienden, cuáles son los temas de las tesis de pre-grado y post-grado, y así sucesivamente. En fin, la universidad debe entender que se debe a la Nación, a la sociedad, y por tanto tiene que entender que autonomía significa ser responsable y entregar cuentas, tener la obligación de manejar con transparencia y honestidad los recursos de todos los venezolanos.

julio_mosquera@hotmail.com



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Julio Mosquera


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