¡No, es No!

La camioneta enorme y reluciente, de esas de unos cuantos millones, se estacionó frente a la panadería que, en la entrada de la elegante urbanización, se ha vuelto centro de concurrencia preferido de vehículos como esos. Allí se sienten mejor cuidados y menos sometidos a la envidia y agresiones de diferente naturaleza. Estàn entre la misma gente y carros.

Del vehículo, con parsimonia, excesiva elegancia y gracia, bajó Astrich Carolina. Se trata de una bella dama de unos treinta y cinco años que, acompañando a aquel, se aprovechó para llegar al negocio a tomar un café, consumir un rico aperitivo y de paso hacer algunos comentarios con otras u otros que, como ella y en igualdad de condiciones, allí llegan frecuentemente.

Mientras la despampanante señora dirigía sus pasos al cafetín-panadería y sitio de tertulia de políticos despechados y gente con mucho tiempo por perder, como en eso de hacer planes para salir del zambo, le observé como es deber de un caballero; cumplido ese ritual volví la mirada hacia la camioneta, pues me interesé por varios letreros que en los vidrios de la misma impresos estaban. Leí uno por uno. O mejor leí la pinta, pues en cada espacio estaba escrito exactamente lo mismo. ¡No, es no!

Con la misma firmeza que una dama como esa que se sabe apetecida, responde a quien le acosa y en defensa de derechos que sólo a ella corresponden, se expresaba la frase repetida en el costoso coche. En principio pensé que era un mensaje contundente para el esposo, escrito la noche anterior, de modo que lo leyese al llegar al garaje de la casa y no le interrumpiese su dormir placentero y menos se forjase deseos que ella no iba a permitir; o para advertir a alguien de la casa que no le usasen la costosa nave; y la advertencia quedó allí por la premura para estar a tiempo en el sitio de diario combatir. Y no podía pensar de otra manera, pues la indelicadeza del mensaje no daba oportunidad de pensar que fuese referido al currículo escolar, tema que es atinente a todos y al cual corresponde una discusión abierta, respetuosa, democrática y con abundantes argumentos . Y por todo eso, no puede despacharse de manera tan brutal y ordinaria. Y tampoco podía creer que una dama como aquella se expresase así, de manera tan rústica, con respecto a algo que merece discutirse, reclama atención y seriedad.

A un amigo que, junto a mí llegó y pudo admirar a aquella Venus que se desplazaba con elegancia y hacia brillar todo alrededor suyo, llamé la atención no hacia ella porque falta no hizo, pero sí sobre la pinta que tanto me intrigó. Y a él le debo haber entendido el significado de aquella expresión tan contundente y despreciativa por la opinión y el derecho de los demás. Supe entonces que la frase cortante y despreciativa, estaba referida al currículo escolar propuesto desde el gobierno; para Astrich y su combo, no merece discusión porque ¡No, es No! Y se acabó la vaina.

Pero ellos, hasta los altos prelados de la iglesia, venían pidiendo que el proyecto educativo gubernamental se discutiese. Pese a que desde unos dos años atrás eso se ha estado haciendo entre los educadores, cosa que nunca antes gobierno alguno permitió, la oposición ha dicho insistentemente que se debe discutir. El presidente detiene la aplicación del proyecto y hasta críticas le hace y solicita, como atendiendo el reclamo opositor, que se afine para que se proceda a debatir con la mayor amplitud. Ante esa actitud, la oposición ahora sostiene solamente que “¡No, es No!”. ¿Quién les entiende?

Y pese a todo, quedé todavía intrigado por la indignación que mostraba la dama. ¿Por qué ella, tan delicada, de un caminar tan rítmico y una imagen que sugiere sensatez, procedía de modo tan procaz?

Por eso la seguí. Tuve suerte de sentarme en una mesa al lado que, con cuatro amigos, de ambos sexos, ocupaban. Y le oí discurrir precisamente sobre el por qué escribió aquello en su vehículo.

¿Cómo no decirle no a tamaña aberración? Chávez y su séquito, dijo a sus amigos, mientras daba suaves toques a la mesa, se propone que nuestros hijos, al llegar a casa, procedentes de la escuela, ni siquiera la bendición nos pidan, sino nos griten a pulmón pleno, con la ordinariez propia de un chavista, “Patria, socialismo o muerte”. Eso está en el bendito currículo, me quemé las pestañas estudiándolo; y, ¿no va a oponerse uno? Por eso “¡No, es no!”


pacadomas1@cantv.net


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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