“La princesa está triste….¿Qué tendrá la princesa?” Se queda sin maestros y no porque estén de fiesta en su día

La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa
que ha perdido la boca, que ha perdido el color.

Rubén Darío

Debería hablar de todos sus atributos. Pero no me está permitido. Sería como elogiarme excesivamente a mí mismo, pues es mi nieta, pese todo lo que diga de ella esté avalado por los hechos.

Este mediodía de hoy martes, previo el "día del Educador", la hallé en su casa muy triste, tal que nada mejor que usar las palabras del gran bardo nicaragüense de "Los suspiros se escapan de boca su de fresa que ha perdido la boca, que ha perdido el color".

Ella es una excelente estudiante, lo dicen varías cosas. Su rendimiento académico desde el primer día que entró al aula es muy difícil, por no decir otra cosa, mejorarlo. Pero también una excelente bailarina clásica que a su muy corta edad, todavía no ha egresado de la escuela media, ha ganado varios trofeos en competencias nacionales e internacionales. Es como demasiada exigente consigo misma y de un orden que en veces a uno mismo incomoda. Tanto que el día sábado en la tarde, ya tiene todo listo y ordenado para cuando vaya el lunes a la escuela.

Siendo como es, entonces le sobran razones para que "La pobre princesa de la boca de rosa quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el cielo volar, ir al sol por la escala luminosa de un rayo, saludar a los lirios con los versos de mayo, o perderse en el viento sobre el trueno del mar." Y, a todo, eso además derecho tiene.

Y yo que soy su abuelo, viejo maestro de escuela, habiendo observado y evaluado cientos de adolescentes a lo largo de mi carrera, convivido a diario con ella, y teniendo unos instrumentos, pese no sean valiosos, ni de estirpe o enjundiosos, me bastan para saber que sus aspiraciones en ella tienen fundamento. Le sobran razones para "querer ser golondrina e ir al sol por la escala luminosa". La he visto crecer y alcanzar sus metas, más que por otras cosas, por su orden y fuerza.

Pero "la princesa está triste". Y mañana es día del maestro. "¿Qué tendrá la princesa?"

Cuando llegó a la escuela por primera vez fue recibida con cariño, como recibieron a su hermana. Pues allí, en esa misma escuela, estudió su madre. Entonces entró allí al primer año del preescolar y ahora, pasados los años, está en el último del bachillerato. Y siempre ha sido lo que es y para lo que es apta y ella tiene excepcionales condiciones.

Pero hoy, "la princesa está triste". Sin terminar el año debe irse de su escuela a otro ambiente y posiblemente dejar sus amigos y compañeros de siempre y por eso, "la princesa está triste".

Pero también lo está porque casi todos sus maestros se han ido. Los que fueron en los primeros años y quienes ahora lo son en la última etapa que debe cursar en su escuela.

Esta mañana, los pocos docentes asignados al aula al cual ella ha estado incorporada que todavía no se habían retirado, fueron a despedirse con lágrimas en los ojos. Se van por lo mismo que antes se fueron otros, por el miserable salario que devengan. Unos se van fuera del país a engrosar la diáspora, más tras un sueño que otra cosa y otros, las más realistas, a actividades donde pueden cobrar en dólares. Ese instrumento que está produciendo muchos cambios en la vida nacional y sobre el cual cada quien se responde como más le gusta o le permitan sus aptitudes.

El aula de mi nieta queda sin docentes. Se fueron todos y a mitad del año. Estuvieron hasta última hora esperanzados que hubiese un cambio, y me refiero en sus relaciones laborales que es lo mismo que en su manera de vivir, y el año que comienza, cuando mañana es "Día de Educador", nada le anuncia o mejor si lo hace, pues les dice que busquen qué hacer, cómo y dónde, porque por ahora en este país para ellos no hay vida. Y por lo que ahora dice el presidente a la ANC no hay motivos para forjarse ilusiones pues al parecer todo seguirá como venía.

Mientras esto escribo de la parte de allá atrás de mi casa llega la voz que emana del televisor y se escucha al presidente diciendo cosas que son como si yo estuviese diciendo mentiras. Pues por sus palabras y los atronadores aplausos que se desparraman cada vez que hace un paréntesis, aunque no haya dicho nada convincente y menos sustentable, quizás hasta por el tono gritón que usualmente asumen quienes buscan aplausos, queda la impresión a quienes escuchan o leen desde lejos que ante "esas verdades", lo que aquí se dice es mentira de la buena.

Pero lo importante y doloroso es que "La princesa está triste" y su abuelo que es maestro, pese mañana es su día, por ella, todos los niños de Venezuela y sus colegas y él mismo, también está lleno de tristeza. Lo estoy por ella, todos los niños a quienes pudieran cortarles las alas y mis colegas a quienes se les apagaron los sueños.

No obstante, sé que por ella, especialmente por ella, sabrá levantarse como aquella vez cuando comenzando casi a dar sus primeros pasos en el baile clásico, siendo apenas una niña, apareciendo en escena, hizo de un acto que parecía aburrido, una fiesta que se llenó de aplausos.

Mañana mis colegas pese toda la tristeza que nos embarga, el trato injusto del patrón que nos "expropió" todas las ventajas del contrato colectivo en nombre de una revolución de mentira y un socialismo hueco, si no celebrar, deben aprovechar para organizarse y replantear una lucha por los derechos que se esfuman, los de ellos y sus alumnos, quienes están en primera instancia. De verdad, por una educación gratuita y de alta calidad. Pero al reflexionar, hacerlo con la madurez necesaria, propia de un verdadero docente, como para no caer en simplismos como pensar que cualquier político, de esos que tanto abundan y ansían llegar al poder, sin programa, proyecto de país sino simples consignas vacías y engañifas, aliado a enemigos del interés nacional pudiere ser merecedor de su respaldo.

Por supuesto, como docente y hombre de este tiempo poco tengo de aquel romanticismo de Darío, expuesto en el verso que sigue, pero en todo caso, me vale leerlo y tomarle como un llamado a la lucha, sabiendo que nuestro destino no depende de lo que allí canta el poeta, y si bastante de nosotros. No esperemos ese "feliz caballero" del que habla Darío, sino lo que nuestro talento, fuerza y capacidad para unirnos a los venezolanos todos, pueden crear y construir. Y pensar en todos los niños que ahora pudieran estar quedándose sin maestros porque estos, a su vez, deben proteger a los suyos.

"¡Calla, calla, princesa dice el hada madrina, en caballo con alas, hacia acá se encamina, en el cinto la espada y en la mano el azor, el feliz caballero que te adora sin verte, y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, a encenderte los labios con su beso de amor!"



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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