El hombre simbiótico de Cassirer

El estudio de los problemas clásicos de la filosofía en el tiempo contemporáneo que comprende, entre otros elementos y factores, detenerse a considerar de manera rigurosa la pregunta sobre el hombre y sus realizaciones concretas en sus determinaciones históricas, encontró en Ernest Cassirer (Alemania, 1874-Estados Unidos, 1945) a uno de sus representantes más significativos.

Su obra ya clásica "Antropología filosófica. Introducción a una filosofía de la cultura" (Fondo de Cultura Económica. México. 1967), da buena cuenta de ello. En realidad, y según se informa en el "Prefacio" a la citada edición escrito en la Universidad de Yale, la obra en sí vendría a ser una especie de opúsculo, digesto o síntesis que pretende aclarar los puntos oscuros de una obra mayor, o de mayor calado conceptual y número de páginas titulado: "Filosofía de las formas simbólicas", pues, en palabras de su autor: "Este libro tenía que ser mucho más breve que el primero. Un libro grande –dice Lessing-, es un gran daño" (ob cit., p. 4).

Se trata, volviendo a citar a Cassirer de "Un libro que se ocupa de cuestiones psicológicas, ontológicas, epistemológicas, y que contiene capítulos que se refieren al mito y a la religión, al lenguaje y al arte, a la ciencia y a la historia" (ídem); de donde se tiene que, en buena lógica, se podría decir que ya en esas primeras páginas se inserta la definición clave de una concepción antrópica, a saber, como lo dirá más adelante, encontrar "… la verdadera naturaleza y esencia del hombre" (ibídem., p. 11).

En otras palabras, para caracterizar y comprender lo que sea el hombre, como categoría antropológica genérica de hombre y mujer, hay que pasearse por varias disciplinas propias de las ciencias humanas y sociales. Ergo, hay que considerar del hombre su mundo interior, su psiquis, y cómo este se expresa o se objetivase, se exterioriza, pues, en realizaciones por medio del lenguaje que es el mediador por excelencia y antonomasia a través de creaciones como los mitos, la religión, el arte, las ciencias, porque el hombre es un ser simbólico; como también recuerdan algunos filósofos del lenguaje como Pearse que titula uno de sus libros "Cómo hacer cosas con palabras".

Aventado desde su natal Alemania hasta Estados Unidos a mediados del siglo XX a consecuencia de una las más graves crisis del hombre y las sociedades modernas occidentales, como fue la conflagración denominada II Guerra Mundial, Cassirer halló cabida y amplia resonancia en el singular sistema educativo universitario norteamericano, que, con la colaboración de corporaciones privadas logra reunir las inteligencias más preclaras de Europa y desarrollan novedosas investigaciones y la difunden orbi et urbe; de hecho, la síntesis del curso que dictara en Yale University en cuyo campus lo sorprendió la muerte, se hubo de transformar en un libro ampliamente usado en la comunidad de indagación de las ciencias humanas y sociales.

En breve, el hombre constituye un ser simbólico y, en consecuencia, es capaz de crear cosas suprasensibles de acuerdo a como elabora constructos subjetivistas y no genéticamente heredadas, están en relación al aprendizaje cultural; es lo que Cassirer denomina subversión del orden natural o demorar, esto es, que para el hombre no aplica como en las otras especies superiores evolucionadas la teoría metabólica del ambiente , con adaptación simple y respuesta inmediata o contingente, sino que en cambio el hombre tiene una respuesta razonada inmediata y demorada (idea simbólica), animal simbólico (el cortejo, los rituales de la mesa, en el altar, entre otras).



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Luis B. Saavedra M.

Docente, Trabajador popular.

 luissaavedra2004@yahoo.es

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