El potencial cierre de las universidades en Venezuela

"Las políticas de investigación y docencia deben ser decididas por las instituciones y orientadas hacia el crecimiento económico sostenible, sin olvidar la formación humanística para la promoción de una ciudadanía democrática y pluralista…"

GISELA KOZAK ROVERO

Estoy convencido de que la gran mayoría de lectores leen "información", el rotulado y no profundizan en la noticia (entendiendo información como un conocimiento acumulado y disperso en un contexto, y la noticia como un hecho de interés que acumula información siguiendo un esquema lógico comprensivo). El hecho noticioso hoy es que de seguir el éxodo de docentes y estudiantes de las Universidades públicas y privadas, se estaría ante un "cierre irreversible" de nuestras casas de Estudio en la realidad social, cultural y política venezolana. Esto podría ser una afirmación cierta, pero su connotación no lo es, es decir, lo que entendemos como cierre (bajar la Santamaría, despedir a los empleados y guardarse la llave) no es así, por lo menos en la experiencia institucional de una Universidad.

El problema está en que la razón de ser de las Universidades sigue siendo incomprendida por el ciudadano común y hasta por los propios integrantes de la comunidad universitaria. Da pena ajena ver como docentes universitarios en las redes sociales sacan sendos escritos defendiendo la Universidad, avizorando que si la matrícula está baja eso es un asunto circunstancial y que en pocos meses se remontará, crecerá más la universidad, que si hoy los espacios son estos, mañana se buscarán más espacios para albergar ese inmenso contingente que vendrá. Peor aún, se preocupan por los efectos de la crisis universitaria y no por las causas que están motivando el éxodo de docentes y estudiantes, faltando agregar personal administrativo y obrero que también está asumiendo una postura personal de buscar bienestar hacia otros espacios ante lo menguado del salario institucional de nuestras Universidades. Lo mejor en este caso sería quedarse callados y no opinar acerca de lo que no se sabe y, peor aún, no se ve.

De manera tajante les afirmo: "no es posible un cierre de las Universidades en Venezuela". Antes que nada las Universidades (apelando a la Ley de Universidades de 1970 y otros documentos del Ministerio del Poder Popular para la educación universitaria, ciencia y tecnología), son estructuras, según el Artículo 3 de la Ley de Universidades, que se hacen operativamente funcional a través de "…la docencia y el estudio, la investigación y las actividades de extensión"; teniendo como acciones básicas: creación, desarrollo, transmisión y crítica de la ciencia, de la técnica y de la cultura; preparación para el ejercicio de actividades profesionales que exijan el dominio de conocimientos y métodos científicos, y para la creación artística; difusión, valoración y transferencia del conocimiento al servicio de la cultura, de la calidad de vida y del desarrollo económico humano y sustentable; y difusión del conocimiento y la cultura a través de la extensión universitaria y la formación a lo largo de la vida.

Es decir, las Universidades conforman una triada de competencias, cada una autónoma, cada una con existencia propia. ¿Qué causa grave tienen hoy día las Universidades para que sean apuntaladas como espacios que ya no tienen funcionamiento operativo y estarían por cerrarse sus puertas? La causa del éxodo de personal y de estudiantes para el cumplimiento de la función docencia; esto solamente afecta una parte, importante sí, pero una parte de todo el conglomerado de significados que se desarrollan en una Universidad. Están las funciones de investigación y extensión; las Universidades pueden aludir un cierre temporal o definitivo de carreras que ya no son atractivas para la realidad social y económica del país y simplemente desactiva el programa docente hasta tener condiciones adecuadas para relanzarlo. Mientras tanto esos docentes de las Universidades deben continuar con sus funciones de investigación y extensión que tienen la holgura de tener un tratamiento presupuestario distinto al de la docencia porque su vigencia es posible gracias a recursos económicos foráneos o iniciativas privadas que bien pueden, a pesar de la crisis y por el interés que representan ciertos estudios en ciencias aplicadas, seguir apoyando las iniciativas de algunas Universidades en renglones como la investigación farmacológica o de medicina avanzada.

Así mismo, en ciencias sociales y ciencias de la educación, perfectamente pueden seguir las funciones de investigación y extensión, desde un escenario cooperativo con los movimientos sociales organizados para mejorar el manejo técnico de conocimiento práctico en áreas administrativas y contables, así como en talleres de recuperación escolar o formación permanente en estrategias pedagógicas para quienes cumplen funciones de docencia en la educación inicial, primaria o media general. Esto sin olvidar el apoyo en investigación y extensión de Universidades cuyo perfil es agroindustrial, dado que en esa realidad los docentes e investigadores constituyen un factor importante para el mejoramiento de los procesos que se llevan a cabo en la agricultura y la ganadería para alcanzar la anhelada independencia alimentaria que es el norte de la gran mayoría de países en vía de desarrollo.

Otro aspecto equivocado, muy común en el manejo irresponsable de la información acerca de la situación de la actividad docente en las Universidades, es hacer mención a un "cierre técnico". El cierre técnico no está contemplado en la legislación venezolana ni para empresas de producción de bienes y servicios, ni para instituciones públicas de carácter educativo, así sean privadas. Si una Universidad hace una exposición de motivos para cerrar temporal, parcial o totalmente, sus funciones de docencia, a lo único que está haciendo referencia es que no se cuenta con los medios para ejecutar tales funciones. Siempre permanecerán las funciones de investigación y extensión como recurso para justificar el personal fijo de la Universidad y en razón de este factor humano replantearse objetivos de trabajo y actuar en consecuencia.

Claro está no se ha considerado una variable muy importante y que afecta significativamente esos planes de contingencia que las Universidades pudieran tomar ante la necesidad de inhabilitar funciones a falta de condiciones ideales que hagan posible, en el caso de la docencia, impartir seminarios o talleres en programas de formación profesional. Esta variable es la "poca o nula capacidad de investigación y de acción extensionista" de una buena parte de los nuevos docentes, y algunos de la vieja guardia ya por jubilarse, lo que hace que las acciones que decidan tomar las Universidades se vean opacadas y se genere ausencia de personal de investigación y extensión que cubra objetivos avanzados de indagación y difusión del conocimiento científico, produciendo nuevas rupturas en la estructura de las Universidades. Pero aun así, la Universidad puede plantearse planes de formación permanente que nivelen a este recurso humano profesional e ir, gradualmente, construyendo equipos de investigación y extensión que vayan asumiendo una conducta de vanguardia en el plano académico nacional e internacional. Hay mecanismo, vías expeditas para no dejar desasistidas las intenciones de creación y divulgación de nuevo conocimiento en las Universidades venezolanas.

Ahora bien, en el caso de Universidades privadas es otra cosa, es decisión de su Junta Directiva valorar si puede o no invertir en investigaciones y acciones extensionistas sin sacrificar su recurso humano. Como son instancias que visualizan el servicio educativo desde un plano empresarial, es posible que tomen la decisión de finiquitar su pasivo laboral y cerrar su proyecto formativo, eso está a su juicio y criterio, allí si es posible hacer mención de un cierre. Pero en el caso de las Universidades públicas Autónomas y Experimentales, la figura del trabajador universitario es de funcionario público y su dieta es asegurada por el Estado Nacional, hayan o no estudiantes, lo que debe activar esas instituciones, en caso de no contar con matrícula estudiantil, son sus programas de investigación y extensión, en el marco de las políticas públicas de desarrollo social y económico, para justificar su permanencia como institución de manejo del conocimiento científico técnico. Salvo que ocurriera una hecatombe y que por Decreto Presidencial se suprimiera o eliminaran Casas de Educación Superior, situación que se plantea en un imaginario hipotético, podría pensarse en que el cierre de una o unas Universidades podría llegar a ser una realidad, pero eso no puede darse simplemente porque no hay estudiantes inscritos o hay ausencia evidente de los mismos en los diversos programas de formación, partir de esa premisa falsa hace que hacer alusión a un cierre de las Universidades venezolanas suene a demagogia e ignorancia docta por quienes hablen de ello dentro o fuera de las Universidades.

A todas estas, el presupuesto de las Universidades públicas y privadas, es insuficiente, no llega a cubrir los objetivos y las metas que las instituciones de educación superior necesitan para responder a las necesidades de la sociedad; menos aún el presupuesto es suficiente para dignificar la vida del trabajador universitario, eso no se discute, pero la Universidad está para ser proactiva, creativa y dinamizadora; entre su perfil técnico y profesional está plantearse nuevos escenarios ante la crisis y buscar subsistir a pesar de las limitantes que se presenten. El nudo de situaciones problemas se agudiza cuando las Universidades se vuelven dependientes de un presupuesto público o cuando se adhieren a la dadiva de un subsidio Gubernamental, haciéndolas dependientes e inoperativas para poder responder con libertad a sus más excelsas funciones de orientación y difusión del conocimiento universal. El criterio de autogestión se maneja con timidez y las pequeñas unidades de producción de algunas Universidades han terminado por ser bodegas particulares de algunos grupos de privilegiados en las Universidades, tergiversándose la razón de ser de estas instancias que son para el fortalecimiento del presupuesto y para mejorar la calidad de vida de la Comunidad Universitaria. El problema siempre sigue siendo uno solo: liderazgo gerencial. Nuestros académicos tienen sobrados conocimientos en formulas y teorías abstractas, pero no saben administrar gente, no saben cómo ser innovadores en tiempo de crisis y siguen el viejo manual de la burocracia liberal de aprovechar lo poco que queda ante la jauría que causaría un cierre o una declaración de banca rota de algunas Universidades. Quédense con las ganas estimados académicos que regentan nuestras Universidades como un "botiquín", su demagogia está siendo observada por todos y de seguro no pasaran a la historia en blanco, se les acusa de no gerenciar conocimiento con criterio de equidad, responsabilidad y visión prospectiva; si se alcanza reivindicar un liderazgo proactivo, se alcanza más de la mitad de la solución del problema integral y global que confrontan las Universidades venezolanas.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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