Distorsión educativa

A finales del siglo XX, no fueron pocos los intelectuales, académicos, hombres y mujeres del saber y la ciencia, de diferentes posiciones políticas e ideológicas, que coincidieron, de acuerdo a sus estudios y convicciones, en señalar que la educación venezolana sufría de graves distorsiones de toda orden, que de no tomar sus correcciones a tiempo tardarían por lo menos treinta años para su debida y auténtica corrección, de eso hace ya tres décadas, cuando afirmaban que "nuestra juventud, por ahora, seguirá al azar, en la odisea por su destino, y puede ser que la esperanza está reservada para los que nazcan treinta o cincuenta años después de iniciado el siglo XXI".

En una oportunidad, el gran filólogo y educador argentino (de origen polaco) el cual estuvo residenciado en Venezuela hasta su siembra (1984), afirmó en algunos de los ensayos que logró escribir sobre el problema educativo, refiriéndose a la educación en la época de la cuarta república, dice "Venezuela se encuentra, en materia educativa, ante un inmenso despilfarro de dinero y de energía humana, y ante un grave atentado contra su porvenir. Nada más ni nada menos. Si es así, hay que preguntarnos si cabe honradamente la complicidad del silencio".

Para este respetado educador, ya la educación y su sistema educativo de la época venía dando tumbos y utilizó toda su formación, estudio y experiencia por enrumbar al misma y se esmeraba en realizar aportes para salir de lo que con sapiencia y razón decía "el niño es por lo común genial, y la escuela lo vuelve mediocre", era su posición ante la escuela tradicional que encasilla al niño dentro de moldes prefabricados, "formando "seres para el consumismo.

Sobre la educación universitaria, planteaba que fue distorsionada y desviada de sus propósitos universales cuál es privilegiar el saber para pasar a convertirse en una parodia o comedia cual teatro de la sociedad donde "la inmensa mayoría de los que llenan hoy las aulas no han acudido a ellas por un afán de saber, sino por un ansia de poder"…"ascender socialmente", porque el título académico da una posición de privilegio, graduarse es la suprema aspiración, SABER, ¿para que?

Ese flagelo de la distorsión del sistema educativo de la época pasada y que se traslada hasta nuestros días es esencia la contradicción de la estructura social del país, pues mientras por un lado el gobierno bolivariano presenta alternativas para una gestión para el desarrollo endógeno, las universidades contrarias al mismo siguen empeñadas en continuar la tendencia de formar individuos para servir de empleados y no como agentes creadores. El resultado es un hombre sin iniciativas ciertas para el cambio o la transformación social, víctima y producto del esquema intelectualista, estimulando una educación que sigue privilegiando el individualismo, una educación para el "tener" y no para "ser".

Indudablemente, que Rosenblat, que conocía por dentro a la universidad y la educación, fue un cuestionador con suficiente moral, decía "los problemas son delicados y complejos", preguntándose "¿no se atiborra la cabeza de los alumnos con vaporosos conocimientos enciclopédicos y se descuida en cambio la lectura y la formación básica del espíritu?"

Sus reflexiones lo llevaron a ser muy crítico de la situación laboral del docente, en cuanto a la organización de su trabajo, se asombraba al enterarse que "hay profesores (especie de tarzanes) con más de 40 horas semanales de clase, es una monstruosidad (todavía hoy en pleno siglo XXI existe), ¿cómo pueden esos profesores corregir un ejercicio? ¿Cuándo pueden preparar una clase? El profesor transformado en máquina repetidora degrada su misión.

Al hablar sobre la autonomía universitaria, sobre la misma decía que la autonomía no constituye la esencia de la universidad y "no puede honradamente convertirse en ariete o ciudadela contra ese régimen, no puede ser instrumento o trampolín para socavarlo o derribarlo", su pensamiento lo empujaba hacia la transformación de la universidad, la cual necesita un cambio de estructuras, pues actualmente están al servicio de los partidos y grupos de la antipolítica, "esa nueva estructura debemos elaborarla nosotros, pensarla nosotros, discutirla nosotros…la salvación de la universidad debe ser obra de los universitarios mismos". Si hay algo que requiere una renovación a fondo es la Universidad, que viene desde la edad media y aún conserva en gran parte sus viejos moldes, caracterizado por su distanciamiento y segregacionismo de las clases sociales de menos recursos económicos.

Moldes que estigmatizan al estudiantado, que incentivan la discriminación, si los estudiantes, en vez de formarse se entregan seriamente, se entregan a la pequeña politiquería de café y a la fácil conquista de posiciones bien rentadas, ni la economía ni la ciencia, ni la política del país y ni siquiera la revolución podrán contar con equipos calificados para darle la orientación futura que la nación necesita.

La educación no es para los profesores, para que cobren un sueldo más o menos opíparo. La educación es para los estudiantes, para que se eleven y crezcan, y elevándose sean capaces de hacer una positiva revolución.



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Heriberto Rivera


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