El valor de educar…

El sentimiento de la muerte es el sentimiento de la vida. Tener esa certeza es la base de nuestra existencia. El vivir viviendo del cual hablaba Chávez. Vivir consciente de la vida y la muerte, o de la vida de cara a la muerte.

Por eso lo más humanamente sagrado para trascender la muerte es nuestra herencia cultural la cual está fondeada en la memoria colectiva. . Aquello que llamamos herencia, legado cultural y moral, hoy día se apoya en las herramientas de la historia escrita, en el arte, en la poesía épica, en Herodoto, en Plutarco. En Hegel y en Marx y en Nietzsche, algunos de los más grandes “científicos” de la historia. Negar el valor del arte y de la historia es negar el valor del conocimiento como herramienta de apoyo a la memoria y a la misma existencia humanas.

La memoria nunca se pierde. Dice Nietzsche, siempre aparece cada tanto tiempo. Es cíclica la vida humana, es un eterno renacer: unas veces la humanidad pierde la memoria y en otro momento la recobra y la potencia. Para Marx la historia humana es cíclica, como cíclicas son las revoluciones y los cambios. Tiene más bien la forma de un espiral, al igual que la pensó el joven Hegel, no el viejo Hegel: en cada vuelta la humanidad sufre un cambio, cumplido un ciclo de renovación (revolución), decadencia y renovación para que por razón de cada cambio podamos perpetuarnos en el tiempo como especie, no existe un finalismo, existe un eterno retorno hacia lo mismo que es (o dónde está) nuestra memoria más antigua, luego una corrección y más tarde una fuerte inclinación a la autodestrucción con la cual luchamos porque debemos vencerla, y así perduramos en el tiempo.  

Sin el cobijo de los mayores, de los padres y de la sociedad en general, el humano recién nacido muere; esto se sabe. Al nacer la vida del humano es precaria si no cuenta con el apoyo de su madre, de las enseñanzas del padre y de la sociedad.  Es necesario el desarrollo acelerado de su tierna inteligencia, armada con una memoria especial, capaz de reflexión y conciencia. Así la sociedad lo prepara para enfrentar la vida, transmitiendo valores fundamentales humanos, por ejemplo, la valentía, sentido de justicia, solidaridad humana, respeto por lo desconocido y sentido de trascendencia. También con conocimientos prácticos para la procura de sus alimentos, conocimientos para su adecuada alimentación,  para el trabajo. Y también los mayores enseñan (de variadas maneras según los distintos momentos) a soportar la idea de  la muerte, a conjurarla y a calmar sus miedos y amenazas, incomprendidos mientras se  es muy joven y aún después. También a planificar el futuro, en fin, los más viejos siempre legaron a los más jóvenes, a través  de la educación, tribal, la educación de la sociedad, la conciencia de la obligación humana de perpetuarse a través del tiempo como especie.

Un filósofo y pedagogo norteamericano de alto vuelo humanista pensó que, dada las desigualdades en las oportunidades de vida de todos los individuos en el concierto de la sociedad,  era imposible sostener la existencia de nuestra especie. Se hacía necesario desarrollar un sistema de educación, de formación para el trabajo, de salud pública y protección social, que nivelara las distancias entre generaciones, clases sociales, etnias, pueblos.

Sin embargo hoy no es así. Tampoco en el siglo XIX, cuando John Dewey escribía sobre educación y Democracia. En algún momento en la historia el conocimiento se convirtió en una herramienta de poder, de dominación y control, perdiendo su valor social para la conservación de la especie. Hoy, le educación se ha puesto al servicio de la producción capitalista y de la preservación del sistema capitalista. Y parte  de ese modelo ahora lo queremos adoptar como la gran revolución en educación; lo llama el tecnócrata Menéndez “Zonas de Conocimiento Productivo”(1), un vulgar INCE para preparar mano de obre calificada para ser explotada por las empresas capitalistas de las llamadas Zonas Especiales de Desarrollo Económico.

¿A qué viene el cuento, si es que todavía éste es un cuento sin sentido?

La urgencia de educar con sentido de vida. Hay que saber para qué educar, qué enseñar, y cómo enseñar y cómo educar, por ejemplo. No es posible que, vistas a conquistar una sociedad socialista, nuestro sistema de educación, en el sentido más amplio, carezca todavía de una visión socialista, altamente humanista.  Es ridículo que a nuestro sistema educativo no se le preste la atención debida  y no  sea considerada la educación el cimiento de toda la sociedad y de la sociedad que queremos. Lo que hay en cambio y lo que se quiere hacer es preparar a nuestros jóvenes para el trabajo pero para el trabajo de esclavo en un sistema capitalista(2).

Primero, la educación pública debe ser una prioridad más que declarativa, el principio genético de nuestra revolución. Explico. A la vista de nuestros objetivos políticos, sociales, morales, a la vista del socialismo, el Estado tiene la obligación de formar a nuestros maestros con una visión humanista y estos a nuestros jóvenes de la misma manera. Los primeros deben ser los más cultos y preparados como también los más protegidos por la sociedad y el Estado, así como lo son ahora los médicos de Barrio Adentro. Las escuelas y liceos públicos y privados deben ser supervisados por el Estado y la sociedad como doctrina nacional, como obligación socialista, la educación de nuestros niños y jóvenes debe ser sagrada -mucho más de lo que hasta ahora ha sido defendida, protegida y considerada la propiedad privada capitalista-. 

No obstante la educación debe ser en su totalidad pública y debe  estar bajo la responsabilidad de los mejores y más preparados hombres y mujeres que están con la revolución y el socialismo. Profesionales, sí, pero sobre todo experimentados combatientes revolucionarios, verdaderos libres pensadores, la gente de más carácter y vocación docente.

Segundo, debemos consolidar y rescatar la educación universitaria, el sentido universitario “universal”, humanista de la educación. No es posible que se pierda la “universidad” por populismo barato, por ignorancia. Ahora se ve en todas partes un desprecio por lo académico, por la formación sistemática y humanista, por las lecturas dirigidas. Se quiere sustituir el leer con sentido de conocimiento por el leer por el hecho de leer, leer cualquier cosa, como si el leer fuera un valor en sí mismo. Creo que no están a cargo los que deberían estar en esas tareas tan vitales para la revolución dentro de nuestro sistema educativo y en el país. 

Se necesitan ministros que entiendan que la educación es la escuela, pero que la escuela también son las distintas manifestaciones culturales, desde los museos, los teatros, el cine, hasta la televisión. Que la escuela es el ejemplo, sobre todo la escuela son nuestros modelos morales. La educación es la más grave responsabilidad que tienen nuestros gobernantes y sus discursos deben ser formadores, modelos morales y políticos, hablar con la verdad y ser honestos. La educación no se reduce a burócratas, sindicatos, escuelas técnicas, el edificio del Ministerio, colegio de profesores, federaciones. La educación no se termina en programa de clase y se reduce al aula. La educación es alcanzar un ideal de sociedad y perpetuarla, que en nuestro caso se trata de la sociedad socialista.

Habría que invitar a todos los que más saben en esta materia. A Aristóbulo Isturiz, a Héctor Navarro, a los docentes universitarios comprometidos con el socialismo: Vladimir Laso y Vladimir Acosta, Toby Valderrama, a todos aquellos profesores y maestros que han hecho de la enseñanza su oficio principal o su razón de ser para que se debata sobre este tema tan principal. Que piensen bien en dónde está su verdadero puesto de combate. Educar es un apostolado, y como el médico que hace un juramento ético de iniciación, a semejanza al de los apósteles jurando ante Jesús, los verdaderos maestros deben obligarse a su deber moral con un juramento. Hay que llamar al gobierno a pensar en lo fundamental, en lo importante para que no siga extraviado en la urgencia y la improvisación. Volver a fundar la república socialista desde el Principio.

(1)“ El vicepresidente de Planificación y Conocimiento, Ricardo Menéndez, afirmó que las Zonas de Conocimiento Productivo marcan un punto de inflexión en los métodos de planificación nacional, como parte del trabajo para dar cumplimiento al Plan de la Patria 2013 – 2019” 

(2)El modelo cultural de nuestra burguesía mamarracha son las llamadas universidades privadas y Vale TV, Globovisión y todos los otros canales. En Vale Tv, un personaje dicta clases de cultura desde el palacio de las academias. Y luego un joven, en su mismo tono, nos enseña cine. Y, una vez a la semana, María Eugenia Mosquera entrevista un personaje notable, exitoso. Otro día, el profesor Urdaneta nos habla de los valores humanos (como lo hizo antes Uslar Pietri). Nos dedican muchas horas para mostrar la vida de personajes siniestros como por ejemplo, Richard Rockefeller, o de otros héroes del capitalismo, de grandes “emprendedores” nacionales –un eufemismo de capitalista explotador nacional (hay que recordar que todo capitalista es explotador del trabajo de alguien)-.  Pero nos echan el cuento con corrección y ese toque de nobleza que nos gusta tanto. Son medios muy pequeño burgués, es decir muy “aristocráticos”, y su función social es muy burguesamente pragmática; nos enseñan cómo ser buenos pobres, empleados obedientes, buenos ciudadanos temerosos de l ley, perfectos pequeñosburgueses.



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Héctor Baíz

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