Mi palabra

La verguenza de un niño

 

"En la educación de los niños

 es más conveniente decir no en voz baja,

 que decir sí gritando."

Ángel Jordán Goñi

 

El sábado muy temprano me acerque al puesto de periódicos, ubicado muy cerca de mi hogar, al lado de una verdulería atendido por dos personas: una muchacha muy joven con unos ojos muy bellos, y el papá, un señor, consciente de la grave situación del país; algunas veces se une a colaborar el menor de los hijos, un chamito con la edad propia de un estudiante de primaria; cuando lo veo lavando y picando las naranjas, para luego exprimirlas  y vender el jugo embotellado, me acerco con la firme y sana intención de estimularlo con una expresión muy sencilla: “Me alegra verte ayudando te estas ganando la comida” . En esta oportunidad se encontraba acompañado del padre, cuando lo vi, le repetí la misma expresión, pero, agregándole una pregunta que lo comprometía: ¿Cómo saliste en las clases, pasaste o te rasparon? La expresión de su rostro, con la mirada viendo al suelo, sin ninguna muestra de alegría lo decía todo ¡Fue aplazado! La tristeza del niño me produjo mucha pena.

Después de pasar unos minutos tratando  de buscar la manera de alentar al niño, sabiendo, que sin pensarlo  lo había “golpeado”, no sé, si, para bien o para mal, lo cierto del caso, estaba metido en un compromiso: tratar de levantarle el estado de animo a quien, siempre estimulo por su colaboración en busca del sustento para el hogar. Lo primero que se me ocurrió, corriendo el riesgo de recibir una mala respuesta del padre, fue aconsejarlo de una manera muy sutil, asumiendo la función de un orientador, apoyándome en el trato respetuoso y amigable, como siempre lo he tratado; las palabras fueron muy cortas, pensando en no “herir” nuevamente al menor: “Bueno te vamos a perdonar en esta oportunidad, pero, el próximo año escolar, tienes que prepararte para ser el mejor”  Solamente movió la cabeza de manera afirmativa, viendo al padre con una mirada casi con lágrimas; al momento se escuchó la voz fuerte de su progenitor: “Así, es, porque lo espera cargar sacos, como estoy haciendo yo”.

¿Cuántos niños se encuentran en esa situación? En primer lugar no debemos olvidar la descomposición mundial, algo sumamente preocupante ,siendo los más perjudicados los niños; sin ir muy lejos nos encontramos con un drama en los Estados Unidos, donde se habla de cifras alarmante de infantes detenidos, provenientes de algunos pueblos fronterizos, especialmente de México, Guatemala, Honduras y el Salvador, alejados totalmente de las escuelas; nada  comparable a la situación de nuestro país, donde son atendidos como realmente se merecen, sin dejar de reconocer los graves problemas sociales, que vienen golpeando la educación y la formación familiar

Con toda razón el gran Pitágoras decía: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Tenemos que emprender esa noble tarea, pero de manera urgente, para no seguir viendo el drama en algunas partes del mundo, al cual no escapamos a pesar  de la patriótica voluntad emprendida por el fallecido comandante Chávez, de abrir espacios para la educación con ventajas no vistas en algunos países desarrollados; pongo como ejemplo las útiles y prácticas “canaimitas”, muchas veces mal utilizadas por la falta de conciencia de algunos padres, quienes no saben apreciar los recursos del estado, puestos al servicio de la gran mayoría.

No basta con la ayuda del gobierno, así, ponga montañas de dinero al servicio de la educación, porque la verdadera escuela, empieza en el seno del hogar; las primeras enseñanzas son las bases fundamentales para entrar a un aula de estudio con respeto y voluntad, requisito indispensable para enfrentar cualquier reto en la vida. En estos momentos nos encontramos con inmensos recursos tecnológicos, algunas veces mal utilizados, otras veces los dejan al libre albedrío de la infancia, convirtiéndolos en verdaderos autómatas sin poder zafarse de sus ataduras, al cual contribuyen algunos padres, por no asumir su responsabilidad. Por eso ese gran pedagogo Jean Jacques Rousseau decía: “Un buen padre vale por cien maestros” algo extremadamente difícil en estos momentos, por las grandes contradicciones en el cual estamos sumergidos; mientras el estado venezolano trata de romper esquemas arcaicos, totalmente obsoletos, las fuerzas oposicionistas ancladas en el pasado se valen de un arsenal de falsedades para frenar el cambio.

Estamos en las postrimerías de un año escolar, en un país con enormes tempestades políticas, que por supuesto inciden en el rendimiento tanto de los educando, como de los educadores; las guarimbas se apagan, pero, las secuelas marcan el rumbo con resultados muchas veces negativos en detrimento de los más vulnerables como son los niños; por eso nunca olvido un pensamiento pintado en la pared de una escuela recién construida de un pueblo de los llanos apureños : “El futuro del mundo pende del aliento de los niños que van a la escuela”.

Narciso Torrealba                Narciso_t_29@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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