Cordial mensaje a ministra María Hanson

El mensaje puede no llegar si al mensajero no le crecen las alas

Las opiniones que aquí vierto tienen el respaldo de una larga experiencia en la carrera docente. Fueron unos cuantos los años pasados dentro del aula, “feliz rigor” al cual generalmente estuvimos sometidos quienes no formábamos parte de los partidos gobernantes. Pero mientras allí estuvimos, como nos formaron las circunstancias, la pasamos en una constante búsqueda para hacer las cosas de lo mejor, pese a la indolencia estatal y en el mejor de los casos, la improvisación y hasta colonización mental de quienes dirigían el sistema. De manera que no se trata de opiniones de quien, como se dijo en una conocida anécdota de Juan Vicente González, refiriéndose a un parlamentario opuesto a su bancada, “pudo haber viajado mucho, pero en el fondo de la bodega del barco”.

Para que se pueda entender la buena fe que nos anima, comenzaré por reconocer la excelente labor en el campo de la educación del gobierno revolucionario, tanto desde la perspectiva cuantitativa como cualitativa. El aumento casi milagroso de la matrícula escolar, en todos los niveles del sistema, es un logro que marca pautas en la historia mundial, como también la Venezuela analfabetismo cero. El haber roto aquel cruel cuello de botella para ingresar a las universidades, que se llamó tristemente “el cupo”, constituye casi una hazaña de la Revolución Bolivariana. Programas como el de las computadoras, conocidas como canaimitas, asignadas personalmente a los alumnos (lo que va por más de 2 y medio millones) y la entrega gratuita del material escolar, incluyendo textos, por sólo nombrar dos, no creo tenga “muchos” precedentes en la historia de gran parte del planeta. No obstante, debo declarar de manera especial, que la incorporación de metodologías de gran frescura, como lo relacionado con Paulo Freire, en los textos escolares para el aprendizaje de lectura y escritura, también constituye parte del rico arsenal donado a la nueva escuela venezolana.

Siempre hablé, por allí están muchos de mis trabajos, fundamentado en mi experiencia de Profesor de la especialidad de Historia, contra el texto que traía las respuestas a todos los problemas. Al alumno no dejaban sino la obligación de aprenderse de memoria o por lo menos asumir lo que aquellos textos respondían de antemano sobre todo asunto por ellos. ¿Cuáles son las causas que motivaron la segunda guerra mundial?, se peguntaba el texto ante el objetivo diseñado en los programas y, el autor de aquél, con la venia y financiamiento de la casa editorial, procedía a desentrañar el asunto para que el maestro y alumno asumiesen la respuesta que le prefabricaban. El despacho de Educación, al mando de quienes hablan de educación “ideologizante” por parte del chavismo, le daban visto bueno a aquellos instrumentos sin dudarlo.

El anterior proceder, nada difícil de demostrar o confirmar porque todavía persiste, era y es una vulgar ideologización a la que nos sometió la vieja escuela. Se nos imponían respuestas a los hechos, a los acontecimientos con el texto y la metodología determinada por el sector dominante, destinada a formar borregos.

No dudo que muchos educadores o figuras de la derecha, por ignorancia o incomprensión, no entiendan que ellos fueron y son adherentes de un sistema “ideologizante”; no interesado en que el alumno buscase respuestas, sino consumiese, como “hot dog”, las que para ellos elaboraban los autores de textos, bajo la orden de las grandes empresas editoriales, con la colaboración “casi siempre inocente” del docente de aula. En este instante, para explicar lo que ellos dicen, podría apelar al viejo refrán según el cual “cada ladrón juzga por su condición”.

Dicho lo anterior que sirve para una larga discusión, le diré que mientras usted explicaba a Vanessa Davis, en su programa del jueves 19 de este mes de septiembre, lo contenido en un libro relativo al aprendizaje de lectura y escritura, entendí que entre otras cosas, como dije arriba, se recogía la experiencia de Paulo Feire, sus enseñanzas y sin duda de otros autores e investigadores modernos. Pienso que en los otros niveles suceda lo mismo y se incorporen metodologías que pongan al alumno a hacer y responder. Esto en mi humilde parecer está muy bien. Es lo contrario de la ideologización, pues pone al alumno a encontrar respuestas, a elaborarlas dentro de la complejidad de los asuntos. Eso acabaría con las dictaduras del maestro y sobre todo del texto que manipula a éste y su alumno.

Llegado aquí, quiero entrar en la etapa final, para lograr que se me lea y mi objetivo final.

Sé bien porque ahora soy abuelo y no he dejado mis contactos con la escuela, que gran número de docentes no aprovechan ese recurso maravilloso que es la canaimita y menos los libros que su ministerio distribuye gratuitamente. En muchas escuelas, sobre todo las privadas, se sigue en la vieja práctica de solicitar aquellos adefesios didácticos, sobre todo el odioso e impositor texto. No obstante, pese a que dije en la privada, eso también sucede en la pública.

¿Por qué sucede eso? ¿Sólo porque los maestros son escuálidos o los directores o más bien dueños de colegios les imponen? ¿Esa conducta está determinada por una habilidosa campaña de las editoriales a través de sus agentes de venta? ¿Pero por qué persiste esa conducta también en el sector oficial?

Todo eso es posible. Pero el Estado no puede conceder a cualquiera lo que los dueños de colegios, agentes de la cultura dominante en el sistema social, han venido aspirando, que el Estado renuncie a su carácter de rector de la docencia.

Pero además y es la esencia del asunto que nos motiva a dirigirme a usted, una buena cantidad de los docentes de ambos lados, público y privado, no hacen uso de esos materiales porque no saben cómo hacerlo. Las propuestas de los textos, si me guío por lo que arriba dije, demandan una metodología, un proceder pedagógico, que el docente desconoce. Lamentablemente, para la mayoría de los docentes venezolanos, la metodología usual es la vieja, la de antes de Paulo Freire y el aprendizaje robinsoniano del hacer y buscar.

Esto me lleva a plantear que, una de las grandes fallas del sistema escolar venezolano, como en muchos ámbitos, sigue siendo la supervisión. Aquella que instruya al docente, le ponga al día, porque si bien es verdad, hay quienes marchan siempre adelante, esos son pocos, la mayoría requiere la asistencia.

Hay que invertir en supervisión escolar que instruya al docente, le someta a frecuentes reciclajes, le ponga al día en lo más novedoso, vigile porque el trabajo se realice de acuerdo a lo que demanda la frescura y el derecho del alumno a formarse y desarrollarse en libertad y aprendiendo. Incluso que aproveche las experiencias del espacio donde se mueve para trasmitirle a todo aquél necesitado de ella.

El objetivo es formar hombres que puedan dar respuestas aquí y ahora. No robots que repiten sin comprender y sean objetos de fáciles manipulaciones. Se trata de hacer un hombre nuevo, crítico. Lo más ajeno a eso que la derecha suele llamar ahora ideologizado. Y debe ser lo más ajeno, porque ese es el objetivo máximo del capitalismo, a formar idiotas para que consuman más y más y se dejen explotar, imponiendo procederes y valores que al común de la gente les son ajenos.

Se puede entregar recursos modernos como las canaimitas, textos escolares con lo más novedoso en materia educativa, pero si el docente no es adiestrado para manejarlos y tampoco se vela para que toda transcurra de acuerdo a los objetivos de la escuela moderna y los del cambio social, no alcanzaríamos las hermosas metas que nos hemos propuesto. Por supuesto, al mensajero dársele manifiestas muestras de estima.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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