¿Cuál debe ser el aumento salarial de los maestros y maestras?


Los de la antiguamente denominada “superior” que ahora se denomina universitaria se paran por los miserables sueldos que perciben y los de la que desde siempre ha sido considerada la “inferior” y aún lo sigue siendo permanecemos ante la incertidumbre de una contratación que está vencida o por vencerse, según voceros calificados, con una Ministra que debería tener la dignidad de Emparan cuando ante el acoso de los conjurados, en aquel glorioso jueves santo de 1810, vociferó “yo tampoco quiero mando”.

Antes del 5M 20012, el gremio de maestras y maestros, docentes de básica y media o de bachillerato, como se ha vuelto a rebautizar este nivel, contaba con el apoyo de alguien que siendo hijo de maestros humildes, padeció en su infancia los rigores de la pobreza que históricamente han padecido los maestros verdaderos, desde Platón a nuestros días. A pesar de que, hay que reconocerlo honestamente, ese alguien no contó sino con un exiguo apoyo en este gremio.

El apoyo que el gremio de maestros y maestras, que me disculpen los colegas antes nombrados de otros niveles, pero van en este mismo saco, en el sentido de reivindicarlos con sueldos y salarios dignos y de cumplirles cabalmente no tiene similitud a ninguno de los que con gobiernos de la cuarta ocurrieron.

Le toca ahora a Nicolás, continuar el rumbo del Comandante sabiendo que tampoco cuenta con el apoyo electoral mayoritario del mencionado gremio, reivindicar a estos trabajadores que más allá de su ideología política merecen percibir sueldos y salarios dignos, tan dignos como el de los de docentes de otros niveles. El tiempo se encargará de hacer justicia y de que los maestros y maestras del país reconozcamos que nunca antes ningún gobierno se ocupó de reivindicarnos como ha ocurrido desde Chávez al día de hoy.

He insistido antes que habrá que considerar más que altos incrementos porcentuales de sueldos y salarios, un mejoramiento real de las condiciones en las que se ejerce este oficio, así como garantizar que la sociedad, a través del Estado, le retribuya oportunidades a nuestros maestros y a sus familiares directos de acceder a conocimiento, cultura, deporte y recreación, alimentación, vivienda, salud y seguridad social que genere atractivos reales a quienes asumen el apostolado de educar.


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Carlos Luna Arvelo


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