La universidad para la nueva república: antes y ahora


Al igual que la Real y Pontificia Universidad de Caracas fue transformada en Universidad Central de Venezuela por el Libertador, para que sirviera de base al crecimiento y estabilidad de la naciente República de Venezuela, es necesario transformar a la universidad actual, para que sirva de soporte al nuevo proyecto de país. La acción del Libertador, por lo tanto, puede servirnos de modelo, independientemente de las diferencias históricas entre estos dos momentos. Conocer el proceso puesto en marcha por Bolívar, caracterizado por una gran participación del claustro universitario y del pensamiento académico más avanzado de la época, puede ayudar mucho al presidente Chávez, en la realización exitosa de un proceso de transformación universitaria, requerido para la salud de la universidad misma y para el desarrollo de la nueva República.

Un primer elemento a resaltar es la clara convicción del Libertador de la importancia de la universidad para el futuro de la patria. La instrucción de los venezolanos era indispensable para el resguardo de los preciosos bienes de la independencia y la libertad. No se detuvo el Libertador ante las limitaciones de la universidad ni los objetivos que le impuso la Corona española, ni si hasta ese momento había asumido la visión independentista, anticolonial y republicana, de libertad e igualdad, de la lucha contra la España colonizadora. No consideró algo insalvable la discriminación social en el ingreso estudiantil.

Para mediados de 1827, Simón Bolívar promulga los Estatutos Republicanos de la Universidad Central de Venezuela (UCV), luego del trabajo efectuado por las comisiones del Claustro universitario para los estudios correspondientes. El Libertador también había consultado previamente a los sabios académicos de la época, como los doctores Carlos Arvelo, Cristóbal Mendoza, José Cecilio Ávila y José María Vargas. Su secretario privado, el ilustrado José Revenga, ayudó en tan importante proceso de consultas.

El presidente Chávez debería escuchar a los académicos de hoy, aquéllos que siguen con el proceso revolucionario independientemente de las críticas que le tengan, y no dejarse llevar de buenas a primera por quienes están demasiado distanciados de esa necesaria academia.

El Libertador tuvo que modificar los viejos reglamentos universitarios, que impedían a los médicos ser rectores, para que Vargas ocupara el rectorado. No se saltó a la torera la reglamentación vigente. En enero de 1827, José María Vargas fue proclamado como primer rector de la UCV. Bolívar y Vargas instrumentaron toda una serie de cambios profundos: abrir la universidad a todos los grupos sociales, sin la odiosa discriminación racial de la época; reducción de los aranceles de grado, de las propinas obligatorias y de las oposiciones a cátedras; apertura de sus aulas a todas las ciencias e idiomas de mayor importancia, creación de nuevas cátedras como la de física experimental, de química, de botánica y de griego; de nuevos laboratorios, supresión del latín como lengua oficial de la enseñanza, la dotación de aulas y laboratorios, aumento de los sueldos de los profesores y mantenimiento de la autonomía universitaria, la cual había sido sancionada mucho antes por Carlos III.

Pero para que la naciente universidad republicana pudiera cumplir con todos esos retos, el Bolívar la dotó de un importante patrimonio, que le significarían rentas abundantes, para financiar todos los cambios descritos. Así, pasan a ser propiedad de la UCV varias ricas haciendas cacaoteras, cafetaleras y azucareras, en Chuao, Tácata, Cata y Suárez; los fondos del extinto Colegio de Abogados, los bienes de los jesuitas expulsados, las rentas anuales sobrantes de los resguardos indígenas, así como otras rentas incluyendo los aranceles pagados por los estudiantes. En las tres décadas siguientes a 1827, los venezolanos tuvieron a una universidad rica en un país pobre. Muchos fueron los préstamos de la caja universitaria a la tesorería nacional en ese período.

Hoy, nos encontramos en una coyuntura nacional muy parecida a la vivida por el Libertador en relación a la necesidad de realizar una transformación universitaria profunda. El estudio de cómo procedió el Libertador nos puede dar suficientes luces para no cometer errores, que luego lamentaremos intensamente. Quiera la Providencia que la historia nos ilumine lo suficiente, a fin de salir airosos en el enfrentamiento de tan grande responsabilidad, por el bien de la patria, de la universidad y de nuestro pueblo. Los errores que en este caso se cometan gravitarán negativamente sobre el desarrollo del proceso revolucionario.


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Luis Fuenmayor Toro


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