Necesidad de una revolución educativa en Venezuela

¿ Cuanto se ha escrito de la educación en nuestro país? desde finales de 1700, los escritos de Rodríguez, haciendo criticas a la forma como se veía a la educación y la profesión del maestro, pasando por el siglo 19 cuando fue debate central del Libertador, Andrés Bello, Rodríguez y todos aquellos que participaron en la génesis de esta nueva nación. Llegando al siglo 20 con las luchas sociales y las dictaduras, el pensamiento filosófico positivista, que partía de la premisa de la calidad frente a la cantidad y la posición progresista de llevar la educación masivamente a las pobladas populares.  

En el siglo XX, inicios de la democracia representativa cuando se genera la desarticulación de la educación en Venezuela, la persecución a estudiantes y profesores que lucharán por sus ideales, o que difundieran los ideales. Es que es difícil, impartir una educación de calidad y pretender que el receptor de esa educación no piense, no razone en su entorno y la situación política del momento.  

Porque eso de educación de calidad hay que definirlo, ¿educación de calidad será aquella que nos enseñe como son las cosas, o aquella que nos enseñe a razonar sobre las cosas y como son las cosas?  

Si es la primera, lo que necesitamos es que a la generación a educar se le explique como hacer las operaciones matemáticas, como leer y escribir, algunos idiomas y un poco de historia, cuando llegue a la educación profesional le enseñaremos como ejercer la profesión en la que quieran trabajar. Una educación “limpia” de política, de lo social y de cualquier cosa que no se relacione con el proceso de capacitación que cree un excelente trabajador, alienado pero excelente trabajador.  

Si se trata de la segunda opción, estamos hablando de un sistema que haga sentir al individuo parte del colectivo país, que analice sus problemas desde sus causas y se ocupe de sus soluciones, una educación capaz de crear un ciudadano, consiente de sus derechos y deberes, con los conocimientos fundamentales de la ciencia y la filosofía, en función de ser útil a la patria y no de ser útil al patrono que le vaya a pagar por su tiempo.  

Desde los años 60 del siglo pasado la primera fue la opción tomada, aunado al desmejoramiento de la estructura educativa y la falta de profesores en los sectores populares, muchas fueron las generaciones de nuestros barrios que fueron a los liceos y dejaron de ver matemáticas, física o química porque no había profesor y que fueron luego en condiciones de “igualdad”  a presentar el examen de aptitud académica frente a los que si tuvieron oportunidad de tener estos profesores.  

Resultado: la exclusión de las clases populares de la universidad, habían logrado su cometido los políticos de aquel entonces, desarticular la educación de calidad, para presentar una educación mediocre, generadora de alienados, aún en las universidades.  

Frente a esta circunstancia, el reto: ¿podría la educación ser revolucionaria? Los detractores de las nuevas leyes en materia educativa, expresan su rotundo no, alegando que la educación no puede ser política, que la educación es esa primera opción de la que sale ese ser listo para trabajar, “para incorporarse a la sociedad”, pero que no debe saber ni que es la política.  

La pregunta ¿es eso cierto, es ese el humano que se incorporará a la sociedad?, o será el que se parará en la cera del frente a ver como asaltan a una mujer, la violan y la matan pero no hace nada porque tiene que ir a trabajar, o será el individuo que no le importará si miles de niños comen o no pero que al estar en la administración de un programa social, se agarrará la plata y se comprará tremendo carro y apartamento.  

Necesitamos una generación ocupada de los asuntos nacionales, que estudie y trabaje, que genere soluciones y las asuma, que se incorpore a la vida activa de la sociedad y del Estado, esa generación solo puede lograrse con una educación revolucionaria, que haga de la niña o niño un ser orgulloso de ser venezolano, pero no en el sentido de la cuarta, donde nos enseñaron que ser venezolano era tomar la cerveza de una marca, ir al beisbol y comer arepa. Sino el orgullo de ser venezolano, por nuestro gentilicio, por nuestro origen indígena, Guaicaypuro con su ¡solo nosotros somos gente, aquí no hay cobardes ni nadie se rinde y esta tierra es nuestra! , Simón Rodríguez, con su inventamos o erramos, Bolívar con su “talento sin probidad es un azote”, Zamora con su “No habrá  pobres ni ricos, ni esclavos ni dueños, ni poderosos ni desdeñados, sino hermanos que sin descender la frente se traten de bis a bis de quien a quien”, y miles de millones de venezolanos que a lo largo de la historia dejaron un pensamiento que nos moldea, en “venezolanos”.   

Esa educación no se logra con la forma actual de educación, se logra con una verdadera revolución educativa, desde los maestros, pasando por la infraestructura, el sistema entero, no es tarea fácil, pero si la lucha revolucionaria más importante en todos los tiempos.  

allansclavijo@gmail.com   


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Allans Clavijo

Abogado. Miembro del colectivo de la Radio Senderos de Antímano en Caracas. Profesor de la Misión Sucre.

 allansclavijo@gmail.com

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