Los responsables de la postración educativa en Nueva Esparta

Todos cometemos errores, el error es inherente al ser humano y sería imposible deshacerse de esta condición. En el caso de la educación, vemos cómo existen desde los errores ortográficos hasta la incapacidad para dirigir una “institución” con responsabilidades pedagógicas, cuyas implicaciones éticas y morales impactan significativamente el destino de muchos.

En el primer caso, el error es tangible y corregible, en el segundo caso, los errores se esconden y, por efecto heterónomo se produce la dispersión del fenómeno, y con ello las responsabilidades propias se “materializan” en terceros, es decir, se “echa” la culpa a otros de los propios errores, lo cual salvo que “la” o “el” responsable los asuma, los errores terminan multiplicándose, y por ende, no pueden ser corregidos.

Analicemos algunos hechos educativos en Nueva Esparta que corroboran nuestra apreciación; de lo cual hay que dejar claro, existen individualidades que entregan al máximo sus capacidades por la educación, pero sus esfuerzos resultan inútiles ante la soberbia, la ineptitud, y la condición ética que invade a algunos “colegas”. Por ejemplo: ¿Cuál es el aprendizaje que reciben los estudiantes en la mayoría de los liceos? Tal es el caso del liceo “José Augusto D`León”, en donde para la fecha (tenemos las fotografías) las paredes de los pasillos están repletas de carteleras del “Día del amor y la amistad” (14 de Febrero); pero, irónicamente sólo aparecen dos hojas (corta y pega de Internet) hablando de la “Batalla de La Victoria”, (12-2-1814), así como no existe referencia sobre el Congreso de Angostura (15-2-1819). Y después nos preguntamos las causas del por qué nuestros estudiantes prefieren culturas foráneas y desconocen la importancia de las fechas patrias y su relevancia histórica. Caminar por esos pasillos será encontrar un “cementerio” de pupitres esperando que se haga el “milagro” de repararlos. Contra el mismo liceo existen denuncias de violación a la gratuidad de la educación, ya que al parecer se exige una “colaboración” (con costo definido) a los estudiantes por la expedición de certificación de notas o constancias de estudios. No obstante, se responsabiliza de estos males a los directores. ¿Y quiénes seleccionan al personal directivo de estos liceos? La eficacia conjuga en superlativo cuando la zona educativa designa (como en otros casos) a quien fuera máxima autoridad de este liceo como integrante del equipo de supervisión del municipio escolar; seguramente para extrapolar tales “conocimientos” al resto de los planteles del sector.

Maquiavélica ha resultado la suspensión del Programa de Alimentación Escolar (PAE). En Nueva Esparta, durante los últimos tres meses del año escolar 2009-2010 no existió alimentación ni siquiera para los 459 niños y niñas en condiciones especiales, y de 94.000 estudiantes sólo fueron beneficiados 10.170, menos del 10% de la población escolar. Aunque no lo crea, la réplica de las “autoridades educativas” ante tal situación fue algo como esto: “Las cooperativas son responsables porque no entregan a tiempo las facturas”. La capacitación que anualmente recibían las defensoras educativas en sitios como la capital de la República, por parte de instituciones vinculadas con la orientación administrativa y jurídica en materia de niños(as) y adolescentes, fue eliminada injustificadamente, y para colmo quien (des)”coordina” tal programa es la misma persona de algo que se llama “Unidad de Protección y Desarrollo Estudiantil”, también  responsable del PAE. ¡Cuánta eficiencia! Si preguntamos por situaciones relacionadas con los problemas de infraestructura escolar, la respuesta es elocuente: “La zona educativa no construye escuelas”. ¿Y qué hacen al respecto? ¿Callar y ser cómplices ante la ineficiencia de otros organismos?.

Estas “autoridades” se encuentran perdidas en las Ciencias de la Educación. Al parecer la fenomenología, filosofía que debería aplicarse para intentar mejorar la concepción educativa, se funde sobre un “existencialismo” como equivocada doctrina “política” de supervivencia para mantenerse como jerarca(s) de una institución en donde hasta el aire que respiran ha sido contaminado con la más ignominiosa nicotina y sus ambientes tergiversados en una oscura faceta de conductas contrarias a la educación.
 


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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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