El futuro de la tierrita que tengo en el interior. (II): Irán, latifundio o astilla en el corazón

En un reciente poema escribí "Ansío la verdad que se hace ley, ansío la ley que se hace verdad" lo que no sabía era para que podía servir este desideratum de mi vida postrera, cuando uno cree que ya visto mucho, y entonces aparece un problema tan importante para ser pensado, cuasi virginal, como es dar facilidades a la República Islámica de Irán para que produzca un parcial de sus necesidades alimentarias en nuestros suelos tropicales, equivalente a un millón de hectáreas. Dije cuasi virginal porque la Republica Popular China quiso algo parecido y cuentan que hubo una lista de objeciones de tal fuerza y magnitud, que el presidente de ese entonces, Comandante Chávez, no se inmoló en la pasión por ese aliado geopolítico, sino que reaccionó en el contexto de esa verdad que es ley: El latifundio es contrario al interés social (Artículo 307 de la CRBV). Y por allí comienza una parte del debate y de las posibilidades de llevar a cabo ese otorgamiento de facilidades.

El latifundio es perceptible solo si se ven sus efectos, nunca si se miran sus propagandas de aparente bienestar para sus empleados y el cuido también aparente de las tierras afectas a ese sistema de concentración de la tenencia de la tierra. Detrás se genera un sistema de desarraigo por presiones del propio Estado confundido en su interés de producir, que saca de sus territorios familias y comunidades para dar cabida a un megaproyecto que necesita estar, mientras más concentrado, mejor; para que la gerencia del proyecto pueda ser más eficaz y eficiente. Pero este sistema de desarraigo crece hacia los lados, construyendo un cinturón de miserables que deben vender su fuerza de trabajo al latifundista poderoso, inhibiendo la producción de la agricultura familiar; y además exige que las relaciones laborales sea en las mejores condiciones del mercado de la mano de obra, porque allí está parte de le eficiencia del sistema latifundista. Es posible que hasta expendios de alimentos y útiles esenciales del hogar puedan ser utilizados para rescatar el dinero entregado en la prestación del trabajo. Todo sistema latifundista tiene unos seres que se creen divinos o superiores al entorno social y llega un momento en que se creen más potentes que el Estado que lo permite. En algunos países los latifundios cierran vías trazadas con dineros públicos y en general no hay un proyecto social que pueda explicar favorecer tan alta concentración de tierras en pocas manos. Cuando es peor los latifundistas crean su propia seguridad interna y sus propios cementerios de "indeseables". Ojo, cuidado, no estoy diciendo que este sea el caso de algo que aun no se ha definido como una nueva realidad para el país agrícola.

Por otra parte, también es ley fundamental que las relaciones internacionales las dirige el presidente de la República, en el marco de esa misma Constitución y de las leyes que se formen a partir de esta. Este principio y marco constitucional es equivalente a la buena fe de un jefe de gobierno y Estado. Nadie que tenga la figura de presidente de la República puede negociar tratados que nieguen la esencia de nuestra nacionalidad, de nuestra convivencia, de nuestros intereses, entre otros aspectos. He aquí la necesidad de revisar la intención suscrita que no tiene todavía los visos legales, como la aprobación por la Asamblea Nacional y la propia firma del otorgamiento de esas facilidades por el presidente. Ojo, cuidado, no estoy subvalorando -a priori- lo que pudiera resultar en un documento más consistente que este que se ha publicitado por la prensa como un gran logro de gobierno, para unos, o como un adefesio, para otros.

En principio, estas dos consideraciones son las de mayor peso para repensar las relaciones con Irán en materia agrícola, en los términos de relaciones Estado-Estado. A lo interno subyacen otros temas delicados, como la soberanía alimentaria con una estaca en el corazón de la tierra y la contribución de este proyecto a nuestra propia seguridad alimentaria; deja en el ambiente una especie de derrota agraria y agrícola en veintidós años de gestión, con avances y retrocesos, y desde hace poco con muchos retrocesos en la producción de insumos fundamentales y por si fuera poco una pérdida de esperanza en nuestros propios talentos y cultura agrícola. Queda la duda, si ese enclave agrícola pedirá apoyos a nuestro país en algunas inversiones para desarrollar el proyecto y lo demás que tiene que ver con la propia naturaleza de la agricultura, será tema del tercer artículo.

Hasta donde vamos, en el ambiente internacional lo que existe es asombro por esa declaración; es lógico que existan enemigos a la profundización de la relaciones Irán-Venezuela; para otros, que desean mejoras en la disponibilidad total de alimentos en el mundo, pudiera verse como un acto de cooperación loable, por allí debe andar la FAO; y para nosotros humildes mortales llenos de dudas nos gustaría mayor claridad en los términos de esta relación, en un balance estratégico con análisis de riesgos incluidos.

No olvidamos que uno de los proyectos de Irán en Venezuela fue la producción de vehículos que fracasó sin mayores explicaciones al país. ¿Fracasarían en la agricultura tropical?



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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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