Maduro, antes de irse, deberìa liberar el ½ petro secuestrado en Plataforma Patria. ¿Cómo lo saco? ¿Dónde lo meto?

¿Dónde los meto?

Los inversionistas, esos tipos que tienen real de sobra, tanto como para satisfacer todas sus necesidades en un país donde casi nadie tiene para eso, viven haciéndose esa pregunta.

¿Dónde meto o invierto los reales que ahora me sobran para que se reproduzcan?

Porque eso de invertir los bolívares en dólares para estos guardar es una cosa simple para la subsistencia y a la que acuden aquellos que tienen unos pocos bolívares y se quieren cuidar que el empuje inflacionario haga su pequeño ingreso polvo de un día para otro. Es como un meterse detrás de alguna débil mampara estando en medio de una lluvia de piedras. Es hacer la misma trampa de los comerciantes, aunque casi santa e ingenua, pues quienes, dada la licencia gubernamental de dolarizar los precios, pese quienes gobiernan digan que no permitirán eso "ni de vaina porque sería perder la independencia y soberanía", todo lo venden en dólares.

Si usted sale a comprar hoy, compra como está marcado allí en dólares y mañana será lo mismo. Aunque no en bolívares, pues ellos, inmediatamente harán la transferencia según el movimiento del precio de la moneda gringa y como esta siempre anda buscando hacia arriba, pues se evitan esa como descarada y vulgar maniobra de remarcar precios. Es como demasiado feo y descalificador aquello antes practicado indelicadamente, de estar a cada momento y en la cara misma de la gente, remarcando precios. Y mientras el cliente que no tiene dólares, coge su producto a un precio en bolívares, cuando llega a la caja, sin saberlo, lo que lleva en el carrito aumentó el doble. Pues segundos antes, el marcador oficial u oficioso dictó su sentencia, no importa que lo escogido por él tenga impreso un precio menor en bolívares. Por algo el gobierno, "en defensa de la soberanía y el salario de los trabajadores" a los comerciantes les permite esa "manguanga".

¿Cuál es la lógica? Pues según comerciantes, empresarios y el gobierno mismo, eso es lo justo porque al variar el precio del dólar, lo debe hacer el de la mercancía de los dos primeros. En eso, hay una excepción como en todo, en este vaivén de precios, no entra en juego la mercancía trabajo y por eso, los salarios quedan igual; no entran en esa carrera. A esta mercancía no le dejan correr, pero al terminar la carrera, le pondrán de último como si lo hubiese hecho. Es pues una lógica habitual, la de los vivos jodiendo a los pendejos. Es el liberalismo puro y heroico que se disfraza de socialismo y a unos cuantos pendejos engaña.

Para evitarse eso de estar marcando precios en la misma cara de la gente y de paso las justas protestas de esta, contaron con el respaldo del gobierno, quien les permitió ponerle precios en dólares a sus productos, aunque la soberanía, de lo cultural para arriba, haya salido por demás estropeada. Eso sí, llegado el mediodía, sólo aceptarán dólares y no bolívares, esperando que quien marca más alto, que puede ser el Banco Central de Venezuela, como decir el gobierno o dólar to day, diga su palabra. En ese lapso, entonces, quienes no tienen dólares, generalmente los más pendejos, por una forma de valorar u otra, no pueden comprar y deberán esperar hasta que se haga el anuncio oficial u oficioso; pues como dije, el valedero siempre será el que marque más alto. De donde lo oficial obedece a la ley de la selva, quien tenga más saliva que trague más harina y quien no se ahogue.

Pero hay algo más. Para los comerciantes, en su lógica, los precios nunca deben bajar. Lo que ayer estaba en cien hoy debe estar en 150 aunque el dólar haya descendido y en el mejor de los casos, mantienen el precio de ayer, pero bajarlo ni de vaina. Hasta allí no llega su respeto y adhesión casi divina a los movimientos de la moneda gringa ni a eso que llaman la lógica del mercado.

El grande opta por buscar dónde invertir sus dólares, no guardarlos, pues esa opción le permite reproducirlos a mayor velocidad y cuantía. Por eso se preguntan ¿dónde lo meto?

Pero lo mío, dado que soy de los pendejos, que siempre lo he sido, dado soy trabajador y para más vainas jubilado, ahora no es dónde lo meto, sino cómo lo saco. ¿Cómo lo saco? Y la pregunta adquiere mayor pertinencia si no fui yo quien lo metió, me lo metieron.

Según el Banco de Venezuela, en este momento, el petro tiene un precio de casi 60 millones de bolívares, de donde según mi paja mental, generada por un acto de magia de Maduro en diciembre del año pasado, tengo medio petro en la Plataforma Patria o, lo que es lo mismo, soy poseedor de 30 millones de bolívares para que los vea, me babee y forje ilusiones de rico a futuro, cuando llegue a lo más alto, dado que parece tener un techo inaccesible, pues Maduro se cuida que todos los días lo suban para que con eso también suban los sueños. Y habrá quienes sueñan cuando ese ½ petro llegue a los predios del cielo. Esa es la fórmula secreta de Maduro para acceder al socialismo. "De unos pocos será el reino de los cielos", pareciera decir.

Pero esta cama en la cual duermo y hasta vivo es por demás incómoda, lo que, sumado a mi tendencia, por razones como genéticas, a no dormir o hacerlo muy poco, hace viva pegado a la cruel realidad y siento por demás las necesidades, como que ya se me acabaron las pastillas para la tensión y no tengo como comprarlas. Y esta y otras tantas, me obligan, como a quien le tuercen el pescuezo a la fuerza, a mirar a la plataforma patria y ver guindado allí mi medio petro – pues Maduro dice que es mío – sólo que parece confiscado y luego hacia el Banco Venezuela donde según el precio allí exhibido, tengo 30 millones de bolívares.

¿Cómo obligarme a ahorrar a cambio de mi salud? ¿Cómo ponerme a esperar que ese medio petro siga subiendo de precio mientras arriesgo me suba la tensión arterial, de paso no habiendo dónde acudir en busca de un cardiólogo, pues estos cobran en dólares y en el sector público acceder a ese servicio, si es que lo hay, es más difícil que matar un burro a pellizcos?

Es muy difícil que, estando en medio de una crisis de esas que le ponen a uno al borde de la muerte, si no es que lo matan, me ponga a colocar twists pidiéndole a Diosdado que me ayude, pues aparte que me daría vergüenza, porque uno tiene la maña de ser coherente, seguro estoy que no se dará por enterado y sus razones le sobran.

Venderlo, lo que parece una opción, no lo haré, pues más bien parece que nos tiran un cerco para que lo regalemos a unos vivos. Y no es que nos tiren un cerco, pues la Plataforma Patria, en este caso es el cerco mismo; ella tiene allí encerrado el ½ petro. Uno lo puede sacar. Eso sí, lo puede vender, pero al precio que el comprador, ayudado por la plataforma o quienes la manejan, impongan.

El Banco de Venezuela dice que mi ½ petro vale 30 millones de bolívares, pero cuando lo oferto en la Plataforma Patria, mediante una opción que allí se llama "intercambio", me ofrecen hasta menos de la mitad de eso para ponerle en subasta. Y, aun así, nunca hay quien lo compre a espera que uno termine aceptando una oferta miserable que suele ser hasta la mitad de lo que la Plataforma inicialmente ofrece, lo que vendría a ser menos del 25 % del valor de la moneda encriptada según el Banco de Venezuela.

¿Qué y quiénes están detrás de todo eso? ¿Por qué, pese tantas denuncias como esta, no se desmonta esa trampa y vil engaño?

Por eso, para desmontar ese engaño y trampa que debe estar beneficiando a algún vil personaje o grupo, el presidente Maduro, ahora mismo en navidad, antes de tomar cualquier decisión audaz, como la de irse si pierde las elecciones, debería "liberar" mi ½ petro. O en el menor de los casos, decirme "cómo lo saco", antes que un vivo "me meta medio chuzo en su trampa jaula".



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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