Tareck y “Precios Recordados”. “Como si nos fueran a durar toda la vida”

Si, así es. Les he llamado "Precios Recordados"; no fue un error. Y lo he hecho porque, en buena medida, el alto funcionario, tal como aquellos personajes que a uno en la infancia preguntaban si queríamos nos echasen aquel cuento del "Gallo Pelón", ante nuestra respuesta, sin importar la que fuese, respondían con lo mismo; es decir, ¿quieres te eche el cuento del "Galló Pelón"?

Tareck, pese lo acontecido, el haber anunciado una tabla a la que nadie le hizo caso, pues quienes debían cumplirla y hacerla cumplir se la metieron en el bolsillo mientras la vida siguió andando, tres meses después vuelve casi con la misma lista y hasta los mismos precios. Pero no solamente eso, sino que procedió de la misma manera, pese las advertencias que medio mundo hizo. Tareck pues nos está recordando los precios que antes anunció y la obligación nuestra de cuidar ellos se cumplan, pues dice tal como decía mi madre, "tienes que ocuparte de eso porque no te voy a durar toda la vida". El anuncio es el mismo y la práctica para velar se cumpla lo que él envuelve también.

Veamos un ejemplo. Aquella vez se le puso a la carne un precio en la ya famosa lista. El efecto fue que la carne desapareció del mercado. Luego, tímidamente, comenzó a reaparecer pero a precios astronómicos y como tal, muy por encima de lo "acordado". Ante el reclamo popular por aquel vil engaño, Fedenaga, organización de ganaderos, señaló que esos precios no guardaban ninguna relación con los costos y lo que es más, que ellos no habían firmado nada con el gobierno. Quienes al parecer firmaron, pues cuesta creer que el gobierno haya mentido, se cuidaron en extremo, casi de manera celosa, en dejar mal parado al gobierno, por la maliciosa insinuación de los ganaderos. Pero eso no quedó allí, los precios supuestamente acordados de todos los productos subieron hasta donde le dio la gana a quien ellos vendiesen. Porque tampoco es que aparecen con un precio sino que cada comerciante o bachaquero les pone los que les venga en gana. Y no paran, en cosa de segundos suben sin orden ni concierto alguno. No hay límite, cada segundo transcurrido da derecho a nuevos precios. ¿Y quién impide eso? Pues nadie. Quien uno cree debe hacerlo eso no cree, pues piensa que eso nos corresponde casi exclusivamente a nosotros. Si nos especulan es culpa nuestra por inepto y hasta "rete que pendejo". Piensa que es uno el consumidor quien debe hacer que cada vendedor le venda a como uno quiere. Algo así como que si me quiere estafar le reto a muerte. Más o menos como la ley de la selva.

Justamente, una de las críticas que abundó fue sobre la poca convincente manera oficial de informar sobre el asunto. Tratándose de un acuerdo donde por supuesto entran dos partes, al momento de hacer públicos los resultados, uno de ellos, el correspondiente al sector empresarial, escurre el bulto, no da la cara y al final termina por ignorar el compromiso. Hasta favorece para que se produzcan desconocimientos, parcialmente fundamentados en que nada de eso les fue consultado a los productores. Esto cree uno que pone cierto margen de duda a favor del gobierno y sus voceros a quienes percibe como muy ingenuos. Pero lo peor es que no agarran consejos. Se equivocan, se les advierte sobre el error cometido y lo repiten. ¿Entonces qué debe pensar uno?

El público consumidor, digamos el pueblo, queda con dudas, pues el gobierno anuncia solo y no presenta o exhibe a los presuntos firmantes por el sector empresarial. Lo hizo aquella vez y ahora lo repite. El Aissami se limita a decir que participaron unos 52 empresarios, pero ninguno da la cara. Vuelven a meter las patas exactamente en el mismo hoyo. ¿Es así?

Se dice, "cosas veredes", que el pollo costará 450 bolívares y la carne de res 420. Y se mencionan otros productos más, en una lista tan larga como la anterior. Estos precios estarían muy por debajo de los que ahora tienen en el mercado. Pero también pasó hace tres meses y las tantas veces que el gobierno anuncia acuerdos en el mismo sentido. Como antes, la parte distinta al gobierno, la otra, no da la cara y El Aissami vuelve a decir que nosotros, los consumidores, nos encarguemos tal acuerdo se cumpla.

No se es nada inteligente y perspicaz pensar y hasta decir, como quien no tiene dudas, que la historia, esa pequeña pero corrosiva, habrá de repetirse. Los personajes son los mismos y también los procederes.

El domingo habrá elecciones y algo hay que hacer para que la gente se entusiasme. Los Precios fueron establecidos en el papel hace tres meses, gobierno, empresarios y hasta consumidores de ellos no se acuerdan. Fue aquello como una ilusión perdida que es necesario rescatar e imponer en la memoria colectiva para que cunda la esperanza. Por eso se repiten los precios o se recuerdan. Y sobre todo nos recuerdan que si los comerciantes nos vuelven a estafar es culpa nuestra, pues ya el gobierno cumplió su suyo. ¿Y qué es lo suyo? Pues recordarnos los precios y nuestros deberes.

Por lo anterior, tiene fundamento lo que dije al principio, El Aissami se ha encargado de "recordarnos los precios" y no solamente eso, sino la obligación de velar para que ellos se respeten. En fin, es como verdad, eso en nada compete al gobierno y menos a los productores y comerciantes, sino a los consumidores que se comportan por demás cómodos y se ponen a esperar que gobierno y empresarios, ocupados como están de todas las cosas de su competencia, se encarguen de cuidar por lo de otro, "como si nos fueran a durar toda la vida".



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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