Pobre no compra Petro éste y su desconfianza refleja

Para alivio de los amantes del dólar y de EE., UU., de perogrullo:

¿Qué diferencia cualitativa determinante puede haber entre dólares y Petros ya que, si a ver vamos, ambas son expresión de dólares o en estos desembocan por su convertibilidad?

Tener 1 $ es tener 1 dólar, y tener 1 Petro sería tener tantos dólares como así lo señale el precio de su poder real, o sea, el precio del barril de petróleo sujeto como está a los diarios vaivenes de la oferta-demanda, con lo cual necesaria y legalmente ambas monedas terminan representando dólares, y por eso sirven para realizar transacciones en el Comercio Exterior.

Se trata, pues, de diferencias cuantitativas como las que tiene toda moneda dentro de sus respectivos conos, con la particularidad de que, por Derecho, aunque no de hecho, ahora el país contaría con todos los dólares del mundo mediante una suerte de venta de petróleo masiva y continuada a futuro.

Digamos que de ahora en adelante estará atenuada la dependencia del dólar como Reservas Internacionales sujetas a las arbitrariedades del mercado exterior porque ahora cada emisión concreta de Petros lanzada la circulación se traduce en un posesión de circulante monetario que, colocado en el denominador de la fórmula de la paridad cambiaria de Bs.F/$, desacelerará las devaluaciones del Bs.F porque quedarían suavizadas o, por lo menos, reducidas ya que cada nueva emisión y colocación de Petros implicará una inyección de Bs.F en la circulación respondería automáticamente y en paralelo a que significa dólares, o sea, a una más armoniosa relación Bs.F/Petro, frente a la presente relación que viene suponiendo una devaluación con cada emisión de Bs.F, según majaderamente lo hemos expuesto en entregas anteriores.

Principalmente, la confianza en una moneda nacional o extranjera nos va privando de la toma de medidas en cuanto a su libre circulación. Es que en el fondo a nadie interesa el poder real de ninguna moneda, con tal que ella fluya con mínima viscosidad en las transacciones y que sea oficial para evitar las falsificaciones, pero hasta allí. Atesorar monedas, comprar para revenderlas no son más simples irregularidades que el Estado está llamdo a castigar sebverísimenante con máximas penas.

Quede claro que el llamado respaldo real del Petro alude a que su posesión en gran cantidad y bajo algunas situaciones económicas coyunturales garantizaría su conversión en barriles de petróleo porque se trata de una especie de compra permanente de petróleo con entrega a futura[1].

Los movimientos bursátiles recogidos, por ejemplo, por "dolarToday", Wall Street y otros centros bursátiles, son una palmaria demostración de que todas las mercancías traficables en el Comercio Exterior o internacional tienen precios variables y expresados en dólares como si esta divisa tuviera algún valor per se, como si se tratara, por ejemplo, de oro u de otro metal precioso y de cuyo valor real no se desconfiaría.

Y conste que toda esa confiabilidad mundial ha buscado en primer lugar la homogeneización internacional contable de las mercancías más que el imperio mismo del país emisor.; esto es muy importante saberlo. Ahora, que los gobiernos de turno se aprovechen de ese subrepticio objetivo para cargarse de humos, eso es otra cosa.

Curiosamente, ninguno de esos centros nos dice nada acerca de cuánto vale un dólar, salvo cuando se mide su paridad respecto del resto de las monedas que le son convertibles.

Es decir, cuando vendemos petróleo u otra mercancía tasable en $ siempre estamos corriendo el riesgo de que esa moneda cambie de poder adquisitivo. De manera que a quienes en lo adelante adquieran Petros pueden merecerles tanta confianza como se la vienen teniendo a cualquier otra moneda del mundo.

Digamos que constitucionalmente y a través del Banco Central de Venezuela el Petro puede verse como otra moneda oficial que merecería la confianza que hasta ahora tiene el Bs.F

Por supuesto, transitoriamente es una divisa que debe ir penetrando mercados internacionales como la ha hecho los EE. UU., con la diferencia, decimos, de que en la chiquirritica todo el activo en Petros del que dispongamos podría reclamarse en especie, en petróleo crudo o en sus equivalentes derivados.

Por supuesto, los países tendrán que, en primer lugar, expresar los dólares en Petros o viceversa porque toda homogenización financiera o en Macroeconomía debería girar en torno a una moneda y no a varias.

La parte susceptible de desconfianza que acompaña al Petro vendría dada porque una Administración que todavía no ofrece un flujo continuo y periódico de comida y medicinas ni de otros servicios vitales para buena parte de la sociedad con precios más estables (a su clase media y pequeñoburguesa) lo que precisamente abona desconfianza en esa clase llamada a ser la principal compradora de Petros.

Digamos que desde un principio la coyuntura económica ha atentado contra esta nueva moneda; se trataría de una desconfianza refleja o "virtual", pero no por lo de digital, sino por la realidad que económica y socialmente atraviesa la economía nacional.

Además, no es dubitable que los pensionados y jubilados apenas cubren sólo una parte de sus personales y familiares necesidades y que es muy poco probable que bajo las actuales circunstancias puedan disponer de poder de compra para Petro alguno, salvo que reciban sus pocas rentas en dicha nueva moneda.

Por otra parte, cuando varios colegas bastante objetivos sugieren la dolarización de nuestra economía, si a ver vamos no están proponiendo nada nuevo ya que dolarizados hemos estado desde hace más de 100 años; lo hacen porque ciertamente hablar de Petros y de dólares viene a ser casi lo mismo, con la sutil diferencia de que el país contaría con suficiente respaldo petrolero para reconvertir en Petros en petróleo cada segundo del día, no así los EE.UU. que limitarían su reconversión al canje de $ por $.

Así, pues, el Petro, por ahora, garantiza un mayor volumen de dólares sin intermediación de ningún tasador externo, con lo cual la devaluación actual tendería a desacelerarse; pensar así o no responde también a la misma confianza o desconfianza en esta moneda.


[1] Por lo demás, es así como suelen ser las transacciones de ventas directa de este energético.



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Manuel C. Martínez


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