Desde el Conuco

El café de los sueños campesinos

Eran las tres y medía de la tárde, cuando Oswaldo estába preparándose para regresár al campo de donde había llegádo múy tempráno ese lúnes, había bajado de la montaña dispuésto a realizár únas cómpras en el pueblo. Me topé con él en una de las cálles que frecuenta la génte cuando bája de sus cafetáles y conucos, ya estába maletéao cuando lo ví, ya tenía a su ládo las cómpras y el encárgo de su compadre Nicanór quien le había encomendádo un machete cornéta Número 20, pués ya la límpia del café se hízo presénte con las llegádas de las llúvias de mayo.

Tódos estámos bien por allá, gracias a Dios, me respondió cuando le saludé. Buéno, bien de salud, pórque con éstos preciós con que nos recíben en el pueblo, a cualquiéra se le súben los valóres málos que atorméntan el cuérpo. Fijése que este machete ya cuésta siéte doláres que al cámbio del día son unos véinte millónes de bolivares, y arrigoríto cómpa, háblar de un par de botas de góma para el trabájo diário, esas son palábras mayóres. No se por que llegamos a este extremo, pa' completar Biscucuy lo convirtieron en el pueblo mas caro del país. Quien ha visto ahora compramos y vendemos en dolares, la moneda imperial. Volviendo al tema compa, allá nosotros limpiamos el café a plan de machete, me dijo, levantando el encargo del viejo Nicanor, ese veneno que nos han obligado a usar, nos tienen nuestros suelos acabados, ya no queda animalito vivo despues que comezamos a usar el herbicida, y muchos cómpas nuestros se nos han muerto envenenaos con esos guarapos que inventaron para jodernos mas la vida.

Ya no se puéde cómpa, ya no se puéde trabajár con éstos précios que nos impónen los inescrupulósos comerciántes, sin que háya manéra de reordenár esta absúrda realidád en que nos encontrámos. El campesíno apénas se defiénde pórque tiéne un cambúr colgádo de la mata, un córte de yuca o únas mátas de ocúmo que puéde saciárle el hámbre en el momento, pero definitivaménte, ésto es acábo e' múndo mi compadre, y lo peór es que no hay quién respónda, no hay a quién acudír para que pónga órden a este desbarajúste abominable.

Pobrecíta esa génte que no tiéne de Dios abajo nada de que hechár mano a la hora de que las trípas le rónquen, si ustéd supiéra compa por la que está pasándo la génte en éstos días aciágos de la pátria, ya ni los burros se cómen las cónchas de los plátanos, ésas van a parár al sartén para la céna compadre. ¡A rigoríto compadre, a rigoríto!, hámbre heréje es lo que hay y ramillétes de oraciónes a mi Dios pá que no nos enfermémos pórque hay si es verdád que nos fregámos, ¡mas bien cómpre el cajón compadre!. El mismo Alí Rodriguez nos decía ¿Quien responderá por la producción de alimentos, el Estado o el productor privado?

Su estampa inocultable de campesino enraizado y conjugado con su tierra, me hacia pensar como serían los primeros coterraneos que un día trajeron el café a estas tierras de las playas de Biscucuy que reflejan las cronicas de Mariano Martí quien nos ilustra el año 1777 como posible fecha en que estos lugares comenzaron a poblarce para ser lo que hoy somos, el rinconcito de la pátria donde se cultiva, según las malas lenguas, el mejor café del mundo. Estas tierras son benditas por los dioses. Por aquí anduvo Simón cuando emprendio aquella admirable campaña libertaria. Señalan nuestros historiadores y cronistas que fué en 29 de Noviembre en tiempos de campaña admirable, que pasó por aquí en su tránsito hacia los llanos. Más abajo, en el Desembocadero, en un viejo dispensario en ruinas, hay una placa que reseña el paso de las tropas de Bolivar Libertador.

Me despertó de nuevo Oswaldo cuando escuche su vos diciendome, ¡compadre tubímos que pelár por las béstias ótra véz, ya los cárros están escasos, sin gasolína y sin repuéstos. Los abónos y los ótros insúmos necesários son incomprábles hoy en día. Ésto es un perfécto desorden compadre, miéntras el tiémpo se nos va en elecciónes que nada nos resuélven y promésas que nos laséran las espáldas.

Su conversa la acompasaba sabiamente, mientras amarraba la carga en la mula que volvió a convertirse en el vehiculo de nuestros campesinos. En tiempos mas atrás los arreos de las mulas entraban por El Rosal viniendo de Monte Claro. Otros entrompaban por lo que hoy llaman barrio ajuro llegado desde Palo Alzao. Los otros nos llegaban por los lados de Villa Rosa, cruzando el río por el puente la tembladora. Todos tenian un sitio donde amarrar y descanzar sus mulas, considerando de donde venian con sus bestias cargadas de esperanzas.

¡Hay! compadre, como si el campesíno no existiéra, como si no existiéramos de véras, miéntras la burguesía revolucionária del minístro, se límpia la mantéca de la jéta, y se goza los dineros del pueblo. De dónde sacarán tántas trampas pa' ebaucárnos. Que fálta nos háce el común amigo de Sabaneta, pero yo recuérdo que él nos decía cáda ratíco, Chávez éres tú, y así será compade, volverémos a Chávez.

Nos vemos compadríto, nos vemos luégo, y partió de nuevo a la montaña del café donde le aguarda la esperanza. Ese lúnes de mayo en que encontré a Oswáldo en una de las cálles de mi pueblo, solo atiné a arrimárle mi saludo. Le acompañan mis sueños, dije pa mis adéntros, cuando lo vi partír rúmbo a aquellas montañas del café que proporcionan la comída de todos en el pueblo.

Esos son nuestros verdaderos libertadores, nuestros héroes de ayer y de hoy que construyen la patria desde el silencio.



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Toribio Azuaje

Campesino y Conuquero. Docente

 toribioazuaje@gmail.com

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