Los territorios indígenas en el Zulia

Una concesión ganada por la derecha en el debate constituyente de 1999, fue esa de sustituir la palabra territorios por un ambiguo y racista “hábitat”. Se trata de una mancha en esa histórica jornada revolucionaria que reivindica a los pueblos originarios.

La otra mancha es el tardío y errático proceso de demarcación.

Para quien tenga alguna duda sobre la propiedad indígena sobre sus territorios ancestrales, léase la Carta de Jamaica, donde El Libertador habla de “legítimos dueños”.

Como vemos, es un asunto bastante añejo. El ideólogo revolucionario Salvador de La Plaza , en sus escritos sobre el problema de la tierra en Venezuela, señalaba como allá por la década del 40, los indígenas de Perijá eran expropiados a la fuerza por terratenientes y empresas mineras y petroleras.

Mi abuelo materno Ángel Antonio Ocando, trabajó como intérprete para alguna de esas compañías y me relató indignado la manera cruel como los pistoleros que protegían a los gringos, entraban a plomo limpio contra las comunidades para “espantarlas” de sus tierras.

Por eso es doblemente doloroso lo que ha pasado con el caso yukpa. Nunca debió llegarse al punto de dividir a la comunidad y perseguir a los más comprometidos, criminalizando la lucha ancestral. Fue la misma política de los colonizadores contra líderes como Guaicaipuro y Nigale.

El Estado Venezolano tiene la obligación de hacer valer la Constitución , garantizando a los pueblos indígenas sus territorios y el ejercicio pleno de su cosmovisión y manifestaciones culturales en general, incluido el derecho consuetudinario.

La opinión pública zuliana no puede estar ajena a este debate. Se trata de hacer justicia con nuestras propias raíces. La Sierra de Perijá es de los yukpa, los barí, y, en menor grado, de los japreria. Eso se puede demostrar documentalmente. Justo es mencionar el trabajo tesonero que en esta materia ha realizado desde hace dos décadas el profesor Lusbi Portillo, intelectual orgánico con gran sentido del compromiso y alta sensibilidad social.

Está pendiente la definición del “hábitat” añú, que obviamente, abarca todo el Lago de Maracaibo con sus ríos, caños y manglares, concluyendo que en el caso “paraujano”, en vez de hablar de tierras, tendríamos que decir las aguas del pueblo añú, los herederos del cacique Nigale.

Nuestros hermanos wayúu representan otro caso de suma complejidad, por cuanto sus territorios ancestrales quedaron partidos en dos pedazos en la formación histórica de los estados nacionales de Venezuela y Colombia. Sin embargo, las autoridades responsables de la demarcación, deben tomar en cuenta que toda la sabana al norte del río Guasare, con las orillas altas occidentales del Golfo de Venezuela, son territorio wayúu.

No se puede seguir posponiendo esta deuda histórica con los “legítimos dueños” del territorio zuliano. La Revolución Bolivariana es pionera continental de esta reivindicación que hoy también celebran Bolivia, Ecuador y otras naciones hermanas. Las visiones desarrollistas y los intereses económicos de una minoría no deben frustrar esta promesa bolivariana. Mientras no la cumplamos, no terminará de nacer la V República.


Constituyente de 1999
caciquenigale@yahoo.es


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Ildefonso Finol

Economista. Militante chavista. Poeta. Escritor. Ex constituyente. Cronista de Maracaibo

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