La reciente alerta de viaje emitida por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, en la que se recomienda a sus ciudadanos evitar visitar Venezuela por supuestos "riesgos graves", constituye un nuevo capítulo en la narrativa imperial que busca distorsionar la realidad de los pueblos soberanos.
El comunicado oficial del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, difundido este domingo, desmonta con firmeza tales afirmaciones, calificándolas de relatos inexistentes y denunciando la intención de fabricar una percepción de inseguridad que no corresponde con la situación nacional.
El imperialismo estadounidense ha recurrido históricamente al miedo como herramienta de control. La construcción de imaginarios de caos y violencia en países que desafían su hegemonía responde a una lógica de intervención indirecta: se busca aislar, estigmatizar y debilitar la legitimidad internacional de los Estados soberanos. En este caso, la advertencia de viaje no es más que un instrumento propagandístico que pretende sembrar dudas sobre la estabilidad venezolana.
El comunicado del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores enfatiza que Venezuela vive en "absoluta calma, paz y estabilidad". Los centros poblados, las vías de comunicación y los puntos oficiales funcionan con normalidad bajo el control del Gobierno.
Esta descripción contrasta radicalmente con la narrativa estadounidense, que insiste en presentar al país como un territorio inhóspito y peligroso. El sarcasmo imperial se revela en la contradicción: mientras se habla de "riesgos graves", la vida cotidiana transcurre con orden y seguridad.
La reacción venezolana no se limita a desmentir la alerta, sino que reafirma un principio fundamental: la soberanía nacional. En el marco del derecho internacional, ningún Estado tiene la potestad de manipular la percepción global de otro mediante relatos ficticios.
La dignidad de los pueblos se defiende no solo en los foros multilaterales, sino también en la capacidad de desmontar las campañas mediáticas que buscan erosionar su imagen.
La frase "En Venezuela hay riesgos graves" se convierte en un sarcasmo imperial, una ironía que desnuda la estrategia de quienes pretenden imponer su visión del mundo.
El verdadero riesgo no está en las calles de Caracas o en las montañas de Mérida, sino en la persistencia de un discurso hegemónico que intenta condicionar la mirada internacional. Frente a ello, Venezuela responde con serenidad, reafirmando su estabilidad y su derecho a ser reconocida como un país en paz.
Que sarcasmo: quien nos ataca y asesina, dice que hay riesgos graves en Venezuela.