Venecos celebran y mandan a callar: «ese lío es mío y de Maduro, de más nadie»

Los famosos venecos, esos notables personajes que desde fuera celebran el ataque bélico y bailan por la muerte de venezolanos y por el secuestro de la pareja presidencial, argumentan que los ciudadanos de los países donde esta migración vive no pueden opinar o manifestarse en contra de los bombardeos porque ese lío es entre ellos y Maduro, como si el problema fuese una pelea de borrachos en un bar de Sabana Grande.

Algo inédito inauguran estos particulares seres para la historia de la humanidad, puesto que festejar que una potencia militar haya bombardeado al propio país, es verdaderamente de malnacidos y, como decía mi padre, de malparidos.

No hay noticias de ciudadanos serbios o irakíes celebrando por los bombardeos a la ciudad de Belgrado o Bagdad cuando, en su momento, la OTAN y los mismos gringos la castigaron. No hay. Tampoco sabemos de noticias de palestinos, libaneses, sirios o iraníes bailando por las bombas que lanzan sobre sus territorios el Estado de Israel y los propios Estados Unidos, bombas que causan devastaciones importantes con incalculables pérdidas humanas. Quiero decir, que celebraciones de nacionales para destruir a sus propios países, no existen.

Un ciudadano chileno, asombrado por tal manifestación de felicidad, calificó a estos venezolanos de «ratas», dado que están usando a la ciudad de Santiago para esta acción rateril, aunque estimó este ciudadano que tal festejo deberían hacerlo en Venezuela, en Caracas, lugar donde realmente deben manifestar su alegría, junto a sus familiares, «no en Santiago, porque ofende al gentilicio chileno y porque celebrar el bombardeo de una capital latinoamericana, enarbolando una bandera de los Estados Unidos, es de ratas».

Ahora, voy a permitirme usar el adjetivo de este ciudadano chileno para seguir hablando de estos seres enajenados que no los considero opositores del gobierno chavista, porque no lo son. Más bien se trata de tontos útiles, de víctimas de aquella estrategia de guerra económica que soportó el país entre los años 2015 y 2020, cuando, entrampados y utilizados para el objetivo político antichavista, debieron migrar hacia cualquier destino, porque lo importante era mostrar la imagen fotográfica del éxodo venezolano como manera demostrativa del fracaso del proyecto bolivariano. En todo caso, —hay que decirlo— estos que celebran la muerte de compatriotas por bombas imperialistas, son ratas sin conciencia, ratas apátridas que hasta el supremacista de Donald Trump se atreve a calificarlos —y públicamente lo dijo— como la gente más fea que haya conocido.

La ministra de seguridad de Milei, invitada especial en estos festejos callejeros, aprovechó el momento para decirle a esta particular comunidad roedora que debían tomar el camino del retorno, porque ya Venezuela estaba libre del dictador que los ahogaba, indicación que no cayó bien en la festiva madriguera apostada en el cielo abierto de la ciudad de Buenos Aires. Ni pelotudos que fueran.

En otro extremo del continente, en Nueva York, un fascista venezolano (aquí es fascista y no rata) mandó a callar a una estadounidense que manifestaba contra el secuestro del presidente alegando que «ese lío era entre él y Maduro», «de más nadie», restregándole en la cara que no tenía derecho a meterse en un problema ajeno porque, él, precisamente, había sufrido mucho.

Ciertamente, este facho, tal vez fans de Maríacorina, no tiene la más mínima idea del lío en que metió Donald Trump al mundo al saltarse normas del orden jurídico internacional tras capturar a un presidente constitucional de una República soberana en una acción de guerra convencional.

El asunto es que los siempre publicitados venecos son noticia en algunas capitales del mundo. En Buenos Aires, en pleno obelisco, como verdadero acto de liberación, izaron la bandera norteamericana. En Montevideo profanaron una imagen en honor a los desaparecidos de los años setenta. En Santiago de Chile se atrevieron a llevar en hombros al propio embajador norteamericano, —no está de más—para que celebrara con ellos. En Denver, Estados Unidos, país de los tiroteos callejeros, la celebración terminó en balacera con un saldo lamentable de muertos y heridos. Madrid, «la capital de la resistencia antichavista» la fiesta se concentró en Puerta del Sol, destacando los pedidos a Donald Trump para que «extraiga» al comunista de Pedro Sánchez para también liberar a España.

En fin, la historia de los venecos en el mundo es de tal interés como para escribir un extenso manual; manual cuyo fin esté orientado a alertar a los ciudadanos de los países que los recibe para que no se extrañen de por qué adoran a Javier Milei o deliren por ese famoso pederasta y proxeneta de verdaderos burdeles de lujo llamado Donald Trump.

fremarlu67@gmail.com



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