Crítica ácida

Injustificables, el hecho y algunas reacciones ante un vil asesinato

Es sumamente difícil hacerle justicia desde la opinión a un personaje figura nacional e internacional de nuestro país, o de cualquier parte del mundo, si en su vida por méritos excepcionales pasa a ser al correr de los años, reconocido entre los grandes de talento en su actividad, y como es natural enfrentado a superar avatares a los que está sometido, sin poder complacer a la absoluta totalidad, algo imposible.

Todo crimen acabando con la existencia de una persona, es vil y condenable salvo que la circunstancia sea en defensa propia y sin más remedio que reacción natural a la sobrevivencia. El caso que hoy me ocupa es mucho más condenable, la víctima tenía 91 años de edad y por mucho carácter de protesta o rebelión ante el ventajismo personal, no tiene perdón de DIOS ni y de nadie causarle la muerte.

Me hicieron saber vía telefónica la tarde del 17 de Julio 2020, lo acontecido a quien respeté por su condición de extraordinario artista y le entrevisté en dos ocasiones para actividades radiales, fue auténtico en sus respuestas sin negar su característica de ermitaño, poco dado a declaraciones. Vivió algo más de sesenta de sus 91 años en la misma ciudad donde resido desde 1982. Antonio Otazzo, singular en su arte creativo que nunca abandonó su amor por las nativas Islas Canarias de donde provino, y tampoco a su pueblo hospitalario de Cagua en Venezuela, su segunda patria.

En los encuentros Otazzo no mezcló política ni politiquería insulsa e inútil, menos cualquier aprovechamiento fanático innecesario y agreste. Contar de su obra fue el propósito y percibí que de haber intentado tocarle temas políticos, me hubiese enviado muy largo al mismísimo, pues no era para eso que lo entrevistaba. Por ello me es difícil e indignante saber que el final de Otazzo, cuya casa museo es ícono referencial caguense, y allí perdió la vida, caiga en comentarios nada edificantes en las redes, en esta polarización de personas poco pensantes.

No me agradó ser partidario de comparaciones, ni mencionar a Otazzo llamándolo “el Dalí de América”, solo con apreciar su obra sabemos que ocupa con justicia un lugar entre los grandes en lo suyo. La ciudad caguense orgullosa le recordará, lamentando desaparezca por culpa de la conducta universal de la maldad homicida. Queda entre quienes, tras una vida combativa y combatiente, le honramos en paz. Desde el plano al que ha sido llamado, Antonio Otazzo será símbolo de dedicación y talento, cuando se ama lo que se hace, por encima de todo.


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Luis Sánchez Ibarra


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