¿Qué pasó Fosforito? ¿Se te apagó la candela?

Estoy interpelando, como el lector habrá comprendido, a la Ministra del Poder Popular para los Servicios Penitenciarios, Iris Varela.

Pretendo revisar la página del Ministerio, pero sólo veo, a vuelo de pájaro, noticias bonitas. No escribo para hacer un análisis sesudo, ni profundo ni mucho menos. ¡Escribo para protestar! Escribo para reclamar por las decenas de presos muertos, escribo para alertar por las frágiles condiciones en que se encuentran, todos los presos en todas las cárceles del país. Y no importa si se trata de presos políticos o no. Se trata de seres humanos, iguales a usted y a mí, con angustias, razones, miedos, rabia, esperanzas. Escribo, porque este Gobierno Bolivariano, al cual apoyo, de corazón, sin echarle mucho cerebro, se ufana de respetar los derechos humanos, de hacer las cosas diferentes, de considerar como prioridad al ser humano, no importa si detenido por alguna razón.

Escribo para saber si, de verdad, verdad, el norte sigue siendo el humanismo que predicó Chávez. Si la doctrina cristiana sigue siendo nuestro horizonte. Y, sobre todo, saber si la inteligencia, eficiencia y maravillosa labor que se espera siempre en todos los niveles de nuestro Gobierno, el de Nicolás Maduro, pueda seguir siendo un ejemplo para el mundo. Un ejemplo como ahora, con el buen manejo de la pandemia, que nos coloca entre los mejores países en el mundo, según la OMS. Y que me llena de orgullo y ansias por difundirlo.

¿Qué pasó Fosforito? Confié que, siendo mujer, valiente, atrevida, digna, sensible, apasionada, podrías entender, más que muchos, las grandes necesidades de los recintos carcelarios. Pensé Fosforito, que Chávez hizo muy bien al quererte ahí, donde la revolución tenía un enorme reto, casi irremontable, para lucir con adornos la defensa de los derechos humanos, y gritarlos al mundo.

Y te recuerdo hace un tiempo, en un programa de la inefable Hojilla, mostrando videos con los presos en uniformes, de colores, como flores en un jardín. Haciendo ejercicios, sembrando para autoabastecerse, etc. Y Mario Silva te miraba embelesado, admirado y complacido, pues él también quiere, como todos los bolivarianos, mostrar que sí se puede, si podemos.

Pero Fosforito, no has podido. Se lo debes a Chávez quien te dio la confianza, depositó en ti todas sus esperanzas, y la fe de que lo lograrías. Pero no sólo se lo debes al padre de esta revolución. Se lo debes a Maduro, luchando por la revolución, nos los debes a todos los revolucionarios, se lo debes al país, a ellos, a los que están presos y a sus familiares, que ya no saben qué hacer.

Pero te vas de constituyente, reuniones y más reuniones, mítines y más mítines, seguramente estás en alguna comisión, te debes al partido, a la política, y así, creo, con tantas plausibles excusas vas descuidado lo que ha debido ser tu principal preocupación, tu enorme, infinito, deber. Resolver el terrible problema de las cárceles. Y no soy experta, no he estado presa, pero no hay que ser inteligente para saber que hay hacinamiento, falta de comida, de medicinas, de atención y retraso en los tribunales, hay una enorme incomprensión de sus necesidades.

Y también recuerdo, con rabia por mi ingenuidad, por mi candidez, como me han tildado algunos, a Tareck El Aissami, siendo Ministro del Interior, presentando en la asamblea nacional, en el Capitolio, una orquesta hecha por detenidos, que elevaban su música cual una esperanza de comprensión. Privilegiados entre los olvidados del mundo. Y confieso, me llenaron de emoción. Y al poco tiempo, muy poco, ocurrió otro catastrófico desastre carcelario.

Y no quiero hacer una defensa a ultranza de los detenidos. Estarán ahí muchos por sus propias culpas y pecados, otros muchos por tontos, por falta de oportunidades en la vida, porque les fue más fácil tomar el único camino, el de la delincuencia. No es mi intención defenderlos aquí. Dejo eso para fiscales y jueces. Para sociólogos.

Sólo te pido Fosforito, que cumplas con la promesa que le hiciste a Chávez y a la Revolución. Ningún otro preso muerto, golpeado, y violado en los recintos bajo tu mando.

Permíteme una sugerencia: deberías vivir, semana en semana, en cada uno de los recintos bajo tu responsabilidad, no moverte de ahí, mientras estés en cada uno de ellos, detectar y registra minuciosamente las fallas, pedir ayuda, pedir que te donen alimentos, ¿qué tal la Polar? ¿Coposa? ¿qué tal a los grandes supermercados que están haciendo su agosto en pandemia? ¿Qué tal si le pides también a la Primera Combatiente que te ayude? Y así suelta un poquito a Maduro para que aprenda a extrañarla. Y, sobre todo, ayuda, ayuda, ayuda y combate.

Ah Fosforito, ¿recuerdas a ese preso político, militar, de uniforme blanco que se desmayó en el juicio, llevado por sillas de ruedas, cuando entró enterito a las cáceles militares, y murió en el intento? Si, ya sé, no sé si tienen poderes en las cáceles militares, pero podrías ocuparte, si ya sé que los custodios responsables del hecho están presos. Pero ponte pilas y que nunca más vuelva a pasar algo tan extremadamente doloroso, notorio. Si esos custodios practican la violencia sobre los presos, es porque los dejan. Hay complacientes.

En definitiva, Ministra, tú eres quién los dejas, tú eres la primera responsable en Venezuela de que se respeten los derechos humanos de los detenidos en el país. Tú llevas el nombre de Chávez en el mundo. Que no se te apague más nunca la llama de la dignidad, de tu conciencia, de tu deber. Todo el país te está observando.



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Flavia Riggione

Profesora e investigadora (J) Titular de la UCV.

 flaviariggione@hotmail.com

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