La impunidad moral i antiética para un gran delincuente

“En una sociedad justa, las libertades

básicas se dan por garantizadas, y los

derechos, asegurados por la justicia,

no están sujetos al regateo político

ni al cálculo de los intereses sociales.

Jhon Rawls



La alegría de los días hermosos de la Navidad i el regocijo de la gran mayoría del pueblo venezolano, por dar ejemplo universal de las elecciones más limpias, transparente i mejor organizadas de la historia presente, con el indiscutible triunfo del presidente Hugo Chávez Frías, el más verdadero, legítimo i amado mandatario de nuestra historia republicana, sin llegar todavía la Noche Buena, se ha ensombrecido con otro atropello a la Justicia, al Honor de la Patria i a la moral i la ética de los pueblos del mundo, con un fallo acomodaticio, de oscuros perfiles políticos i tal vez comerciales, cuando una jueza, posiblemente infiltrada de la IV República, ha encontrado que los delitos cometidos públicamente por un energúmeno que raya en la anormalidad, o en ser claramente un antisocial de “alcurnia”, delitos grabados i observados por multitudes, no han servido como pruebas presentadas por el Ministerio Público, para condenar a un “Alcalde” que debería estar preso hace años por las atrocidades que comete a cada rato. Basta verle la cara i el físico, convencerse de sus anormalidades.

El mismo autor cuyo pensamiento en torno a la justicia, encabeza este artículo, agrega en su obra que debe ser ignorada por esta jueza, TEORÍA DE LA JUSTICIA, “que la justicia y la bondad son congruentes, al menos en las circunstancia de una sociedad bien ordenada, que la teoría de la justicia se relaciona con los valores sociales y con el bien de la comunidad”. Todo el pueblo venezolano ha visto el espectáculo más bochornoso, agresivo, deprimente, fascista, depravado, único como atrocidad increíble, humillante, violador de todos los derechos internacionales del mundo i todos los valores humanos, negados a hombres, mujeres i niños, de un país hermano, solamente por el fanatismo político i las extravagancias dogmáticas, de un grupo minoritario de fieras sociales: vimos tratar de asaltar la embajada violentando puertas, destruyendo vehículos (siempre he querido saber quien es aquella “heroína” que con el asta de una bandera nacional perforaba parabrisas), tratando de ir a casas vecinas para provocar incendios, insultos i gritos histéricos, un estúpido arrecho indicando menú con alfombras i sillas, “técnicos” i rambos, cortando tuberías i cables eléctricos, etc, mientras policías de la Alcandía de ese alcalde delincuente, eran espectadores, junto a “grandes jefes de seguridad” i un casi esquizofrénico alcalde, especialista en ridiculeces, entrando por una escalera a la embajada con otros facinerosos i facinerosas “internacionalistas” a proponer revisar la embajada, con absoluta ignorancia de las leyes nacionales e internacionales, pese a ser “abogado” que parece de título comprado. A este señor anormal, lo escuchamos en sus estúpidas exigencias, pero sentirse enano ante la formidable respuesta i actitud firme i valiente del embajador cubano, un hombre de cultura extraordinaria i de conocimiento pleno de su función de embajador.

Este gaznápiro que, en aquella maloliente IV República hasta fue presidente de la Cámara de Diputados (¡¡¡!!!) i que le hemos visto actuar de payaso callejero, con letreros en la cabeza hechos de pelos, porque por dentro también los debe tener; que lo vimos con su otro cómplice de iguales condiciones, allanando casas, apartamentos i humillando a personalidades como el ministro Rodríguez Chacín o el diputado Tarex William Saab (cuando ya se creían dueños del país), estos antisociales “de clases privilegiadas” por el dinero i “clases excluidas” por el talento, resulta que para la juez Salazar, el primero Capriles Randosky, sale absuelto porque no hai pruebas, pese a que, fuera de “su actuación” particular, todas las otras atrocidades fueron con su consentimiento como autoridad i ni trató de detenerlas, porque al salir de la embajada continuó con sus disparates: tengo que decirles que no puedo asegurarles que allí no sé si están los delincuentes del gobierno, Diosdado Cabello i otros, porque no puede revisar la embajada.

Esta fue mi gran preocupación en la Asamblea Nacional Constituyente. Nos dimos cuenta que el Poder Judicial había que cambiarlo totalmente i no lo hicimos. La IMPUNIDAD, es un cáncer social; de eso he escrito mucho i no veo que se busque un remedio. Uno de los grandes culpables de la no depuración del Poder Judicial, fue Manuel Quijada. Ya vimos lo que pasó con el Tribunal Supremo, después del golpe, i eso se lo debemos al Traidor Mayor Luis Miquelena, un analfabeto cultural i ávido de dinero que obtuvo (o compró) una distinción que le quedó mui grande para su pobre estatura intelectual i moral. Así seguirán saliendo sentencias chimbas i creando indignación en quienes sentimos veneración por la moral, la ética i la justicia. El Libertador lo dejó así para la historia: LA JUSTICIA ES LA REINA DE LAS VIRTUDES REPUBLICANAS.

robertojjm@hotmail.com




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Roberto Jiménez Maggiolo


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