El mandinga de la copla... a propósito de los 15 años de su muerte

"... siempre se lo dije a 'Papelón' y se lo dije a muchos copleros: que no había en Venezuela ni en ninguna parte un coplero como 'Mandinga'. Ya ves lo que pasó".

José Alí Nieves, 3 de febrero de 2007.

Hoy 8 de enero se cumplen exactamente 15 años de la desaparición física de José Gregorio Romero, el popular 'Mandinga de la copla'. Estuviese cumpliendo 48 años de edad de no ser por lo que ocurrió el lunes 8 de enero de 2007, cuando a bordo de su moto y en una peligrosa carretera apureña a pocos kilómetros de San Fernando tuvo un aparatoso y fatal accidente que terminó malográndole la vida. Siempre viajaba en ese tipo de aparatos, y aunque dicen que "al que le toca le toca", los riesgos son mayores en los vehículos de dos ruedas cuando de viajes largos se trata. Algún refranero de esos que abundan en el llano me dirá: "compa, cuando es pa ti ni que te quites".

De manera tal que, "así no más" un día se apagaron la voz y la mente de un virtuoso y extraordinario artista que habitó en este planeta entre los siglos XX y XXI, que por fortuna nació en pampas venezolanas, y al cual tuve el honor de conocer.

En ocasión de un año más de su "ya no está con nosotros", quiero compartir breves anécdotas de este ilustre personaje, incluyendo unas de su último encuentro público con Henry Fuenmayor, las cuales quiero dejar plasmada aquí en este recordatorio:

A decir, de manera subjetiva, de la mayoría de los folcloristas de Colombia y Venezuela, 'Mandinga' fue el mejor coplero de la historia del joropo llanero. Algunos lo emparejan en calidad y nivel con Nelson Morales, otros con el 'Pollo de Orichuna', Francisco Montoya y con Agustín Díaz, y unos cuantos con un contemporáneo y rival suyo: el 'Papelón del Chaparro'. Con este último alternó cualquier cantidad de veces en parrandos y se midió otras tantas en festivales a talento vivo. Como quiera que se haga la lista de los mejores copleros de habla hispana, José Gregorio debe estar ahí sí o sí.

33 años tenía cuando ocurrió el fatídico accidente que cegó su existencia -física-; eso quiere decir que dejó de estar en este mundo en su plena juventud y, además, en un importante momento profesional. "Murió a la edad de Cristo", dijo un locutor en un programa de radio. La última vez que conversé con él lo sentí muy animado planificando lo que sería su hoja de ruta laboral para el siguiente año. Ya estaba súper consagrado como artista y según me comentó en la manga de coleo de Ciudad Bolívar, no preciso ahora mismo la fecha, tenía varios "tigres palabriaos" para cantar con Alexander Tiapa. Ese día en la manga, entre un tema y otro, me habló con mucha ilusión de dos cantantes en dos contextos diferentes:

1. Jorge Guerrero. A su criterio ya en ese entonces el de Elorza había desplazado a Reynaldo Armas como máxima figura del folclor llanero, tanto en Colombia como en Venezuela. Me describió de varias ocasiones en las cuales alternó con ambos, pero quiero destacar una en particular, de cuando, según me dijo, se presentaron en la Plaza de Toros de Valencia.

— Después que cantó Guerrero ahí no quedó nadie y Reynaldo tuvo que cantarle a los puestos vacíos— afirmó con circunspección.

Yo, para provocarlo, le respondí que seguramente él estaba zarataco y encandilado y por eso no vio a la gente que se quedó con Reynaldo. Me respondió jocosamente y casi gritando:

— ¡Qué encandilao un coño, primo. La cerveza vuelve loca a la gente, pero no ciega— me dijo muerto de risa.

Por la forma como se expresaba, se notaba que admiraba y apreciaba mucho al 'Guerrero'. De manera insistente destacaba su humildad y su don de gente.

—Es un carajo sencillo. Así como tú lo ves, así mismito es. No es faramallero y es más criollo que el sabañón en las patas— afirmó al tiempo que escupía un pegoste de chimó.

Yo, desafiándolo y retomando el tema en cuestión, le dije que Reynaldo y Guerrero están a la par y que ninguno era mejor que el otro; pero él me decía y yo le decía. Luego, aquello se volvió pura mamadera de gallo y risas de los presentes cuando alguien dijo que esos dos eran soldados de pelotón a la orden del general Montoya.

2. Carlos Guevara. Hablaba de este cantante convencido de que era la mejor voz que tenía la música llanera en aquel entonces. Relató historias de él y de Guevara en diferentes parrandas, y se refería a él como un amigo leal. Hubo un momento de la charla en que se molestó porque alguien le dijo que ciertamente Carlos Guevara era bueno, pero que él era el 'Mandinga de la copla' y que estaba por encima de ese y de otros cantantes nuevos. Ahí se tornó un poco belicoso y tuvimos que cambiar el tema, porque José Gregorio se picó y se puso pichacoso, mostrando una clara incomodidad por el desdén con el que se habían referido a su amigo Carlos, a la vez que trataban de adularle. Luego, en pleno debate, ya vehemente y subido de tono, alguien hizo sonar un cuatro y vino un chapucero contrapunteo grupal, el cual tuve la oportunidad de dañar y enchabar cada vez que tocaba mi turno, con unos versos de mi 'ensperación'. Por supuesto Romero hacía de las suyas burlándose de cada uno sus rivales de ocasión con versos ocurrentes y graciosos. Recuerdo uno que me dedicó, el cual me lo sé de memoria:

"Este está más asustao

qué el viejo Carmona Estanga,

y por eso es que el Mandinga

va a aprovechar esta ganga.

Con esa barriga grande

se está pareciendo a Juanga;

así no puede puyá

ni puede coleá en la manga".

Carlos murió un mes y medio después del deceso de José Gregorio; el accidente fue el 19 de febrero y murió el 23 de ese mismo mes, de aquel extraño 2007. No lo he verificado, pero he escuchado que el siniestro vial fue casi en el mismo tramo donde había perdido la vida su amigo barinés. Según tengo entendido, es la misma carretera donde dos años antes (otro año caprichoso) ocurriera el accidente en el cual perdió la vida el arpista apureño Daniel Villanueva.

...

Tuve el honor y la 'suerte' de asistir a la velada llanera en la que se enfrentaron Mandinga y Fuenmayor en el Club 'Campestre Los Caobos', de Ciudad Bolívar; última vez que se enfrentaron, hasta donde tengo conocimiento. Ese día no pude conversar con ninguno de los dos. José estaba retirado de donde yo estaba, y apenas pude saludar a Henry; me pasó por un lado y me dijo:

— Épale Gordo— mientras él venía de regreso del baño, y yo iba.

Me llamó la atención que junto a él se desplazaba un séquito de unos cuatro 'tipos', quienes le hacían una especie de cerco. Se estaba secando las manos con un pañuelo y por razones obvias -venía del baño- no nos dimos la mano. Hizo un amago para darme un golpecito en el hombro y siguió su camino; yo seguí el mío no sin antes recibir un "choquecito" hombro-hombro, con cara de rabo incluída, de uno de los guardaespaldas que le acompañaba.

Como yo no pagué entrada (entré gracias al señor Reinaldo o a su hijo 'Topocho', mesoneros del club) no debía ocupar ninguna de las sillas que rodeaban las mesas del salón principal del recinto; y aunque de dos diferentes mesas, por lo menos que yo recuerde ahora mismo, me llamaron para que me sentase a compartir, preferí quedarme ahí diagonal a la tarima para ver los 'toros' de cerca (lo de toros es literal) y porque yo solo tenía plata para autobrindarme un máximo de media cajuela de cervezas. Al final terminé comprando como dos o tres cervatanas, otras -nueve o diez- vinieron desde diferentes flancos del club, y otro puñito por cortesía de unos panas trabajadores de Los Caobos.

Esa gala llanera estaba llamada a convertirse en la parranda del año, pues dos coplerazos y dos bellacos del verso improvisado habían sido convocados para enfrentarse. Mandinga era amargo pa'l contrapunteo y Fuenmayor, lo mismo. Tanto el uno como el otro podía avergonzar a su rival y mancharle la reputación delante de un público calificado (había reconocidos artistas regionales y nacionales en todo el salón). Para poder dar una idea de lo que ambos representaban en aquellos tiempos, en términos de fútbol sería algo así: Papelón era un Messi, Mandinga un Cristiano Ronaldo, y Fuenmayor un Lewandoski. Así de complicada era la situación en aquel entonces.

Muy aparte de lo que tiene que ver estrictamente con las coplas, los presentes en ese lugar desconocíamos que estábamos asistiendo a un evento histórico, pues ese contrapunteo quedaría para la posteridad, además de lo ya mencionado, por otro lamentable motivo: ambos artistas fallecieron de manera trágica en, tal vez, lo más alto de sus carreras (Fuenmayor murió el 7 de agosto de 2005), dejando plasmado uno de los mejores careos que se hayan grabado desde que se lleva registro de este tipo de encuentros llaneros; tanto así que hoy día ese audio es un exitazo que suena tanto como cualquier canción llanera que a usted se le ocurra.

Voy a contar cuatro anécdotas (y una ñapa) de ese día, en el 'Club Los Caobos'.

1. Tanto Luis 'Nono' Bello, animador del evento, como los empresarios que invirtieron plata en esa evento pensaron por un momento que Fuenmayor se había ido con la 'cabulla en la pata'. ¿Por qué lo digo? Ya lo habían anunciado en reiteradas ocasiones para que se presentara en la tarima y el 'Negrito' nada que aparecía. Entonces 'Nono' luego de conversar con los organizadores -visiblemente confundidos por lo que estaba ocurriendo- y luego de varios llamados por el parlante, y con el arpa en tono de 'véngase coplero', ya nervioso y claramente molesto, dio un minidiscurso diciendo, palabras más palabras menos: Henry se comprometió a que iba cumplir no creo que sea tan irresponsable y nos haya quedado mal..., y al poco rato, en medio del discurso de molestia de 'Nono', apareció Fuenmayor con su característica sonrisa y como que si la cosa no era con él. Parece que estaba en su vehículo o conversando con alguien en el estacionamiento del club y por eso no atendía el llamado insistente, y ya molesto, del animador. El susto del 'Nono' Bello & cia fue, seguramente, más por eso de "créate fama...", que por otra cosa.

2. Una de las exigencias que se le hizo a Mandinga para aquella actuación fue que no bebiera absolutamente nada de alcohol antes de la presentación. Los organizadores no querían ningún tipo de novedad generada por excesos etílicos. De acuerdo al relato de una señora cercana a uno de los inversionistas, al parecer se había estipulado que si José Gregorio subía "prendido" a la tarima dizque no le iban a pagar. Efectivamente subió sobrio; de manera que si esa fue la exigencia, cumplió y cobró.

Hubo un tiempo en que Mandinga no atendía consejos respecto a controlar la bebida. Era un papaupa y un coplero sin rival, pero no había madurado lo suficiente para llevar una vida de artista/empresario. Ya en los últimos tiempos me cuentan que sí asentó cabeza y pensaba más en producir dinero para su grupo familiar que parrandear y despilfarrar dinero bebiendo con los amigos. Para finales de 2006 ya era otro Mandinga, mucho más enfocado y profesional; para principios de 2007, murió. "Así es la vida", diría Dámaso Figueredo.

3. Como es bien sabido por todos, el contrapunteo entre ambos, ahí en los Caobos, estuvo dominado por Henry en la primera parte, pero de la mitad hacia el final Romero tuvo claro dominio. El punto es que cuando el de Caicara empezó a sentir que el arismendeño se le venía encima, mandó parar el arpa. El público estaba cara a cara con los cantantes y creo que por ese motivo nadie se dió cuenta de lo que ahora relato, pues todos estaban de frente al entarimado. Quien esto escribe, como dije antes, estaba diagonal a los artistas y pude ver cuando Fuenmayor se llevó el puño a la espalda baja, a la altura del sacro, e hizo un gesto típico entre cantantes y músicos que traduce: cesar, páralo ahí, stop. El arpa paró y fue tabla...por lo menos a mí criterio.

4. De buena fuente me informé que uno de los miembros del comité organizador del evento tenía la intención de hacer quedar en ridículo a Henry Fuenmayor trayéndole a Mandinga a su propio patio. El oriundo de tierras coroberas no era santo de la devoción de este personaje -del comité- y estaba confiado en que la pela sería de santo y señor nuestro, a favor del barinés.

Por lo menos a mí me consta que uno de las personas clave que estaba al frente de la organización le tenía arrech... a Henry de una forma casi visceral. Si esa rabia le llevó a alguien a organizar un evento para que Mandinga liquidara, en coplas, a Fuenmayor, debe agradecerle a este último el hecho de que le haya permitido recaudar una importante cantidad de dinero, ya que esa noche fue un full en la taquilla y en el consumo (no por mí, por cierto). Más allá de que los invitados de lujo eran Montoya y Argenis Salazar, el morbo era del mano a mano entre el papaupa de un lado del río Orinoco, contra el papaupa del otro lado del río.

*Ñapa. Fuera del enfrentamiento entre Henry y J. Gregorio, quiero contar algo que tal vez no tenga importancia: en un momento de la noche me acerqué a la mesa de una de las artistas invitadas: la 'Mata copleros', Nubia González (quien en ese momento estaba embarazada), y le pregunté, solo, por curiosidad, si entre tantas parrandas a la que había asistido a lo largo y ancho de Colombia y Venezuela se había medido en coplas a Rummy Olivo. Me dijo que no. Yo pensé que siendo ambas apadrinadas por Reynaldo Armas tal vez las pudo haber careado o que algún empresario se había interesado en este tipo de espectáculos, pero yo estaba equivocado.

Es una verdadera lástima que no haya quedado más material grabado en vivo del 'Mandinga'. La mayoría de lo que se conserva son genuinas joyas del talento de la mente humana, pero lo que no se grabó lamentablemente se lo llevó el viento y ahora solo quedan los cuentos e historias de una leyenda llamada José Gregorio Romero, el Mandinga de la copla. La reencarnación de Florentino Coronado.

...

"Después no digan que el tiempo es malo". GOYA.

 



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