La Impunidad burguesa está inscrita en las Compañías Anónimas

Buena parte del acervo de artilugios contra impuestos, maquillajes económicos y evasión de la penalidad tributaria personal tienen un origen medieval angloitaliano. En la Historia de la Economía Universal hallamos sus correspondientes soportes (Cf. Barnes, H. E., Historia de la Economía del Mundo Occidental/Uteha).

Y ocurrió que el posterior e incontrolado desarrollo comercial e industrial moderno perfeccionó tales mecanismos contables, y así fueron robustecidas las llamadas Sociedades Accionarias Anónimas hasta dotadas de personalidad jurídica independiente.

De esa manera los burgueses e inversionistas varios lograron proteger no sólo el resto de su patrimonio personal, más allá de su finito paquete de acciones puntualmente compradas en tal o cual compañía anónima, sino hasta hallarse al margen de la justicia con la quiebra misma de semejantes personas, en casos de mala praxis mercantil. Muere la empresa accionaria, pero incólumemente le sobreviven sus ex accionistas listos para resucitar empresas afines o de cualesquiera otros ramos.

De perogrullo, cuando los compradores de mercancías adquieren estas de productores e intermediarios constituidos en compañías anónimas accionarias desconocen a quiénes les están comprando, sólo conocen la marca o razón comercial y a los asalariados del caso, y hasta desconocen que si incoan una demanda contra alguno de esos *empresarios* jamás la justicia alcanzará a personas de carne y hueso, sino a entelequias jurídicas interesadamente establecidas para proteger la impunidad de sus dueños.

Las compañías anónimas representan la más acabada forma de impunidad. Ante semejante burla de la Justicia, los consumidores deberían organizarse para que constitucionalmente sea abolido este tipo de empresas de capital. Decimos que los capitalistas actuales pueden seguir invirtiendo capital asalariable, pero dejando claramente definida la responsabilidad personal de cada burgués metido a empresario.

Porque si los más connotados representantes de la sociedad burguesa son personas de partida intocables, ¿qué podemos esperar de los burócratas quienes de alguna forma reciben de aquellos todo el apoyo financiero para sus champañas, además de que tales incógnitos representan el principal motor de la economía que pretenciosamente administran los gobernantes en cuestión?


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Manuel C. Martínez M.


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