“Bachaqueros” no provienen del Planeta Marte, producto Social del paternalismo de Estado

Por aquí hemos criticado confundir solidaridad con asistencialismo, recordemos que una de las practicas político-sociales más detestables durante los gobiernos del pacto de punto fijo fue el asistencialismo al extremis. Una especie de “Beneficencia Social” que se burlaba y apartaba a un lado los reales problemas de los ciudadanos. Láminas de zinc, bloques, arena, cabillas, etc., fueron repartidos a los ciudadanos de bajos recursos para que de una manera u otra fabricaran sus ranchos, bajo diferentes lemas, como por ejemplo “Democracia con Energía” , todo esto conllevo a socializar la pobreza en Venezuela. El pueblo veía el asistencialismo como una salida a sus problemas, y los gobiernos adecos y copeyanos lo utilizaban para ganar adeptos y votos sin mucho esfuerzo. El pueblo se acostumbró a recibir dadivas sin esfuerzo alguno, el carnet del partido de gobierno era la llave para recibir su cuota benéfica, convertida en láminas de zinc o potes de leche, o alguna que otra beca para paliar su crisis económica. Este bacalao populista lo hemos mejorado en tiempos de revolución.

Una Revolución debe ser solidaria, no puede ser asistencialista, no puede convertirse como muy bien lo hicieron los adecos y copeyanos en un gobierno de beneficencia. La entrega de casas puede ser tomado como una medida solidaria, pero cuando ocurren distorsiones, discriminación, desvió, amiguismo, negocio, y prebendas políticas, no es un acto solidario sino corrupción. Igual sucede con la ayuda solidaria a través de los diferentes subsidios en alimentos que distribuyen Pdval, Bicentenarios, Mercales, etc. Cuando solo un sector de la población es beneficiada, aquí estamos en el fenómeno del sectarismo político, caemos en el grave error de buscar votos y complacencia utilizando herramientas asistencialistas, la cuales provienen de activos de la nación, por tanto, deben llegar a todos los ciudadanos sin distingo de ideología o tendencia política.

La famosa economía subterránea, mal llamada buhonerismo, hoy en día, se ha convertido en un dolor de cabeza para el poder político central, no así, para empresas oligopólicas como la polar, que venden sus productos como pan caliente sin importar adonde van a parar, si es hacia la frontera, o internamente a los famosos “bachacos fundilluos”. Las “hormiguitas”, quienes gastan todo su tiempo para adquirir productos subsidiados por las divisas de todos los venezolanos, hacen el trabajo sucio, estos ciudadanos que practican esta ardua tarea de realizar colas desde madrugada reciben apoyo financiero de los “Bachacos Fundilluos”. Llamar a las “Hormiguitas” delincuentes, como bien lo hizo el alcalde de Puerto Cabello, es una aberración política. Colocar el mote de “Casimiro” a un muñeco o maniquí para denigrar de los que por búsqueda de sustento utilizan ese comercio, es una ofensa a la venezolanidad y a quienes bautizan con ese nombre, el cual todos conocemos tiene un arraigo de pueblo.

A quienes hay que buscar, y meter presos no son a los que por motivos económicos hacen las colas para revender los productos, sino, a quienes financian a esas hormigas. No hemos visto a un solo chivo financista metido en la chirola, cuando todo el mundo sabe que, el pueblo revendedor que adquiere miles de productos, no tiene dinero para tales compras, ellos apenas son utilizados como herramienta o hilo conductor para que el bachaco fundilluo tenga mayores ganancias. Los ciudadanos siguen siendo utilizados, unos como compradores(hormigas), otros como centro de acopio ( misión vivienda), y otros como revendedores(Buhoneros), “mientras el bachaco fundilluo goza una y parte de la otra” ( Alí Primera dixit).

El gobierno central, sabe muy bien, como también lo sabían los adecos y copeyanos que, en tiempos de elecciones, no se pueden tomar medidas que puedan afectar a los que menos tienen. Las “Hormigas” provienen de sectores depauperados por el sistema económico venezolano. En los recorridos que hemos realizado en diferentes estados, (Aragua, Carabobo, Yaracuy, Zulia), la gran mayoría quienes practican el bachaquerismo son desempleados crónicos, estudiantes cesanteados, madres abandonadas y uno que otro mata tigre profesional, sin olvidar los indocumentados. Lo único cierto de todo esto y peligroso, es que ellos ven esta práctica como algo legal (algunos piensan tener el apoyo del gobierno central), como un oficio, como un trabajo, de hecho utilizan hasta 14 horas de su tiempo de vida útil. Pero no es fácil este “oficio”, se necesita paciencia, suerte, dinero y esfuerzo físico. Podemos decir que todas esas virtudes menos el dinero lo tienen los sectores empobrecidos por el capitalismo, que ven en esta “practica económica” una herramienta para seguir “vivir muriendo” (Chávez dixit).

Debemos aclarar que no estamos de acuerdo con esta práctica ilegal, pero para poder desaparecerla tenemos que atacar las verdaderas causas. La pobreza es una, el asistencialismo proveniente del “Papá Estado” es otra, la búsqueda de dinero fácil por parte de los “bachacos” es otra. Sobre el paternalismo de estado debemos acotar que ese fenómeno no es nuevo en el país, ni siquiera en nuestra américa. Debemos recordar que Venezuela es un estado eminentemente presidencialista, no olvidemos como bautizaron a Rómulo Betancourt con el mote de “El Padrecito”, no había nada que se hiciera sin la venia del “Brujo de Guatire” , en estos nuevos tiempos, la figura paternal del Presidente Chávez sigue vigente, es decir, el estado venezolano ha estado siempre regido bajo el paraguas de un hombre fuerte. Páez, Gómez, Betancourt, Chávez, los dos primeros como dictadores y los segundos en la etapa seudo democrática.

Uno de los grandes errores cometidos durante el tiempo que abarca el punto fijismo y la revolución bolivariana es haber acrecentado el paternalismo de estado. Los ciudadanos conscientes o no, creen que todos los problemas debe resolverlo el estado, y que sin casi o ningún esfuerzo de parte de ellos, el estado debe resolverle la vida.

Craso error desde la revolución, tratar de cancelar la deuda social con dadiva populista, y confundir solidaridad con beneficencia……Aun no vemos la luz al final del túnel…



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Pedro Patiño

Químico, Investigador de Asuntos Económicos e Históricos, Analista Político, Eco socialista y Bolivariano.

 pedro2.patino@gmail.com      @pjph

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