Más sobre esta guerra económica

No es del todo verdad que a EE UU, por ejemplo, le interese abaratar el precio del petróleo y de otros recursos naturales o artificiales complementarios para apoderarse de buenas reservas, y con estas mover garantizadamente y con bajo costo su gigantesca economía afirmada en no menos ingentes toneladas de barriles de petróleo que muevan sus máquinas productoras de plusvalía.

 

Alguien dirá: ¿cómo queda la ley de oro de la economía burguesa, esa de mínimos costes con máxima ganancia? Bueno, sencillamente, cuando entendamos que no basta comprar a bajos precios, sino saber aprovecharlos, no despilfarrarlos, porque de poco serviría comparar medios baratos para luego subutilizarlos o despilfarrarlos de alguna manera, así como de mucho serviría comprara caro los mismos bienes y utilizarlos con máximos rendimientos, cosas así. No se pierda de vista que la empresa burguesa se elimita al traslado de los costes formativos de los precios de venta, razón demás para corroborar que rige cierta indiferencia ende la baratura o encarecieminto de los costes, porque, además, todo dependería, en última instancia en que el mercado tolere precios elevados, y esto es de perogrullo porque de otra manera no estaríamos hablando sobre este tipo de empresa. An tes de emprender la producción de plusvalía, como esta debe realizarse, lo ´primero que estudia este explotador e su potencial mercantil.

 

Para ningún empleador es determinante el precio de los medios de producción, cuando este escape al control dominante de su poder político. Lo que subyacentemente hace la economía empresarial burguesa es garantizarse el atraso permanente o subdesarrollo de las economías proveedoras de esos recursos.

Es claro que sin dinero no hay desarrollo industrial posible. Y es claro también que tan pronto se desarrolle un país proveedor de materias brutas y primas necesitará esos mismos recursos para su propio desarrollo dinámico y estable.

 

El bajo precio del petróleo sólo obliga a los países exportadores a incrementar su oferta a fin de dotarse de mayores ingresos presupuestarios en moneda extranjera, pero hasta allí. Lógicamente, a mayor oferta, precios en baja, pero este bajo precio ya no lo induce la competencia libre, sino la tolerancia y complacencia de los gobiernos en juego.

 

 

 


[1] Los estimados lectores de estos medios deben mantener muy presente que todas estas ideas o producciones literarias tienen autoría. En este sentido, es de suponerse que su uso por terceras personas no debe ser con fines   crematísticos, y las citas que hagan referencia a estos contenidos deben estar debidamente soportadas por sus correspondientes autores y medios de divulgación involucrados. Curiosamente, con las citas bibliográficas nos desembarazamos de las posibles equivocaciones que todo escrito pudiera cometer.



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Manuel C. Martínez


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