Ese
mismo día se realizó la denuncia ante el CICPC, y al día siguiente se le pasó
una comunicación a la Directora del
Plantel (Mirna Rodríguez) para que como representante de la escuela se avocara a gestionar ante los organismos la
solución del caso, puesto que desde un principio, evadió su responsabilidad
aludiendo que ésta era exclusiva de los padres.
Casualmente
ese mismo día asistió el Supervisor de la Parroquia por el Distrito escolar (Cruz
Aníbal Asencio) a una asamblea de Padres y Representantes quienes solicitaban
la destitución de la Directora (en 7 años de gestión no ha presentado una
memoria y cuenta), el señor (Asencio) extrañamente justificó a la directora, y
nos hizo ver que no se podía hacer más nada.
Este
tipo de actitud indolente, burocrática e inepta, tanto de la directora como la
del representante escolar la confrontó mi esposo, por lo que ambos de manera
cínica e hipócrita manifestaron que “harían
todo lo posible para solucionar el caso”. Tanto es así, que aún recibiendo
un memo de la defensoría escolar para que se avocara al caso lo refirió de
manera burlona a la maestra, y dos
semanas después todavía no había hecho nada. Es un irrespeto total a las
instituciones. Es como que Chávez le sabe a mierda, y hace como directora lo
que le da la gana.
Me pregunto para qué tenemos en una escuela bolivariana a maestras y directoras que abiertamente hablan mal de Chávez y de este Gobierno. Y que los padres no podamos denunciar porque nos encontramos con esta estructura viciada y contrarrevolucionaria. Esto pasa en esta escuela Bolivariana.
La
bendición que era la computadora Canaima se ha trasformado en una maldición
para mi familia. Mi pequeña hija siempre ha tenido una gran afinidad por el
Presidente a quien siempre ha visto como su tío lejano a quien desde hace mucho
quiere abrazar.
Cuando
se enteró que iba a recibir una computadora Canaima, se la pasaba preguntado
por los programas, las clases, quería aprender y saber de todo referente a la
Canaimita como ella la llamaba, preguntaba cuándo iba a recibirla, cómo iba a
hacer Chávez para entregarles las computadoras a todos los niños, que si Chávez
se la iba a entregar a ella en sus manos, pensaba cómo la iba a cuidar para que
le durara toda la vida, en qué parte del cuarto la iba guardar para que no le
cayera polvo, le hizo un bolsito de tela roja para cuando la tuviera y poderla
llevar a la escuela, le hablaba a la abuela de su Canaimita que todavía no
había recibido, planificaba cómo su mamá y su papá la tenían que llevar a la
escuela para que los malandros no le quiten el regalo que le iba a dar su tío
Chavecito como ella le dice a nuestro presidente. Toda esta bendición de
felicidad se hizo realidad para mi hija el pasado 05 de Febrero, cuando recibió
su Canaimita. Realmente nos trasmitía su felicidad. Aparte de los logros de las
misiones, Barrio Adentro, Mercal, etc, por primera vez veíamos que Chavecito se
había metido en la intimidad de nuestro hogar, y qué agradecido estábamos con
su intromisión, lo veíamos como después de tantos años de disfrutar los logros
de la revolución en cuanto políticas sociales y económicas, lo veíamos como
directamente hacía feliz a los niños, a nuestra hija, es ver cómo cambia su
comportamiento, es ver cómo hace consciente su identidad de niños felices que
planifican y disfrutan el ser tomados en cuenta. Tratábamos de ir al paso de la
niña, de su felicidad, de su entusiasmo. De verdad que nunca un cambio tan
fundamental había sucedido en la casa, gracias señor presidente.
Pero este mar de dicha, de felicidad sólo duró cuatro días hasta el momento que le hurtan a mi niña su Canaimita en el mismo salón de clases, uno no se puede imaginar el impacto de este evento, hasta ver el comportamiento de la niña. Ella no entiende cómo en su propio salón de clases le quitan su Canaimita, no entiende de trámites, de burocracia, es un choque para ella ver a sus compañeritos cada uno con su Canaima y ella no tener la suya. Estar tanto tiempo pendiente y pensando en su Canaimita y que de la noche a la mañana ya no está. La niña ya no juega, se la pasa pensando en lo que ha sucedido. No quiere ir a clases, casi no quiere comer. Mi esposo que es mi fortaleza y que está acostumbrado a estos avatares de la vida por tener un origen humilde y de lucha, ha pensado hasta en acciones extremas, las más leves es declararse en huelga de hambre y encadenarse al portón de la escuela, cosa que hasta ahora yo he evitado. Él no muestra dolor ni lo trasmite, pero lo siento. Siento tanto el dolor de mi hija como el de él y es lo que ha hecho que mi hogar ya no sea el mismo. Me da una tremenda indignación el que hayamos hecho todas las diligencias a nuestro alcance y más, y no tengamos a quien más acudir, el desamparo es total.
Fuimos
unos de los que le entregamos cartas (de esos que entregan papelitos a nuestras
autoridades) a nuestro canciller Nicolás Maduro, nuestro Diputado Diosdado
Cabello, nuestro Ministro de Defensa General Mata Figueroa, enviamos
comunicación a Chávez Candanga, y hasta ahora sólo nos han respondido de Chávez
Candanga y Diosdado para decirnos que la solicitud está en trámite. Entiendo
que deben ser miles las solicitudes, pero mientras tanto que hago con mi hija,
la fuerzo a que vaya a la escuela sabiendo que es en contra de su voluntad por
algo en la que ella no tuvo la culpa, la dejo tranquila con su depresión en la
casa, a ver si alguna vez lo logra superar, o la llevo a un psicólogo carero
para que le refuerce el trauma. Si se atacara de verdad esta actitud inhumana,
prepotente, contrarrevolucionaria, mezquina, burocrática, insensible de las
personas que representan a las instituciones no haría falta estar entregando
papelitos a nuestros compatriotas.
A través de este mensaje no estoy pidiendo consuelo sólo permítanme expresar la enorme impotencia que esto me da y drenar la tremenda arrechera de saber que estamos en un proceso revolucionario donde los revolucionarios que hacen Gobierno han permitido que los contrarrevolucionarios estén a sus anchas desmotivando al pueblo llano con casos como éstos en este andar de transformación.
A todas estas, quería resaltar que a pesar de todo el tiempo transcurrido y las diligencias hechas fue, por intermediación de la Defensoría Escolar del Distrito, que logramos que el CICPC le tomara, por lo menos la declaración a la maestra y eso es todo lo que se ha hecho. Lo que si me quedó claro luego de una reunión entre la Defensora Escolar, la Directora de la escuela, la maestra, la asesora legal de la defensoría de la Zona Educativa y los afectados, es que le tenemos que hacer el trabajo al CICPC y buscar nosotros el equipo, que la Zona Educativa y por ende el Ministerio de Educación son indolentes ante la situación emocional y educativa de la menor aparte de incapaces de resolverla, que los padres dejamos a nuestros hijos con sus canaimitas en las escuelas públicas a su cuenta y riesgo, porque si suceden cosas como ésta nadie responde.
Estoy consciente que organismos como el CICPC tienen muchos casos que atender, pero si se resolvieran casos como estos seguramente serían ejemplarizantes y servirían de algún modo para persuadir a quienes quieran cometerlos.
Con este escrito solo me queda abrigar la esperanza de que a mi hija se le restituya su bienestar emocional, ya no a través del rescate del equipo por parte del CICPC, sino a través de la sustitución de su Canaimita por parte de la Zona Educativa o directamente por parte del Ejecutivo, pero de verdad que ya no sé qué más hacer ni a quién más acudir.
avvivas2@gmail.com
Yosbely Berra
PD. Unidad Educativa Bolivariana Cachamay, Puerto Ordaz, Estado Bolívar (Directora Mirna Rodríguez)