La contradicción fundamental

LA CONTRADICCIÓN FUNDAMENTAL
Una de las cosas que tengo que agradecerle a la providencia es haber asistido a clases, seminarios, foros y eventos, incluyendo los del recordado Instituto Ezequiel Zamora, en los cuales tuve la oportunidad de conocer aspectos muy importantes de las más conocidas teorías políticas, sociales y económicas.
Y entre las muchas ideas que recuerdo, hay una que más de un expositor consideró vital para un manejo político acertado: Definir la contradicción fundamental existente en la sociedad en cada momento histórico, la que marca su ritmo. De lo correcto del análisis y de los pasos que se tomen para resolverla dependerá el éxito de una organización política o de una nación.
DESARROLLO VS. DOMINACIÓN
En mi opinión, la contradicción fundamental en la sociedad venezolana es la que existe entre el deseo de nuestro pueblo de alcanzar su desarrollo y los intentos de las burocracias que detentan el poder en las grandes potencias de impedirlo. En realidad esta contradicción también es la determinante en todos los países subdesarrollados del mundo.
Para afrontar exitosamente esta contradicción, es necesario responder interrogantes básicas como: ¿Por qué surge?; ¿Es igual a otras relaciones de dominación del pasado?; ¿Cómo superarla?
La primera pregunta tiene una respuesta bastante sencilla. En efecto, la combinación de un sistema capitalista, cuya condición natural es su tendencia al crecimiento con el aumento experimentado de la población mundial a cerca de seis mil millones de habitantes, producto de las mejoras sanitarias y de alimentación, plantean un gravísimo peligro para el mantenimiento de los estándares de vida en los países desarrollados, dado que, los recursos naturales no renovables existentes en el planeta no serán suficientes si las naciones hoy subdesarrolladas comienzan a incrementar sus niveles de vida y de consumo.
Esta idea la expresó claramente el presidente del Fondo Mundial para la Naturaleza, y expremier de Holanda, Ruud Lubbers al decir “si la población de los países en desarrollo consumiera tanto como las personas de los países más ricos, la raza humana necesitaría de otros dos planetas Tierra para satisfacerse.” Tomado de la página Web de CNN en español. Octubre del 2000
Un ejemplo basta para ilustrar esto. Por cada automóvil adicional que adquieren los consumidores en los países subdesarrollados, al menos unos 30 litros de gasolina semanales se gastan para siempre de las reservas de crudo existentes. Bueno, no sólo la gasolina, sino en el caso mostrado del automóvil, también se afecta el plástico, los minerales no reciclables, la contaminación, etc. Como muestra de ello, basta ver el impacto que en las reservas y en los precios del crudo y de otros minerales, ha significado el incremento en la producción de vehículos de China en los últimos años, que ha llegado a 5 millones de vehículos anualmente, y que en poco tiempo superará a Estados Unidos en ese rubro.
¿POR QUÉ NACE EL NEOLIBERALISMO?
Ante ese peligro real, nació en los países desarrollados la imperiosa necesidad de estructurar un sistema de dominación tal que impida que crecimientos como el experimentado por China se reproduzca en los países subdesarrollados. Sistema éste bautizado como neoliberal.
Para estructurarlo, los ideólogos de las naciones dominantes rescataron del olvido argumentos anticientíficos, que con la etiqueta de liberales, habían logrado cierta popularidad en los siglos XVIII y XIX, mezclándolo con acciones muy precisas y muy bien estudiadas y que luego “vendieron” a dirigentes incautos o ambiciosos de los países pobres.
Este conjunto de medidas que pretenden imponer es muy extenso, y es imposible detallarlos en este artículo, pero hay que resaltar que el objetivo fundamental es impedir el desarrollo local de una actividad productiva industrial consumidora de recursos no renovables en los países subdesarrollados, buscando desde la imposición de una deuda externa, cuyo pago impida la formación de un excedente monetario que se pueda convertir en capital, cuestión ésta vital en un sistema capitalista, hasta el control del sistema financiero, pasando por la compra o cierre de industrias locales, la reorientación de la producción en los países pobres hacia la agricultura y la ganadería y la inhabilitación del Estado como ente crediticio y empresario, entre otras medidas.
El gancho para hacer digeribles estas medidas es la manipulación del argumento de la llamada “Inversión Extranjera”, el cual tomaron de la tesis leninista, ampliamente aceptada en los círculos académicos, que expresa que en el capitalismo, el desarrollo económico de los países del centro produce una acumulación de ganancias tal que necesita, obligatoriamente, drenar ese excedente hacia los países de la periferia, adquiriendo la forma de “Inversión” y que ella traerá apareada un desarrollo económico creciente en los países receptores, o para decirlo en las palabras de Lenin “La exportación de capitales repercute en el desarrollo del capitalismo dentro de los países en que aquellos son invertidos, acelerándoles extraordinariamente” tomado de “El Imperialismo, fase superior del capitalismo”, Obras Escogidas, Editorial Progreso, 1969, Página 218.
Entonces, el truco consiste en convencer a los líderes de los países subdesarrollados de que, si implantan las medidas recomendadas, los dueños del capital excedente en los países del centro se sentirán motivados a invertir, llevando beneficios en empleo y calidad de vida para sus pueblos.
Para que este plan pueda tener éxito, la burocracia dominante de los países ricos necesita contar con una base económica, social y política dentro de los países pobres. Para lograrlo, les ofrecen a los sectores económicos el disfrutar de los beneficios de ser representantes, proveedores o comercializadores de las empresas extranjeras, (algo así como los disfrutados por la llamada burguesía importadora de las colonias); y a los sectores políticos la garantía de que, con la riqueza que genere esas inversiones, van a tener recursos suficientes para atender las necesidades de la población y así perdurar en el poder. Esto último ha hecho que cada gobernante neoliberal que llega al poder sueñe con permanecer décadas en él, y piense que será recordado como el gran benefactor de su pueblo. En realidad, esos pobres diablos terminan en el basurero de la historia.
Claro, los promotores del neoliberalismo ocultan los verdaderos mecanismos internos de sus economías, que no precisan de la exportación de capitales, por lo menos en el volumen y en las áreas que requirieren los países subdesarrollados, convirtiendo la famosa “Inversión Extranjera” en un descomunal fraude. Una primera aproximación a como han resuelto los teóricos de los países ricos en el pasado los problemas que trae apareado el crecimiento económico, lo explica muy bien el economista austriaco Adolf Kozlik en su obra “El capitalismo del desperdicio”.
En otras palabras, esta dominación neoliberal se diferencia de anteriores dominaciones coloniales en que ahora el objetivo ya no se limita a mantener un intercambio desigual, en que los países de la periferia se limitaban a suministrar materias primas y a importar los bienes elaborados en el centro y se permitía cierto grado de independencia local en el manejo de las estructuras sociales. No, ahora se trata, además de eso, de que los países neocolonialistas tratan de imponer, por las buenas o por las malas, una organización social tal, que impida nuestro desarrollo industrial. En eso no aceptan medias tintas.
FALTA UNA DOSIS DE REALISMO
Por eso es que resulta preocupante ver a personajes de este gobierno expresar que con el referéndum del pasado 15 de agosto se zanjan las diferencias con Estados Unidos, e incluso afirman que se ven con optimismo las futuras relaciones con Estados Unidos. Piensan que se les permitirá no seguir las recetas neoliberales en su totalidad.
Parece que no ven los noticieros internacionales. Por ejemplo, una noticia de la BBC el pasado 2 de Octubre señalaba, en el mismo momento en que nuestros funcionarios hacían las declaraciones antes comentadas que: “El secretario del Tesoro de EE.UU., John Snow, atribuyó los altos precios a la falta de estabilidad de los mercados. Según él, "lo que vemos en Irak, en Nigeria, o más recientemente en Venezuela genera preguntas y causa incertidumbre en el mercado".
No hay peor ciego que el que no quiera ver, el problema es que todos vamos a pagar los platos rotos si se sigue con esa ceguera.
Estados Unidos va a tratar de impedir que no se apliquen en su totalidad las medidas neoliberales de dominación, y menos, por supuesto, que empresas de la importancia de PDVSA sigan en poder de la nación venezolana. Eso no se duda.
Este objetivo es lo que explica el porque el mismo 15 de agosto, se envió la orden desde Washington de denunciar al referéndum como un fraude, de elaborar consignas como “Resistir”, de presionar para correr las elecciones regionales para una fecha posterior a las elecciones presidenciales de Estados Unidos, para que el nuevo presidente tenga las manos libres para intervenir en Venezuela ante cualquier acontecimiento que se salga de control con motivo de las elecciones regionales.
Asimismo, el gobierno debe aprender de la experiencia de Irak. Allá, de acuerdo a dicho por la hija de Sadam, su derrocamiento fue posible porque la plana mayor de su ejército ya estaba complotada con el mando norteamericano para entregarse. Por cierto que Sadam estaba convencido que Estados Unidos nunca invadiría Irak. El que vive de ilusiones se muere de desengaños.
Y si eso lo hizo la CIA en un país que vivía bajo una férrea dictadura, que no estará haciendo en la actualidad en Venezuela que vive bajo una absoluta democracia. Seguro que debe estar buscando penetrar mandos militares para sincronizar acciones golpistas con acciones insurreccionales civiles. ¿Y que mejor momento que las elecciones regionales?
Esa traición fue posible en Irak, porque Estados Unidos aprovechó la estructura vertical de su ejército. Nuestra estructura militar también es así. De eso me comentó un amigo que estuvo en la manifestación frente a Miraflores el jueves 11 de abril. Me explicó que durante toda la tarde efectivos militares defendieron el palacio de las hordas opositoras con bombas lacrimógenas, pero, al sumarse sus comandantes al golpe de estado, los mismos efectivos que repelían a los opositores se voltearon hacia los manifestantes chavistas, y le conminaron a retirarse, so pena de ser reprimidos. A las 9 de la noche no quedaba nadie en la calle.
En Irak, Estados Unidos disolvió el ejército y están tratando de crear una Guardia Nacional Policial. Aquí, probablemente, hagan lo mismo si triunfa Estados Unidos. Ya lo trató de hacer el equipo de gobierno vendepatria de Carlos Andrés Pérez. El gobierno debe ponerse las pilas, sino quiere que se instale el fascismo en Venezuela
LA UNIDAD, LA ÚNICA SALIDA
¿Ahora bien, como pueden nuestros pueblos alcanzar el desarrollo y la prosperidad y evitar la trampa neoliberal? Únicamente con la unidad. Unidad de nación dentro de cada país y Unidad de Naciones a nivel subcontinental, por ejemplo, constituyendo una Unión Latinoamericana de Naciones, fuera de la OEA y que sea la instancia política necesaria para la integración.
Esto, que parece tan obvio, tiene enemigos poderosos dentro y fuera de nuestras sociedades. Los de afuera, maximizando conflictos dentro de nuestras sociedades, manipulando sentidas reivindicaciones, como el asunto indígena o las luchas laborales, para propiciar luchas intestinas que impidan la consecución de la unidad de nación, tan necesaria para afrontar nuestro futuro. Cada vez que veo a alguien vociferar de luchas a muerte en contra de oligarcas y ricos, y de pueblos indígenas, me lo imagino manipulado por los agentes de la dominación neoliberal.
Si bien la consigna de la “unidad de nación” no puede servir de escaparate para permitir situaciones de profunda injusticia social en contra de las grandes capas de la población, tampoco de debe aceptar que los reclamos justos de los sectores más desposeídos sirvan de apalancamiento para fragmentar la sociedad, y así, facilitar la dominación neoliberal.
En el campo interno, los primeros enemigos provienen del campo de los que defienden la implantación de una dominación neoliberal, bien por oportunismo o por convencimiento, y que para sustentar sus posiciones acuden a descabellados argumentos, desde el famoso diamante de Porter, hasta la supuesta conducta competitiva, completamente animal, de los seres humanos.
Los otros grandes enemigos de nuestro desarrollo son algunos sectores de la llamada izquierda, que tienen conductas políticas jurásicas, basadas en argumentos obsoletos, que no se han dado de cuenta de los cambios experimentados, no sólo en el mundo real, sino en el mundo de las teorías.
El tercer factor está integrado por aquellos que defienden un status quo que les proporciona importantes privilegios, que se resisten a los cambios, pretendiendo dejar todo como está. Cosa que en las actuales circunstancias es imposible.
El cuarto factor lo constituye los conflictos internos surgidos en el tiempo dentro de nuestros pueblos, como el asunto de la salida al mar de Bolivia; Los problemas limítrofes entre Venezuela y Colombia o entre Perú y Ecuador; el complejo de Gran Potencia de los sectores más retardatarios brasileños etc.
La meta de las naciones latinoamericanas es por su desarrollo y prosperidad, y su expresión social es la lucha entre los vendepatria que apoyan la dominación neocolonial que representa el neoliberalismo y se oponen a la integración latinoamericana, y los patriotas que luchan por que se hagan realidad los sueños de nuestros libertadores. Aquí no puede ni debe haber ninguna transigencia. En ello se va la vida de nuestros pueblos.
Está claro que la brutal presión que ejerce el crecimiento demográfico de la región sobre la dirigencia va a llevar, más temprano que tarde, a imponer la constitución de una instancia política multinacional. Y es que la necesidad vital de la integración se hace cada día más evidente. Por ejemplo, la periodista Luz Mely Reyes, quién visitó recientemente París invitada por el gobierno francés, expresó a su regreso, después de numerosas reuniones con “altos funcionarios, empresarios, académicos y representantes de distintos sectores” su convencimiento que: “...la globalización llegó para quedarse; los países agrupados en bloque tienen mayores posibilidades de negociar...” (Diario Ultimas Noticias, 3 de Octubre, página 15)
Vista esa situación, la conclusión es que estamos en profunda desventaja, con un Mercosur que no posee rango político, sino meramente económico, y una OEA que sirve sólo para defender los intereses norteamericanos en la región. Es imperativo cambiarla, es imperativo construir nuestro propio bloque latinoamericano para tener éxito.
Es vital, entonces, propiciar un ambiente de discusión de este tema fundamental, y si los partidos políticos y las organizaciones sociales existentes no se asoman a estas nuevas realidades, se impone la constitución de un movimiento político a nivel continental que, por una parte denuncie el sistema de dominación neoliberal, y por la otra, proponga una plataforma de organización y de acción política que permita alcanzar la verdadera integración latinoamericana.


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Carlos Enrique Dallmeier


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