La medicina sistémica: comercio médico o el retorno de los brujos

I
Hace pocos años, tuve parecido enfrentamiento contra lo que se llamaba, “la medicina biológica”. Primero, una inconsistencia i desconocimiento de la lengua española i el significado de las palabras que, es distinto al sentido. ¿Acaso la medicina tradicional, alopática, científica o como quieran llamarla, no es biológica? ¿Es que la medicina como ciencia, tal como se enseña en las universidades i tiene reconocimiento universal, tiene apellidos? Para aquel entonces, un pirata de la profesión, trajo a la televisión i recibió amplio respaldo de un soberbio i poco culto entrevistador de oficio, un aparato que parecía una lavadora, con un cable provisto de un puntero con el cual tocaba dedos de manos o pies, “examinado” la aurícula derecha, algún lóbulo pulmonar, la cúpula de un riñón o hasta localizaciones cerebrales, para hacer, así de fácil, diagnósticos precisos. Por ejemplo, le tocaba los dedos amarillos por el fumar por años i le preguntaba ¿Usted fuma, verdad? ¿Usted tiene tos persistente, cierto? I el entrevistador se asombraba de lo maravilloso del diagnóstico, algo parecido al chiste del anillo con “piedra de zamuro” i la lucecita introducida en la garganta, pero que veía hemorroides. Para colmo, la “lavadora” tenía una caja, donde se colocaban potecitos con yerbas medicamentosas, i por fuerza electromagnética que traspasaba potes plásticos, indicaba cual tratamiento era el adecuado e infalible. Este estafador, era realmente médico, pero convertido en brujo, como en una novela de Roman Roland, donde el profesional escondió su título i se ofreció de curandero, aunque no con la intención de engañar, como sí era la de éste, aprovechándose de la desesperación de algunos enfermos desahuciados o terminales, a los cuales sacaba grandes cantidades de dinero que le permitieron hacer una clínica grande en un pueblo andino i no sé si todavía continúa esa labor de fraude. Lo que si sé es que, alguna vez tuvo un accidente i se vino a hospitalizar en el Hospital Clínico de Maracaibo i no en la suya. El Instituto de Investigaciones Clínicas de la Universidad del Zulia, me pidió entonces una conferencia sobre esa “Medicina Biológica” para refutar sus disparates i recuerdo que un médico, de esos que dejan la verdadera ciencia médica para tomar caminos superados, como acupuntura, medicina homeopática, diagnóstico de péndulo, flores de Bach, Aromaterapias, etc., me decía que yo ignoraba que esas cosas se “basaban” (término incorrecto) en la Teoría del Campo Unificado que, Einstein no había podido formular, pero para ellos era cosa cotidiana. Ignoraba que mi examen final en Lovaina, en Filosofía de la Ciencia con el eminente profesor Jean Ladrière, fue sobre la Teoría de la Relatividad, sobre la cual dicté en la Escuela de Filosofía, dos Seminarios. Cuando prácticamente, sin ofenderle, le hice quedar en ridículo, resolvió retirarse violentamente.

Pues bien; una de las normas éticas de la profesión médica, radica en no ocultar ningún avance científico meritorio. Quien logra un tratamiento especial, descubre algún medicamento (recordemos Pasteur con sus descubrimientos, a Jenner con la vacunación, a Fleming i la penicilina o a Roetgen i los Rayos X) o un progreso quirúrgico, desde los iniciadores de la cirugía i la anestesiología hasta Barnard o los grandes neurocirujanos del presente, todos corren a las Academia, a las Instituciones Científicas, a la OMS, etc., a presentar sus logros o hasta aspirar al Premio Nóbel. En la ciencia no hai misterios, excepto cuando las aplicaciones tecnológicas, entran en el campo bélico, para preparar las guerras o el negocio de las guerras. Los científicos se apresuran hasta para pronosticar los avances del futuro. A fines del siglo pasado, hubo un libro que recogió, en todos los campos de la ciencia, las previsiones que hacían, distintos premios Nóbel, sobre su especialidad en el próximo siglo. La ciencia no admite ni dogmatismos ni supersticiones; al contrario, cada vez es más notable el uso de las matemáticas hasta en las ciencias biológicas o la filosofía. Dice Joseph Fourier citado por Sagan: “Las matemáticas parecen constituir una facultad de la mente humana, destinada a compensar la brevedad de la vida y la imperfección de los sentidos”. Prueba de estas cosas, son los avances formidables de Genética i cómo avanzamos a la erradicación de algunas enfermedades, por una ciencia tan especializada i comprometida con la calidad de vida de los seres humanos.

A esta premisa recurriré luego. Por otra parte, la Medicina como ciencia, la llamo medicina científica, ha logrado medicamentos a partir, casi siempre, de plantas, de productos naturales que, una vez estudiados por la química, pueden reproducirse sus principios activos en el laboratorio i en vez de masticarme una rama, una raíz o una flor, tomo por ejemplo mi dosis de digoxina o algún otro medicamento que me hayan indicado mis colegas tratantes. I finalmente, la profesión tiene sus centros de formación que son las Universidades, sus instituciones científicas i sus instituciones gremiales, mientras la Constitución i la Lei del Ejercicio de la Medicina, conforman la proyección del ejercicio profesional, dentro de leyes i de normas deontológicas, para preservar la majestad i la honestidad, de la más humana i bella de las profesiones humanas.

Hechas estas premisas o establecidos estos prolegómenos, en siguientes artículos entro a considerar la Medicina Sistémica que nos alarma, cuando un ingeniero –no un médico- nos habla de “lo que antes era imposible” ahora lo es con la medicina sistémica, como dando a ver que hasta ahora, la medicina tradicional, alopática o científica, no nos había servido para nada. (Continuará)


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Roberto Jiménez Maggiolo


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