Escuálida de Pent House y rancho en la azotea

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La pregunta la formuló, con incomprensible prudencia y como quien está inquiriendo algo prohibido, la cajera del abasto de la urbanización a una de las clientas; una escuálida cuya ocupación pareciera ser quejarse de todo lo que crea relacionado con el gobierno, hasta por el desorden climático y cuando Indepabis visita ese negocio en procura que, compradores como ella, sean tratados con decencia.
         

La cajera, una  joven de origen lusitano, pero como sus hijos, nacida en Venezuela, es la misma quien, días atrás, mientras observaba las imágenes televisivas de las lamentables inundaciones en Madeira, las cuales reflejaban en ese momento lo que sucedía en una urbanización de clase alta, comentó con orgullo nacional portugués y desprecio por lo nuestro, en los términos siguientes:
        

“Eso no es nada. Vean la limpieza del agua, no hay barro ni basura. En menos de dos horas, eso quedará como si nada”.
        

Por supuesto, lo de la limpidez era una exageración, pero la situación parecía, ni más ni menos, como si esa agua corriese por Altamira o cualquiera otra urbanización del Este caraqueño.
        

Dijo esto de corrido, como para que nadie le interrumpiese y de inmediato volvió a hablar:“Si fuera aquí y ahora, se vería un “porqueríero” por las calles y un desastre”.
        

Mostró desprecio por la nación en la cual nació y dónde sus padres hicieron fortuna, habiendo llegado sólo con la tenacidad y disposición para el trabajo habituales del portugués. Aquel sentimiento en la chica crece cada día más acicateado por los avances de Chávez; por ser escuálida, no por su origen.
        

Más tarde la prensa informa que autoridades competentes de  Portugal, evalúan que la reconstrucción de Madeira podría llevar una década, y las gráficas e informaciones escritas muestran lo usual en estos casos en cualquier parte del mundo. Uno lamenta, llora por los desastres naturales de Madeira y también por la mala imagen que de aquella tierra algunos ofrecen  sin motivo.
      

Quizás por recordar ese discurso suyo, se comportó con excesiva cautela al preguntar a la clienta. La interrogada respondió a su vez con otra interrogante:

“¿A qué te refieres? ¿A alguna otra animalada o agresión del zambo?”
      

“¡No, chica! A lo que informó esta mañana la televisión”.
      

“La verdad”, respondió la clienta escuálida- “es que no vi televisión”. “Como sabes, vendí mi casa y me compré un pent house aquí cerca y todavía no tengo allí televisión por cable”. “La única que entra es la de aquí, esa chimba”.
      

Esta, como es obvio, se lanzó con esa retahíla sin que nadie le estuviese averiguando, sólo por echar y de paso dejar claro que no ha podido ver Globovisión. Desconoce que VTV, en sintonía con Telesur, y otros canales nacionales ofrecieron la información de manera oportuna. Es decir, muchos supimos de la tragedia chilena por “televisión chimba”.
      

La cajera volvió a tomar la palabra y le comentó de esta manera:
      

“Pues si chica, aquí mismo en el sur, en Chile, esta madrugada, hubo un terremoto que alcanzó más de ocho grados”.
      

“Ah sí, si…., la vecina que vive debajo de mi pent house nuevo, me comentó que en un país del sur, que comienza con Ch, esta mañana, hubo un terremoto”.
      

 Puso cara de compungida e hizo el siguiente comentario:
      

“Pobrecito los chinos”. “Eso es castigo por el comunismo. Dios nos salve”.
      

“¿Por qué los chinos?”, preguntó la lusitana.
      

“¿Bueno mija, el terremoto no fue en China?”.
      

 “No chica! Te dije en Chile, aquí en el sur”.
      

Para ella el sur no existe. Del mismo modo que, toda televisión que no sea la que dirigió Ravell, es chimba. Y aquella pasaría a ser chimba en su exquisito gusto y patrón de evaluación, si se sale del carril  por donde venía transitando.
      

El Chile hermoso de la costa Atlántica, el de Bernardo O´Higgins, Manuel Rodríguez, “El Chispa”, Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Salvador Allende; patria adoptiva de Andrés Bello, grande como maestro, poeta e inmenso como lingüista; el Chile siempre solidario con las causas nobles, pero atormentado por efectos de frecuentes devastadores terremotos y  calamidades como Pinochet, el amado país del sur, no existe en la cabeza de la señora escuálida.
      

Ella tiene su pent house, en el cual habita; en la cabeza un rancho. Y pensar que “lo que natura non da” no lo venden en botica.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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