Cuando duelen los humanos

Escribe Ernesto Villegas en el semanario “Quinto Día” (“Cuando Duelen los Hermanos”, Pág. 24, edición del 11 al 18 de Diciembre 2009) sobre el drama familiar de los Chacón por la detención de Arné, el hermano menor, por “banquero estafador” (grosero pleonasmo) o, para decirlo con eufemismo villegiano, por los “malos manejos” del dinero que miles de ahorristas le confiaron. En pocas palabras, preso por ladrón. Muchos lo sentimos por Jesse, pero mucha arrechera tenemos con quien le echa esa vaina a tanta gente,y a su propio hermano; con quien se la dejó echar y, ahora, con el articulo de Villegas que exalta ese “nudo de serpientes de los lazos de sangre” que tanto se parece a la complicidad o, en el mejor de los casos, a la irresponsabilidad. Que cada quien se coma su terrón y no sea pendejo nadie, lo demás es pura telenovela. O demasiado amor por los hermanos al punto de falta de respeto y desamor por los humanos.

Intenta Ernesto Villegas salvar las “oceánicas distancias” entre el caso de los Chacón y el de su familia, y se ahoga en el intento, porque es de mal gusto nombrar la hernia en casa de la ahorcada, y de peor gusto utilizar el dolor ajeno para elogiar la excelencia de los propios sentimientos. Villegas lo poco que dice, y mucho repite, es que ama a sus hermanos, sin importar que uno, Mario, sea un repugnante escuálido de poca monta y Vladimir, un guabinoso “decepcionado” de la Revolución que le confió un canal de Televisión (VTV) y dos embajadas; Vladimir el Eufemista quien, muy diplomático él, no quiere estar ni tan al mar ni tan a tierra, ignorando que muy raramente la virtud está en el medio; Vladimir quien, según su hermano, se ha vuelto blanco de los ataques de algunos “personajes poderosos o simbólicos de la Revolución” (¿por que será?).

MARIA ANTONIA VILLEGAS

Ernesto Villegas refiere (no es la primera vez cuando escribe sobre el tema) el caso de María Antonia, la hermana escuálida del Libertador,a la que éste, ante la inminente entrada de Boves a Caracas, hizo embarcar por la fuerza rumbo a Cuba donde, la muy mantuana ,se dedicó a despotricar contra su hermano con tal pasión que el mismísimo Rey de España le concedió una pensión. Esta bruja, aparte del Rey, el poder y el dinero, no respetaba a nadie, ni siquiera a su hermano, y sólo se hizo bolivariana cuando el Rey le retiró la pensión y Bolívar llegó a la cumbre como Presidente de Colombia.

Se estima que Bolívar expulsó a María Antonia para protegerla y al mismo tiempo evitar que Boves, de alguna manera, la utilizara en su contra. Corrían, recordemos, aquellos azarosos días cuando Bolívar ordenó pasar a cuchillo a 800 civiles, de todo sexo y edad, presos en La Guaira, mientras él personalmente hacía degollar a 200 rehenes que tenía en Caracas. Así, así es que se gobernaba en la Venezuela atroz de 1814, el contexto de donde Ernesto Villegas saca y nos enseña que Bolívar quería mucho a su hermanita.

LA HERMANDAD DE LA PANZA

La hermandad de la panza está formada por el azar de haber nacido del mismo vientre y de haber compartido los milagros y catástrofes de la infancia, los avatares de la familia, las primeras travesuras y las últimas inocencias. Es bueno que los hermanos sean unidos y se quieran, no se delaten ni se persigan, y las leyes los eximan de declarar a unos contra otros. Ir más allá parece más justificación que explicación.

Si alguno de mis amados hermanos es sindicalero o mercenario, partidario del golpe de Carmona, de la abolición de la libertad, la democracia, las libertades públicas y los derechos humanos, o apoya a los separatistas racistas de Bolivia y a los golpistas asesinos de Honduras, eso no se llama “diferencias políticas”, u “otra manera de pensar”, sino ser un redomado hijo de puta enemigo de los principios básicos y los valores humanos. Mi democracia no da para tanto. El padre que mata al violador de su pequeña hija se pone “fuera de la ley”, pero se le agradece haber puesto al violador fuera de la vida. Comparación forzada, es cierto, porque un violador es un enfermo y un fascista es la enfermedad misma.

LA HERMANDAD DE LA LANZA

La hermandad de la lanza de los revolucionarios existe entre aquellos a quienes duele la Patria, es decir la humanidad. Cuando todos los ancianos son nuestros padres y abuelos, y todos los niños y niñas nuestros hijos. Cuando nos duelen los millones de hermanos de todos los tiempos y todos los pueblos, los despojados y asesinados por la codicia del capital, colonial o imperial, los que dejaron lo mejor de su vida doblados ncorvados sobre una escardilla o una máquina industrial, los oprimidos y explotados por la dictadura y la “democracia”, los millones de jóvenes llevados al lodazal del matadero de la Guerra Europea (mala leche si sus madres y hermanos perdonaron a los asesinos, esos mismos capitalistas que luego cremarían a millones de jóvenes (esta vez acompañados de millones de ancianos, mujeres y niños) en la Segunda Guerra Mundial; los mismos burgueses apátridas de mierda que propiciaron la Guerra del Chaco y las dictaduras latinoamericanas, los que inventan todas las guerras y en este momento están armando una contra Venezuela, sentaditos en los centros comerciales o en los bares de los grandes hoteles.

LA ESCALA MEDIOCRE DE UNA INQUIETUD PRIVADA

Los revolucionarios son aquellos a quienes, diría Antonio Machado, les duele “la carne mínima del mundo”, y son capaces, diría César Vallejo, de “amar a traición al enemigo”, de llevar la hermandad más allá de la escala mediocre de una inquietud privada, aunque sea a la escala sencilla del humanismo cristiano. Amar así se vuelve universal y es la mejor manera de respetar y amar a los hermanos de sangre, que deben amarse y respetarse en lo que hacen y no contar con el perdón incondicional si traicionan a la hermandad, ya sea ésta consanguínea o social, de la panza o de la lanza.

SOBRE LA BOLIBURGUESÍA

Pero el artículo de Villegas, como el alacrán, tiene el aguijón en la cola: “En otra ocasión me referiré al tema de la corrupción bancaria y de la boliburguesía” dice. Y es sobre todo para denunciar esa gota de veneno que escribí estas líneas. Tengo derecho a preguntarme si todo el discurso de Ernesto Villegas sobre el amor de hermanos fue una excusa para incluir, como quien no quiere la cosa, la palabra “boliburguesía” (inventada en los laboratorios de guerra sucia del enemigo), un término que da por hecho la supuesta existencia de una clase, una categoría con intereses propios, que vive, se reconoce y se manifiesta dentro del Proceso. En vez de tener corruptos individuales o bandas de corruptos a las que combatimos, tendríamos una mafia amparada por el Gobierno, una nueva clase burocrática naciente, la “boliburguesía”. Tal es la matriz mediática que quiere inyectas la contra en el pensamiento colectivo. Así la corrupción no sería un remanente del pasado sino algo propio ya la Revolución.

No hay tal “boliburguesía”, lo más parecido sería el sector claudicante del chavismo, que quiere la revolución nacional sin la social, defiende los valores tradicionales y llama a “dialogar” con el enemigo. Pero resulta que esta Revolución Bolivariana sólo existe, resiste y avanza, por el empuje de sus sectores radicales: el pueblo trabajador, el pueblo soldado y el Comandante en Jefe. Por eso el término “boliburguesía” es, por lo menos, sospechoso, viniendo alguien que conoce la importancia de las palabras. Estemos atentos, pues, al artículo prometido de Ernesto Villegas sobre “la corrupción bancaria y la boliburguesía”.


GUZMAN EL BUENO

Y el traidor, que se había llevado al hijo de Guzmán bajo la capa de la amistad y la confianza, apareció aliado con los moros y exigió a Guzmán que entregara el castillo o, de lo contrario, su hijo sería degollado. Guzmán respondió desde la muralla: “No crié yo hijo para que me hicieran traicionar a mi Patria. No rendiré el castillo, así que podéis matarlo y, si os falta con qué, aquí va mi cuchillo…” y arrojó el arma a los sitiadores. Luego entró y se sentó a almorzar; y en eso estaba cuando escuchó una gritería. Salió corriendo y se enteró que los gritos eran porque, efectivamente, habían degollado al muchacho. “Qué susto, exclamó Guzmán, pensé que asaltaban el castillo…” y regresó a su mesa. Así se ganó el título de El Bueno.

El que no sea bueno que se dedique a la jardinería, que escriba sonetos y cultive los lazos familiares, porque aquí nos estamosa jugando la Patria y la vida de todos y cada uno de nosotros. Lo demás es lo de menos y. además, ya lo sabemos: los Villegas se quieren mucho.

rotheeduardo@hotmail.com


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Eduardo Rothe


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