Burocracia, Sindicatos y crisis eléctrica

La crisis eléctrica hoy es uno de los temas más abordados por propios y extraños en el devenir del oportunismo tanto de derecha, como de izquierda. Es así como vemos, después del pronunciamiento del Jefe de Estado (Creación del Ministerio de Energía Eléctrica y designación de la nueva autoridad gestora) como surgen toda clase de ataques en contra de la industria eléctrica. Partidos políticos hacen pronunciamientos públicos sobre la gravedad de la situación en materia de trasmisión, generación, y comercialización.

Como siempre, tuvo que pronunciarse primeramente el Jefe de Estado, para que saliera la comitiva de eunucos a participar en el debate, todos como especialistas en el sector, sin desmeritar la interpelación que algunos diputados ya solicitan a los responsables de la crisis. Cómo no mencionar las palabras del Primer mandatario en su programa dominical donde increpaba a un “líder” del sector eléctrico a no parar las actividades en el sector. Decía nuestro Presidente: “ya yo cumplí, ahora les toca a ustedes”, ¿qué quiso decir nuestro Presidente con estas palabras? las interpretaciones pueden ser muy variadas, pero no creo éste sea el escenario para hacerlo.

Uno de los mayores problemas que confrontamos es la pérdida de la memoria histórica, recordemos algunas premisas que se definieron en el PROYECTO NACIONAL SIMÓN BOLÍVAR, PRIMER PLAN SOCIALISTA, relacionadas con el sector eléctrico:

  1. Incrementar la producción de energía eléctrica, expandir y adaptar el sistema de transmisión y distribución.
  2. Incrementar la generación de electricidad con energía fósil.
  3. Completar el desarrollo del potencial hidroeléctrico del país.
  4. Ampliar y mejorar la red de transmisión y distribución de la electricidad.
  5. Sanear las empresas públicas del sector eléctrico y mejorar la eficiencia y calidad de su servicio.
  6. Propiciar el uso de fuentes de energía, alternas, renovables y ambientalmente sostenibles.
  7. Incentivar la generación de fuentes alternas de energía.
  8. Incrementar la generación de electricidad con energía no convencional y combustibles no hidrocarburos.
  9. Aplicar fuentes alternas como complemento a las redes principales y en la electrificación de zonas aisladas.
  10. Promover el uso racional y eficiente de la energía.
  11. Introducir la tecnología que permita la mayor producción de electricidad por unidad de energía primaria utilizada.

Mejorar el uso de la red de distribución y comercialización de la energía.

Establecer precios relativos de las diferentes formas de energía considerando su costo de oportunidad.

Racionalizar el consumo de energía.

Hace dos años se definieron estas premisas revolucionarias, incluso se crea la Corporación Eléctrica Nacional, ¿quién de los que se pronuncian hoy arremetiendo y criticando al sector eléctrico, hizo seguimiento y control al desarrollo de todos estos enunciados que contribuirían en la transición de la industria eléctrica en una empresa socialista? ¿Dónde estaban los buenos diputados que hoy quieren interpelar? ¿Dónde estaban los partidos políticos PSUV, PPT, PCV, que hoy piden investigar el desastre en el sector?

Sin lugar a dudas la industria eléctrica vive una de sus mayores crisis estructurales, la ausencia de una gerencia (con algunas excepciones) revolucionaria y comprometida con la transición hacia una empresa socialista es una de las mayores debilidades, la burocracia ejecutiva (tecnocracia) es un cáncer, más 20 sindicatos de trabajadores que se agrupan solamente en CADAFE (sin contar los demás sindicatos de las restantes empresas filiales que suman 14 en total).

A la multiplicidad de sindicatos y al cáncer de la burocracia ejecutiva debemos sumarle la herencia y la incompetencia recibida por parte de los gobierno adecos y copeyanos, acostumbrados a gestionar bajo crisis sin ningún tipo de planificación. Herencia que hoy persiste.

Los planes de la derecha son otro factor en el proceso de desestabilización de la empresa, los saboteos escalonados, programados, con miras a conducir al país hacia un nuevo caos, el paro del sector eléctrico, hechos comprobados, pero no informados al país, así lo demuestran. Paralizar a la sociedad como un todo. Jugar al desgaste de la conciencia de nuestro pueblo y su compromiso revolucionario con su proyecto político, comprometiendo el funcionamiento de la sociedad, y el subsecuente malestar en toda la población.

La manipulación mediática no deja de hacer el trabajo sucio y algunos medios del estado se parcializan con un sólo sector de los que han generado y mantienen el conflicto, no hay definición política, pero todos se hacen llamar “revolucionarios”.

La industria eléctrica, como la gran parte de la administración pública, es refugio de la contrarrevolución que, bajo el disfraz revolucionario, promueve el caos institucional, no hay ministro en 10 años de revolución que haya frenado la hipertrofia que representa la administración pública. La burocracia esta matando la esperanza.

Algunos “líderes” sindicales actúan de acuerdo al patrón legado por sus predecesores adecos-copeyanos, aparecen sólo en la discusión de las contrataciones colectivas, cargados de vicios, luchando por las reivindicaciones económicas de los trabajadores tal cual como si de un gobierno de derecha se tratara el gobierno revolucionario. El chantaje es la norma, el discurso es lo absurdo, ayer derecha, hoy son revolucionarios, apoyan a Chávez, apoyan a todo aquel que los complazca en sus luchas reivindicativas de carácter económico. Nadie habla en el seno de esos sindicatos del poder popular, de los consejos comunales, del trabajo voluntario, de la formación político-ideológica, lo importante es cuánto dinero podemos conseguir, qué bono vamos a negociar, en cuánto podemos incrementar nuestras pólizas de seguro, no importa si el gobierno revolucionario hace esfuerzos en mejorar el servicio de salud, no, debemos mantener a la contrarrevolución que desde las clínicas privadas financia a la derecha, con el dinero que se proveen de esos seguros, de esas contrataciones colectivas. El clientelismo se mantiene como variante, así como la incidencia que deben de tener los sindicatos en las contrataciones del personal. La perversión es, sin lugar a dudas, un estigma que desmerita a la razón política de esas organizaciones.

Del otro lado, una burocracia ejecutiva que sólo entiende el porcentaje a percibir por las contrataciones y proyectos. Mantienen de igual forma el discurso revolucionario, visten camisas rojas y su humildad es la fachada ante el colectivo, encapillados no se reprimen ante una botella de escosés no menor de 18 años, son los nuevos “don Juanes” introvertidos que ha parido esta Revolución. Su compromiso son los negocios que les provee la Revolución.

Desplazado, la mayoría del colectivo del sector eléctrico sólo mantiene la esperanza de que ese contrato colectivo, que tiene más de 14 meses de retraso, en algún momento se firmará, así como el sueño de la homologación (el cuento de nunca acabar).

Sólo algunos piensan en la transición de la empresa a empresa socialista, otros pregonan el discurso de la autogestión del sector eléctrico, otros pocos añoran involucrar a las comunidades en el trabajo conjunto, otros imaginan la unificación de los trabajadores en una sola organización sindical, otros la restructuración total del sector y la disminución de la burocracia. Los menos, trabajan para mejorar el servicio y contribuir a sacar de la quiebra en la que se encuentra al sector eléctrico. Hay una grave crisis, cómo enfrentarla es la tarea que todos debemos asumir, de manera honesta y con un alto sentido crítico.

Mientras todo esto ocurre, los opinadores seguirán sacando fruto al tema, los contralores sociales que no controlan, seguirán hablando paja y así seguiremos, hasta que nuestro Presidente se refiera a otro tema y todos salgan en cayapa.

No hay nada más excluyente que ser pobre.

Patria, Socialismo o Muerte…

Venceremos.

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chamosaurio@gmail.com

ricardo@chamosaurio.org


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Ricardo Abud

Estudios de Pre, Post-Grado. URSS. Ing. Agrónomo, Universidad Patricio Lumumba, Moscú. Estudios en Union County College, NJ, USA.

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