La despenalización del aborto (VII)

“La verdadera revolución

  es ética y no técnica”

 Fletcher 

“Toda buena idea ha sido ya pensada; hay que

   ensayar solamente pensarla otra vez”

                                                       Goethe

VII

 Como he venido insistiendo en el lenguaje, cuando tratamos de exponer conceptualmente las cosas, aclaro que el término despenalizar no es lo que algunos de mis opositores o agresores piensan, o sea, perdonar delitos sin son ni ton, pues alguno me dijeron que íbamos directo al abismo o al caos. Despenalizar es (DRAE) “dejar de tipificar como delito o falta una conducta anteriormente castigada por la legislación penal”. Esto, en nuestro Código Penal actual, vigente desde marzo de 2005, está contemplada la penalización, en el Capítulo IV -Del Aborto Provocado- en los artículos 430, 431, 432, 433 i 434, a los cuales me referiré más adelante. 

 En este terreno de lo jurídico, distinguiremos desde el principio a qué nos dedicamos. Nos interesa referirnos con más propiedad, al aborto inducido, planeado o provocado como señala el código, consentido por los médicos por causas justificadas i motivo de controversias sensatas o insensatas; i por otra parte, al aborto delictivo, criminal o clandestino, causante de la muerte de mujeres jóvenes en edad reproductiva, indudablemente un gran problema social que conlleva responsabilidad penal que, sin conocimiento adecuado del problema, algunos laicos, i sobre todo la iglesia, equipara al primero (inducido o médico) pretendiendo hacerlos similares, lo que sencillamente es deshonesto; fundados siempre en supuestas consideraciones éticas, en una metafísica apriorística que afirma, ser el aborto, intrínsecamente malo, recurriendo a la Biblia, cuando no existe absolutamente nada al respecto en el Nuevo Testamento i, en el Viejo o Antiguo Testamento (Éxodo 21:22-25) señala solamente “no causar daño y aborto a la mujer”. I no se referían al feto porque la ignorancia era grande i el llamado “derecho natural” es metafísico i ajeno al avance de la humanidad, especialmente en lo científico. Basta tomar algún texto de Obstetricia actual (el de Benson/Pernoll, por ejemplo) para darnos cuenta de la cantidad de abortos legales en los Estados Unidos, donde cada año se someten al aborto el 3% de las mujeres en edad reproductiva, inclinándonos en la balanza, casi un tercio de la población a las de menos de 20 años; otra tercera parte a las de 20 a 24, i las mujeres no casadas, en un 75%, i la mayoría de los abortos, hasta la octava semana de la gestación. Advierto que estas son cifras de algunos años atrás cuando escribí sobre el problema. Las cifras actuales son más elevadas, aunque no estoi ofreciendo estadísticas, sino una visión general con intención de asesorar lo ético.

 Sin embargo, la mortalidad es baja, porque esos abortos legales son hechos en condiciones que garantizan la vida, i la exclusión de complicaciones a las pacientes, realizándose la interrupción artificial por métodos sencillos, científicamente probados. Las leyes han sido, entonces, la otra garantía que salva vidas jóvenes i útiles.

 Un típico ejemplo, donde se conjugan de manera errada la posición dogmática de la iglesia i otras religiones, con la confusión de la legalidad, es la carta ya expuesta, llegada al Washington Post hace años en la que se expresan las barbaridades i disparates que llevan a declarar culpables a todos los que intervienen en un aborto con justificación científica i legal, desde la paciente hasta Dios. ¡Todos culpables!

 Si nos atenemos a criterio tan estrecho i absurdo, estaríamos de brazos cruzados viendo morir mujeres en plena juventud, recibiendo en el mundo monstruosidades i desquiciando familias enteras, disolviendo afectos i tanto paciente como familiares, sufrir aunque sea pasajeramente, de pena i depresión,  como secuelas del aborto. Pero la Humanidad avanza i se civiliza por la ciencia i la filosofía social. Los que estamos con la convicción de ser el aborto muchas veces, absolutamente, éticamente justificable, comenzamos por preguntarnos si existe el embarazo obligado, i sin ninguna otra consideración de peso, es admisible. ¿Podría alguna vez justificarse el embarazo obligado? Esta interrogante se la hace Garret Hardin, según expone Joseph Fletcher, médico i doctor en Teología de la Universidad de Virginia, quien ante el problema, encuentra cinco temas o perspectivas fundamentales que personalmente he compartido toda la vida, desde que tuve conocimiento de ellas. 

  1,- En el aspecto legal. La pregunta es si debe obligarse a alguien contra su voluntad a tener un hijo, a llevar un feto hasta el término y el parto. (uso la /y/ porque transcribo a Fletcher).

 2.- En la jurisprudencia, la pregunta es, si el aborto es una forma de homicidio y, en caso afirmativo, por qué.

 3.- En la teología, la pregunta es si Dios tiene el monopolio de la vida (de su comienzo y terminación) privando de esa manera toda posibilidad de participar al hombre y dando a la “Naturaleza” o al “accidente”, prioridad abrumadora sobre la iniciativa y la responsabilidad humana.

 4.- En metafísica, cabe preguntarse si la vida fetal o la vida embrionaria, es vida “humana”, i en caso afirmativo (desde) cuándo i por qué.

 5.- Desde el punto de vista ético, la pregunta decisiva se refiere a si el aborto es intrínseca e inherentemente malo, y en caso de no serlo, cuándo es justo.

 Estos aspectos propuestos por Fletcher, son analizables con criterio científico i filosófico, para darnos cuenta que, según el autor, son más compulsionistas que prohibicionista i respaldado por una metafísica mui dudosa. De paso no comparto en absoluto con la metafísica, que no es ciencia ni filosofía.

 Por ello, en la teología, se pretende decir que existen “niños neonatos” (como especulaban con ese librito o folletín, lleno de dibujos falsos, durante la Constituyente) i que el feto o embrión, no solamente son vida biológica, sino vida humana. En consecuencia -dice Fletcher- “deben tener los derechos y títulos que acostumbramos asigna a los seres humanos”. Personalmente ejemplifico que, ni a una embarazada se le otorgan dos pasaportes para viajar (en lo legal) ni se bautizan los abortos (en lo religioso) lo que sería una gran injusticia no salvar esa almas inocentes, cuando supuestamente esta se “insufla” desde el momento de la concepción, que es mejor denominar fecundación. Esa opinión de ser vida humana, no pasa de ser algo psicológico “y no una conclusión social, científica y racional” como agrega Fletcher.

 Siguiendo, entonces, a este autor tan acreditado, por su doble condición de científico i religioso, podemos concluir que la vida fetal es humana, sólo en sentido biológico o de especie, i al referirse al no bautizo de los abortos, puntualiza: “El motivo es que no hay vida humana embrionaria hablando desde el punto de vista médico. Quienes dicen creer esto ejercitan su libertad religiosa, pero lo hacen en un aspecto de fe personal”.

 Por cierto que me parece necesario intercalar aquí una observación mui importante para que no se interpreten mal las cosas, como se acostumbra a hacer en la burda política de la oposición venezolana. Cuando he referido los disparates que escuché a muchos en la ANC (opositores de la IV República i partidarios de la revolución) no estoi incidiendo sobre las ideas de libertad plena de la revolución bolivariana. Soi partidario de ella, a carta cabal. Mas, hemos visto que hubo ignorantes de oficio sobre el aborto, en hombres que eran oposición (Jorge Olavarría) o que se cambiaron allá mismo (caso de Herman Escarrá) pero también fieles al proceso, a quienes las ideas religiosas no analizadas o dogmáticas, hicieron causa opositora a mi posición (caso Eliécer Otaiza) quien no sólo interviniendo sino en los comentarios que escuchaba cerca de mi escaño (éramos caso “vecinos”), se alarmaba cuando se tocaba lo religioso. El Código Penal vigente, el de 2005, está firmado por Nicolás Maduro, hombre sencillo, vertical i honesto en sus ideas, i refrendado todo por el Presidente Hugo Chávez Frías. Por eso, estoi consciente de que, cuando se reforme el Código Penal, predominarán las ideas que están acordes a la Constitución Bolivariana i con la fundamental idea de hacer justicia a la mujer del pueblo venezolano; empero, no descarto las infiltraciones, los dogmas religiosos i la manipulación de los principios. Estos artículos, pretenden dar una orientación social, científica i filosófica, para la necesaria despenalización del aborto, i establecer penas solamente para los casos ilegales i criminales realizados por empíricos. Nada más. Releamos el pensamiento de Goethe puesto al comienzo.

Continuando la exposición, desde el punto de vista de la ética, que ha dejado de ser moral costumbrista o religiosa dogmática, para convertirse en ciencia práctica de la conducta humana (por eso Kant la trata en la Crítica de la Razón Práctica), se impone racionalmente rechazar el argumento del derecho natural que es metafísico. En cambio admite el válido principio de considerar que la mujer debe tener el control de su propio cuerpo; derecho que se ha extendido a punto de establecer que las decisiones que tome al respecto (por ejemplo, decidir sobre un aborto o transplante) está por encima de la opinión de su cónyuge. Esos derechos se encuentra excelentemente expuestos en una pequeña obra de un profesor de la Universidad de Mérida i la UCV (ya mencionado antes) Gert Kummerov, recientemente fallecido, titulada Perfiles Jurídicos de los Transplantes. Este autor, en los derechos primordiales (vida, integridad personal, nombre, honor e imagen) incluye que los derechos sobre el cuerpo humano son, todos, subjetivos absolutos. Es una obra que recomiendo leerla i de fácil adquisición.

 Ahora, aclarando por qué la denominación de “aborto terapéutico” es inadecuada i arcaica, i carece de ética, es porque se suponía además, que el no ser terapéutico el aborto, implicaría que es malo. Terapéutico es de curar, ofrecer curación, luego otros tipos de aborto para resolver problemas sociales, económicos o de otra índole, no lo serían. Al respecto, para no extendernos en comentarios, es interesante conocer una obra que creo fue escrita por una periodista mui conocedora de los problema sociales del aborto, Giovanna Machado, titulada El aborto en Venezuela, motivada por la dolorosa experiencia de haberse encontrado  a su mejor amiga, muerta por causa de un aborto criminal, en un barranco de la carretera de El Junquito. Allí, en esa dolida obra, podemos constatar las nefastas consecuencias de no haber legalizado el aborto como en otros países avanzados i civilizados. Para Giovanna Machado, todo mi reconocimiento i respaldo, para su valiente publicación buscando la justicia i la calidad de la vida. 

                                                                           (Continuará)


robertojm@hotmail.com



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Roberto Jiménez Maggiolo


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