El fascismo

El término fascismo trasciende su acepción original en su época de esplendor, cuando Mussolini, Hitler y Franco lo impusieron como forma de gobierno y, por supuesto, los conceptos primigenios de corporativismo, centralismo, dictadura de un partido único, han sido desbordados; también el concepto antecede a épocas muy anteriores, cuando regía el feudalismo y la Iglesia católica abusaba de su máxima autoridad, como durante la Santa Inquisición. En la realidad de hoy el fascismo ha acentuado su perversidad, es la antitesis del progreso, retrógrado, reaccionario, cultor de la mentira y la violencia, inescrupuloso y provocador e impasible ante crímenes a mansalva como los cometidos por Israel en Palestina.

El fascismo o extrema derecha es el brazo ideológico de las oligarquías y de algunos tránsfugas políticos, brota en ellos como un mal inevitable, como la diarrea fluye en un niño desnutrido.

Casi toda América Latina se ha despojado, como gobierno, de esa lacra y hoy trata de consolidar una política de progreso, humana, en donde el pueblo es el actor principal de la política. Colombia es diferente, donde el fascismo ronda a la oligarquía como el virus de la fiebre porcina acecha un cuerpo predispuesto a la enfermedad. Su importancia en el pueblo colombiano es relevante debido a los medios de información en sus manos oligarcas, pero tendrá que ser el mismo pueblo el que revierta esa situación, lo que aún no se vislumbra, tanto que un candidato con mayor opción a la presidencia es Juan Manuel Santos, quien cultiva la mentira como instrumento de política y que vuelca sobre Venezuela todo su odio. Su mismo rostro denuncia su personalidad, de ceño fruncido, hosco y sus ojos cercanos uno del otro lo que facialmente no revela brillantez alguna, que lo hace más peligroso.

Quien desee conocer qué es el fascismo no tiene mas que observar la política actual en Israel, víctima del holocausto alemán que exhibe como blasón del martirio judío, pero que reproduce con la misma fiereza contra los pueblos palestinos y, que, además, no oculta, siquiera, sus deformidades, al utilizar a Avigdor Lieberman como actual Canciller, hoy itinerante en América Latina, acusado en su país de todo tipo de delito común.

Abogado


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Manuel Quijada


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