El discurso contra el Estado y el papel de la clase media

En estos días y después de haberse ejecutado una orden de allanamiento a la residencia del Dios Zuloaga, tuve la oportunidad de oír una declaración que ofrecía este Dios para recordaros (como si fuéramos todos bobos y estúpidos) su aparente apego a los principios democráticos y su deseo (otra mentita) por la defender los derechos de las mayorías. No tiene nada de raro que el Dios Zuloaga haga este tipo de pronunciamiento, porque lo extraño aquí, es que ahora el Dios baje del empíreo y se pronuncie. Antes, el Dios Zuloaga tenía sus partidos y por esa vía nos presentaba presentarnos un proyecto clasista con un ligero edulcorante, que se vendía como un “todos somos iguales” o ese que decía: “Jaime es como tú”

No extraña que estos voceros continúen presentando una visión que esconde una propuesta con una total falta de humanidad y solidaridad; extraña si, que aún ese discurso tenga eco en ciudadanas y ciudadanos que jamás pueden ser sujetos con opción de beneficiarse de la política que ese discurso es capaz de desarrollar en posible gobierno.

II

La mayoría de los profesionales venezolanos (clase media) que tienen 45 y más años de edad, todo su proceso de formación transcurrió en instituciones públicas. Probablemente, la mayoría de los hijos de esos profesionales que tienen ahora entre 20 y 30 años de edad, cursaron sus estudios en escuelas y liceos privados, pero un alto porcentaje se pasaron a universidades públicas para hacerse profesionales. Este segmento de la población venezolana vive un dilema o conflicto, que no es capaz de resolver porque es presa fácil de un discurso elaborado por la derecha blanda y la ultra, que parte del siguiente supuesto: Todo Proyecto Político que tenga como centro el Estado, amenazará el nivel de vida adquirido. El Mercado y el neoliberalismo te garantiza sin ningún riesgo el sueño de ser como uno de los amos del valle.

De ahí su viveza y su interés por sacar provecho de las ventajas que han acumulado y utilizar lo público cuando les conviene para afincar su status y vivir en una permanente adoración casi frenética a los beneficios que supuestamente le reporta un sistema fundado en una disminución de lo público o del estado en actividades que son fundamentales para la disminución de las desigualdades sociales.

Están aparentemente contra la ingerencia del Estado, pero se irritan si CADIVI no mantiene dólares baratos para que se den sus paseos por “Miami” y otras latitudes. Si CADIVI no les ofrece suficientes dólares baratos pierden parte de su personalidad porque no pueden ni conversar con ellos mismos para experimentar un “ser como Zuloaga” matando animales por África.

III

El año 1998 está ahí; la distancia es sólo once años y aún debe estar muy fresca en la memoria (si las tienen) de muchos profesionales/clase media, la situación real de haber perdido su propiedad (vivienda y carro) porque precisamente en ese año (recuérdenlo, si tienen esa maravillosa herramienta) los intereses de los créditos indexados se dispararon y alcanzaron un nivel de 72,23% que los obligó a colocarse en la línea amarilla. Ese Estado que le suena hostil y ese Chávez que desearían escupir y mentarle la madre, peleo por esa injusticia para devolverle a mucha familias clase media la paz y el sosiego.

Es imposible registrar aquí la frecuencia, porque se ignora el dato pero existen los casos de profesionales/clase media que se han tenido que ir a un centro de salud pública, porque una vez agotado el recurso del seguro MHC en una clínica; la empresa privada les dice hasta aquí llegó tu derecho a la vida para nosotros. Ese derecho a la vida tiene un VALOR EN MONEDA, que nada tiene que ver con la vida, porque la orden de salida de la habitación está debidamente firmada por un médico que en una oportunidad realizó el respectivo juramento hipocrático (léase hipócrita) y que para mayor ironía de la vida, fue formado en una universidad pública y AUTÓNOMA.

La vida definitivamente tiene sus cargas de ironías. El mercado y las empresas privadas juegan duro con esta clase media, porque son los que en procura de sentirse muy ricos o verse como muy rico, apuestan a copiar modelos y cuando no pueden con la carga del préstamo porque tienen un mal momento, la empresa no perdona. Por esa razón, soy de lo que pienso que esa condición social denominada “clase media, es un lugar que muchos transforman en insípido, inseguro, inhóspito, oscuro y de amarguras, porque el parecerse a un rico, nunca puede ser y ese “no parecerse” produce frustraciones.

Hay que apostar por tener mejores niveles de vida y como clase media, eso no está muy distante de la intervención del Estado. Claro, esta posibilidad exige la lucha por un mejor desempeño de las instituciones públicas, no olvidando por supuesto, que gran parte de los funcionarios que están en las instituciones del Estado (Hospitales, Escuelas, Liceos, Universidades, Empresas Públicas) son “tipo clase media”, que a veces tienen un desempeño no muy acorde con lo que exigen y reclaman.

evaristomarcano@cantv.net









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Evaristo Marcano Marín


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