Este trabajo tiene por objeto seguir avanzando la investigación de un aspecto capital para el contenido de la praxis política del Socialismo en el siglo XXI, gracias a algunas observaciones de F. Hinkelammert realizadas en su escrito: Respuesta a Antonio Salamanca Serrano(1): La verificación de la satisfacción de las necesidades materiales criterio para juzgar el utilitarismo, el consecuencialismo y la ética del bien común(2). En la respuesta nos centramos únicamente en uno de los aspectos señalados por Franz: el fundamento de la vida humana como conatus vs. sistema de necesidades materiales. Queda pendiente otro estudio sobre el papel del mercado en el socialismo como instrumento para mensurar (verificar) indirectamente la satisfacción de las necesidades del pueblo.
1. La metáfora del conatus no es el fundamento de la vida humana
La vida de los seres humanos es el fundamento de la propuesta teológica, ética (ética del bien común) y económica (economía para la vida) de F. Hinkelammert. Desde la tradición de un marxismo no dogmático, reivindica que la ‘última instancia’ no es la economía y ni siquiera la producción material, sino de manera no mediada, la vida humana misma. Por tanto, para comprender su pensamiento resulta central saber lo que entiende por ‘vida humana’.
Si
le interpretamos bien, F. Hinkelammert afirma que la vida humana, en
su único y último fundamento, es algo parecido al impulso de conservación
(conatus); la vida es impulso (fuerza), como el poder del movimiento,
que tiende a conservarse y reproducirse. En respuesta a nuestras observaciones
anteriores dice textualmente:
“La vida es lo que trasciende todos los valores y todas las medidas. Se puede explicar con lo que Espinoza llama el conatus, aunque no sea lo mismo:
Conatus
esse conservandi primum et unicum virtutis est fundamentum
–el impulso por conservarse es el primero y el único fundamento de
la virtud (de la ética). Se podría decir también: el impulso por
conservar la vida es el primero y el único fundamento de todos los
valores”.
En
un intento de conceptualización aproximada del fundamento de la vida
humana, F. Hinkelammert recurre al paradigma filosófico de B. Spinoza
(1632-1677): el impulso (conatus). El horizonte interpretativo
de Spinoza, el fundamento de la vida humana como ‘impulso’, ‘fuerza’
de conservación, no es un paradigma original suyo. Desde la antigüedad
ese horizonte ha estado presente en los pueblos de Egipto, Mesopotamia,
India, China, etc. Dentro de la tradición filosófica occidental, esa
metáfora (esa creencia) ha sido, y aún es compartida, bajo diferentes
variantes, por quienes entendieron y entienden el fundamento de la vida
humana —que no la totalidad de su contenido— únicamente como: ‘
movimiento’ (Heráclito, 535-484 a.C.), ‘la fuerza vital solar’
Posidonio (135-51 a.C), ‘movimiento dialéctico del espíritu absoluto’
(Hegel, 1770-1831), ‘voluntad de vida’ (Schopenhauer, 1788-1860),
‘voluntad de poder’ (Nietzsche,1844-1900), ‘élan vital’ (Henri
Bergson, 1859-1941), ‘conatus’ (F. Hinkelammert, 1931-).
El
paradigma metafísico que entiende el fundamento de la vida como
conatus es, a nuestro juicio, el mismo que asume Hegel. Para él
no hay objeto anterior a la dialéctica (movimiento) y, por consiguiente,
ésta queda esencialmente suspendida sobre sí misma3 . “De
ahí que la síntesis, movimiento dialéctico del pensamiento hegeliano
que consiste en ser principio y resultado, sea una idea que, aunque
no formulada de esta manera, realmente constituye la quintaesencia de
toda la metafísica y de toda la filosofía de Hegel…”4.
En su filosofía, Hegel ciertamente da cabida a la materia y a las necesidades,
pero éstas se despliegan, se ‘especifican’, después y dentro del
movimiento primero alienante del Espíritu absoluto. En el principio
está el conatus dialéctico como fundamento de la vida. El presunto
materialismo hegeliano que algunos de sus discípulos defienden es meramente
un discurso sobre la materia. Como señala Sartre: “Hay un idealismo
materialista que en el fondo sólo es un discurso sobre la idea de materia.
Su verdadero opuesto es el materialismo realista, pensamiento de un
hombre situado en el mundo, atravesado por las fuerzas cósmicas
y que habla del universo material como de lo que se revela poco a poco
a través de una praxis en situación”.5 Un discurso,
además dogmático, porque no se somete a prueba. Hay que creerlo porque
sí6. Esta es la razón por la que afirmemos que el paradigma
metafísico de F. Hinkelammert, en lo que al fundamento de la vida se
refiere, se enmarca en el historicismo metafísico hegeliano; en el
movimiento (conatus) sin substantividad.
K.
Marx se empeñó en dinamitar científicamente por sus cuatro costados
ese horizonte metafísico idealista (ese mito poético, teológico).
Para Marx la vida humana es praxis histórica (acción, fuerza,
impulso), conatus si se quiere, pero es más que eso. Marx no
cae en la deriva idealista. El fundamento de la vida humana para Marx
es praxis histórica material necesitada-capacitante y transformadora
(revolucionaria). En la superación del idealismo hegeliano, Marx
se apoya en una categoría central en su obra: las ‘necesidades’.
El concepto y el análisis dialéctico de dicha categoría fue oscilando
con cierta imprecisión y ambigüedad a lo largo de su trabajo (v.gr.
necesidades naturales, sociales, existenciales, socialmente determinadas,
propiamente humanas, alienadas, no alienadas, necesidades necesarias,
radicales, etc.). En los Manuscritos del 44 considera que las fuerzas
materiales esenciales del ser humano son las necesidades y las capacidades
materiales. En La ideología alemana Marx y Engels sostienes
que el primer hecho histórico y la finalidad de la praxis es la satisfacción
de las necesidades, satisfacción de las necesidades que equiparan a
la producción de la vida material. Dice textualmente:
“Tratándose
de los alemanes, situados al margen de toda premisa, debemos comenzar
señalando que la primera premisa de toda existencia humana y también,
por tanto, de toda historia, es que los hombres se hallen para “hacer
historia”, en condiciones de poder vivir. Ahora bien, para vivir hace
falta comer, beber, alojarse bajo un techo, vestirse y algunas cosas
más. El primer hecho histórico es, por consiguiente, la producción
de los medios indispensables para la satisfacción de estas necesidades,
es decir, la producción de la vida material misma, y no cabe duda de
que es éste un hecho histórico, una condición fundamental de toda
historia, que lo mismo hoy que hace miles de años, necesita cumplirse
todos los días y a todas horas, simplemente para asegurar la vida de
los hombres”7.
En
los Grundrisse K. Marx subraya la importancia de las necesidades como
sistema de necesidades (naturales, sociales, necesidades necesarias,
etc.)8. De los Grundrisse al Capital, Marx va modificando
el concepto de ‘necesidades necesarias’. En los Grundrisse
Marx entiende por necesidades ‘necesarias’ a las necesidades naturales.
En El Capital, sin embargo, se refiere a las necesidades ‘necesarias’
como a las necesidades que han surgido en el proceso histórico, que
más allá de la mera supervivencia (necesidades vitales), integran
la cultura, la moral, las costumbres, etc. Son las necesidades ‘normales’
de una sociedad, clase y tiempo determinados.
Como
señala A. Heller, si en la obra de Marx “…indagamos empíricamente
qué necesidades deben ser satisfechas para que los miembros de una
determinada sociedad o clase tengan la sensación o la convicción de
que su vida es «normal» —respecto a un determinado nivel de la división
del trabajo— llegamos al concepto de “necesidades radicales”
9. En Contribución a la crítica de la filosofía del
derecho de Hegel, Marx afirma que la revolución radical es la revolución
de las necesidades radicales. “Sólo una revolución de las necesidades
radicales puede ser una revolución radical…” 10.
En
esa tradición marxista nos insertamos cuando afirmamos que el fundamento
de la vida humana es la praxis histórica de satisfacción de las necesidades
materiales de los pueblos para su producción y reproducción como realización11.
Vida humana y praxis histórica de satisfacción de las necesidades
materiales es lo mismo.
Ahora
bien, en el análisis dialéctico del fundamento de la vida humana como
praxis de satisfacción del sistema de necesidades materiales, K. Marx,
a nuestro juicio, no consiguió liberarse del todo del horizonte paradigmático
‘evolucionista’, historicista, hegeliano, que le lleva, por ejemplo,
a no distinguir claramente en ocasiones: que todas las necesidades socialmente
determinadas son al tiempo naturalmente determinadas, es decir, que
no hay separación en necesidades naturales y sociales en la vida humana;
que la variabilidad histórica de los satisfactores se articula con
la universalidad (diacrónica y sincrónica) de las necesidades; que
la variabilidad del volumen de satisfactores se articula con la permanencia
del ‘volumen’ constante del sistema de necesidades. En El Capital
dice Marx:
“Las
necesidades naturales, el alimento, el vestido, la calefacción, la
vivienda, etc., varían con arreglo a las condiciones del clima y a
las demás condiciones naturales de cada país. Además, ‘el volumen
de las llamadas necesidades naturales’, así como el modo de satisfacerlas,
son de suyo un ‘producto histórico’ que depende, por tanto, en
gran parte, del nivel de cultura de un país y, sobre todo, entre otras
cosas, de las condiciones, los hábitos y las exigencias con que se
haya formado la clase de los obreros libres….“12
Esta
imprecisión en K. Marx fue debida, en parte, a la utilización de la
estructura del método de la dialéctica hegeliana. Con ello se abre
la discusión sobre la:
“…
posibilidad o imposibilidad de trasladar métodos sin cargar, junto
con ellos, con las adherencias metafísicas o prácticas que puedan
tener en cada uno de los casos. Quisiera señalar, repito, que ese traslado
se da en el caso de Marx respecto de Hegel. Un mismo método dialéctico,
el de un Hegel metafísico e idealista, es usado por un Marx científico
y materialista”13.
No
es lo mismo una dialéctica materialista que haber materializado una
dialéctica idealista (como hizo Marx con el método hegeliano). Creemos
que a Marx, con subversión materialista y todo, le sobró la estructura
de la dialéctica hegeliana; y, por limitaciones de su tiempo en cuanto
a descubrimientos científicos y elaboraciones hermenéuticas y filosóficas
en acuerdo con ellos, le faltó también la dialéctica de la estructura
dinámica de la realidad14. Ésta dialéctica articula
la constancia estructural de la materia (de la estructura del sistema
de necesidades materiales humanas), en la riqueza histórica de sus
especificaciones y satisfactores, con el movimiento histórico de la
satisfacción (florecimiento o realización)/insatisfacción material
de las mismas. A nuestro juicio, aquí se encuentra la causa de que
Marx no considere a la estructura del sistema material de necesidades
de la especie humana como una constante estructural, sino como una
creación15 histórica, propia de cada pueblo
y cada momento histórico, cuya insatisfacción radical (de las necesidades
radicales de cada pueblo) produce el cambio social. Es este punto es
donde creemos que la asunción del esquema dialéctico hegeliano, con
sus presupuestos metafísicos, puede traicionar el materialismo de Marx,
y, por derivas idealistas, servir a la autodestrucción del mismo.
En
el caso de F. Hinkelammert, entender el fundamento de la vida humana
como conatus, y no como sistema estructural material de necesidades/capacidades
(además de los otros aspectos referidos), tiene implicaciones de largo
alcance, y claros riesgos de deslizamiento idealista. F. Hinkelammert
deja entrever en su respuesta provisoria algunas de esas profundas consecuencias.
A su juicio, las necesidades no se derivan de la naturaleza, son
variables, y no son el fin de la praxis. Veamos cada una de sus
afirmaciones:
1ª La necesidades no se derivan de las leyes de la naturaleza: “Estas
necesidades, a mi entender, no se derivan de leyes de la naturaleza…Se
especifican en un mundo en el cual rigen tales leyes [de la naturaleza]”.
Ante
esta afirmación de Franz cabe preguntarse: ¿Hay algún ámbito de
la vida humana (personal, social, ‘espiritual’) fuera de la naturaleza
(materia)? A menos que se sostenga un dualismo idealista filosófico
que separa la naturaleza de la sociedad y la historia, no vemos qué
ámbito en la vida humana puede no ser natural y escapar a las leyes
de la naturaleza. La ciencia lo que ha verificado es que la vida humana
es naturaleza humana; naturaleza personal, social e histórica, pero
naturaleza. Por ejemplo, una idea, un libro, son creaciones sociales,
culturales e históricas, pero no sólo. Al tiempo son creaciones naturales
(materiales) ocurridas en las neuronas y plasmadas en un cuerpo material.
El ámbito de la naturaleza y sus leyes es irrebasable. La cultura y
la historia, con sus leyes, son al tiempo cultura e historia natural
(material). Por otro lado, ¿de dónde sino de las leyes de la naturaleza
(materia) humana se derivan las necesidades? Si Franz responde que las
necesidades se derivan de las leyes de la sociedad y la historia, y
a éstas no las considera como sociedad o historia natural (material)
volvemos nuevamente al idealismo hilemórfico que separa materia (naturaleza)
de espíritu. Sería interesante ver cómo articula Franz las leyes
de la naturaleza con la especificación de las necesidades en el mundo
regido por aquéllas.
2ª
La necesidades son variables: “…todas las necesidades son variables
en relación con este conatus”. Esta tesis de Franz, en parte
compartida por Marx, es fruto del historicismo (del movimiento sin substantividad)
que arriba hemos señalado. Un historicismo que impide distinguir, y
articular, la constancia (permanencia y universalidad) del sistema de
necesidades materiales, de la riqueza histórica expresiva de aquéllas,
en la pluralidad de los más diversos satisfactores culturales. Un historicismo
que lleva a confundir el diferente umbral de urgencia
en la satisfacción de las necesidades con la variabilidad de las mismas.
3ª
La finalidad de la praxis no es la satisfacción de necesidades. El
hambre no es necesidad de alimentos: “Yo no como para satisfacer mi
necesidad de alimentos. Yo como porque tengo hambre…No lo hago para
satisfacer necesidad alguna…Como para satisfacer el hambre”. “Jamás
se puede sustituir esta relación con la vida por la relación a algo
como un sistema de necesidades…”
El
hecho de que Franz coloque el fundamento de la vida en el conatus
y no en el sistema de necesidades materiales le hace llegar a
conclusiones sorprendentes tales como que el hambre no es la necesidad
de alimentos; ¿qué es entonces el hambre? Por ese camino creemos que
las necesidades humanas quedan rápidamente ‘desmaterializadas’,
vaciadas de contenido.
Por último, Franz apunta un hecho cierto, se puede realizar una acción concreta (praxis) por los más diversos motivos. Es decir, la plasticidad de la vida humana permite, por ejemplo, que uno puede comer con alguien no porque tenga hambre, puede ya haber comido o estar inapetente, pero come por corresponder a la invitación de un amigo. Esto es así porque, por ejemplo, la praxis de comer unas arepas (el satisfactor) no necesariamente tiene que corresponder a la necesidad (el hambre) para el que se creó. La riqueza de la vida humana (las necesidades socialmente determinadas) hace posible utilizar un satisfactor (la arepa) para satisfacer una necesidad (la comunicación afectiva). Ahora bien, tanto si es para satisfacer el hambre como para satisfacer la comunicación afectiva (otra necesidad), la praxis humana siempre lo es para satisfacer necesidades: siempre lo es para la vida (otra cosa es que se acierte con el satisfactor adecuado). El hecho que Hinkelammert haya interpuesto el conatus entre la vida y el sistema de necesidades materiales es lo que le lleva a negar que la relación de la praxis con la vida humana sea la relación de la praxis con el sistema de necesidades materiales. Algo que no ocurre en Marx.
Panamá, marzo 2009
salamancantonio@hotmail.com