La mazamorra oriental

El tiempo va de prisa como queriendo enfilarse definitivamente hacia las llanuras que huelen a tierra fértil, a pasto nuevo que clava sus raíces en lo profundo de la tierra para que la nueva vegetación nazca firme y segura. Atrás, las sombras del pasado se van irremediablemente desconfigurando, quedando por allí una que otra careta creyendo que todavía es carnaval.

El rey Momo, símbolo de la máscara, de la burla y la locura, se fue montaña adentro a preparar su disfraz de gobierno bonchón. Ahora viene la Semana Santa, momento para orar, para reflexionar y también para recordar como los fariseos, aliados con el imperio, humillaron, golpearon y crucificaron a Cristo, el revolucionario más grande de todos los tiempos de la humanidad.

Las fechas de carnaval y semana santa, me hacen recordar las idas hacia la hacienda “el roble”, ubicada en la zona norte del estado Anzoátegui, como yendo hacia Zaraza. Siendo carajitos o ya de jóvenes, Enrique Roxburath, esposo de mi tía Magdalena, nos invitaba a esos paseos de trabajo. Casi de madrugada nos íbamos a trabajar, a ayudar a traer el ganado del potrero hacia el corral y luego llevarle el pasto o la melaza; a cargar el queso, el maíz, las lechosas y los melones. Por supuesto, también aprovechábamos para bañarnos en las lagunas y agarrar iguanas y rajarlas para sacarles los huevos. Al sentir el motor del carro, el mayordomo o caporal, como todavía le dicen por allá, salía presuroso a abrir el portón y lo primero que decía era: ¡Bienvenidos al gobierno de mazamorro!

Aunque muchos le decían “matatigre”, nosotros le conocíamos como mazamorro. Según él, además de ser capataz también era el legítimo representante del gobierno de mazamorro. Contaba que esa legitimidad se la había otorgado el espíritu de la montaña, a través de la formula de preparar la mazamorra. Y la verdad es que por allá en Anzoátegui, la mazamorra no se prepara de maíz, sino de una especie de fruta rara que se conoce como maya. La planta es herbácea y el fruto es casi esférico.

Las cosas tienen su gran misterio, decía el caporal mazamorro o matatigre. Todos los años, poco antes de semana santa, bien sea en marzo o abril, la planta florea y salen los frutos. Según la leyenda, tal vez inventada por “matatigre”, primero comen los espíritus, simbolizado en el morrocoy, de carapacho muy convexo, rugoso, de color oscuro y con cuadros amarrillos. Efectivamente, salido del barrial, de las piedras y las trochas de la guarimba, el morrocoy avanza lentamente para saborear la maya. Una vez que el morrocoy y su cohorte saborean la deliciosa maya, le corresponde el turno a los mazamorreros, es decir a los habitantes del lugar. Pero además de la maya, también hay que traerse el morrocoy y prepararlo en delicioso pastel o cuajado, plato oriental se suele degustar para la semana religiosa.

Con nostalgia y mirando a través del tiempo, cada vez que “matatigre” se acuerda de la hacienda, dice en voz baja: el gobierno de mazamorro nunca arrancó, porque no tenía proyectos.

Politólogo
eduardojm51@yahoo.es


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Eduardo Marapacuto (*)


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