Término al terminal en La Bandera. Reflexiones sobre la ciudad socialista

Definitivamente el individualismo en todas sus manifestaciones ha sido y sigue siendo una amenaza para la vida del hombre en sociedad. La ciudad como hecho cultural de mayor significación de la humanidad es una expresión de la vida en comunidad, con sus propias reglas que permite compartir no solo bienes y servicios sino también amistad, amor y solidaridad. Los griegos definieron al hombre como gregario y bajo esa óptica deben existir reglas comunes y mínimas que permitan convivir sin dañar o invadir la esfera privada del otro. La máxima romana donde mi derecho termina donde el derecho del otro comienza. Es decir, es el ying y yang oriental que permite mantener el equilibrio. Pero ¿cómo se mantiene esa armonía?

Las ciudades están llamadas a cumplir en la sociedad socialista venezolana, el papel estructurador principal. La ciudad es, en esencia, el contacto personal. Ella es, a pesar de las limitaciones del capitalismo, el lugar de encuentro, de intercambio, de comunicación, y también de organización social –expresiones todas, de la cultura–, realizadas en sus espacios públicos que son las calles y plazas. Pero también implica el orden de las edificaciones que prestan diversas funciones: la de habitación, la educación, el mercado, el transporte.

Originalmente la planificación urbana nos vino de España con la cuadrícula colonial donde la plaza era precisamente el centro de toda la vida política, social, económica y cultural donde pretendió buscar esa equilibrio, aunque con su influencia medieval con sectores o ghettos dentro de la ciudad, donde los mantuanos habitaban el centro de la plaza mayor, con excepcionales villas o quintas de veraneo en la periferia; los artesanos, educadores y comerciantes después del círculo de los influyentes, y mucho más a la orilla (de ahí el término de orilleros) la gente de menores recursos económicos. posteriormente los manumizos, y otras “razas” marginadas del estatus social imperante; tanto así, que cada grupo tenía un templo donde realizar sus rituales e implorar a la Providencia, reservándose únicamente a la catedral primada los mantuanos y altas autoridades políticas y religiosas.

Luego con la explosión petrolera, otro sería el esquema para la ciudad: el modelo estadounidense, es decir, urbanizaciones a la periferia, donde el vehículo es el protagonista: los espacios dejados por los antiguos mantuanos son ahora ocupados por los sectores medios y los pobres, siguiendo el esquema colonial, para el caso particular de Caracas, se ubicaron en los contornos, precisamente en las montañas, donde eufemísticamente se le llama colinas o terrazas a las zonas de mayores recursos de capital y cerros para los pobres. Se imponen los “Pedul” que no eran otra cosa que planes de desarrollo inmobiliario. Seguimos con la herencia clasista. Y con ese modelo gringo, vinieron los mall o centros comerciales, donde precisamente son ciudades comerciales, pero a diferencia del Norte donde estas ubicados alejados de los centros poblados, pues se conectan con autopistas, aquí se ubican dentro de la ciudad: ciudades dentro de la ciudad, con todo lo que ello significa: más volumen de personas y vehículos, en una palabra: caos.

Para los carros y autobuses, los terminales de pasajeros en las ciudades medianamente ordenadas se encuentran ubicados a los límites de la misma, salvo los trenes donde muchas estaciones se encuentran en el centro, pero el medio es diferente. Los autobuses y vehículos llegan al borde de la ciudad pero se conectan con otros sistemas de transporte: y es lógico para ciudades como Caracas, largas y estrechas, pues no deben atiborrarse de vehículos de carga de pasajeros y bienes.

He tratado sucintamente algunos de los problemas urbanos de Caracas. Creo que el lector ha podido intuir que me he referido a dos casos emblemáticos: el Sambil en La Candelaria y el Terminal de Pasajeros en La Bandera.

En ambos casos, los vecinos, la voz del pueblo con ese sentido común advirtió a las autoridades que esas construcciones no podían calzar en los sitios donde les quiso implantar. Pero lo del Terminal en La Bandera es mucho más dramático: una lucha de 8 años, donde por primera vez un gobierno y me refiero al del entonces alcalde Aristóbulo Istúriz, oyó la gente y frente a un hecho consumado, impuso la ley. Pero otros gobiernos, regional con Ledezma y posteriormente municipal, cuando llegó a ser alcalde, y nacional, con Caldera impusieron esa construcción, con todos los problemas estructurales, viales y ambientales que implícitamente traía consigo, y que hoy se corroboran.

Aquí conviene advertir a los lectores que en el caso particular del Terminal en La Bandera tenía un antecedente con intereses económicos inconfesables: los terrenos donde estaba el Nuevo Circo, esa especie de trébol de cuatro hojas, son las parcelas más caras de la ciudad. Para finales de 1989 se pretendía construir una especie de World Trade Center con el financiamiento del Banco Latino; esa era la premura para desalojar al Nuevo Circo y buscar el terreno que podían utilizar, el de La Bandera. Por eso el inefable Ledezma, primero como Gobernador al impulsar su construcción a pesar de los inconvenientes estructurales y la oposición del pueblo, y posteriormente como alcalde, en forma fútil y bajo nocturnidad, un 31 de diciembre de 1997, arremetió contra los comerciantes para así crear el caos necesario y obligar la mudanza a La Bandera.

Por ello es imperante para la sobrevivencia humana en sociedad, la conformación de las ciudades para el futuro, una red de núcleos urbanos de pequeño tamaño, orientados al aprovechamiento sostenible de sus patrimonios locales por parte de sus ciudadanos organizados. Hablamos de ciudades dotadas de la capacidad de producir desarrollo y bienestar para todos sus ciudadanos y ciudadanas, con capacidad de abastecerse de recursos y de deshacerse de residuos y con sus propios planes de desarrollo endógeno, diferentes. Una especie de Planes para el Desarrollo de Ciudades Sustentables, como atinadamente lo sugiere el arquitecto José Manuel Rodríguez, un nuevo instrumento de planificación que tiene como propósito central facilitar una más directa articulación de los esfuerzos dirigidos a producir desarrollo sustentado sobre los valores y potencialidades de las diversas ciudades-municipios, pues ese es su patrimonio. En esos planes la ciudad se concibe como un gran núcleo urbano de desarrollo endógeno que es, a su vez, contenedor de múltiples y variados núcleos de desarrollo endógenos; es decir, donde la vida comunitaria prive sobre la depredadora forma individualista que hasta ahora hemos conocido.


osiscor@gmail.com


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