Los revolucionarios no damos lástima

Todavía tenemos los recuerdos frescos de aquellas imágenes en la que muchos empleados de Petróleos de Venezuela que habían participado en el sabotaje a la gran industria quedaron sin trabajo y en muchos casos tuvieron que abandonar sus casas y mudarse para otro lado.

Los medios cómplices del golpe se encargaban de presentar en primer plano el rostro lagrimoso de cualquier dama, buscando despertar la compasión de la población y que en consecuencia aborreciera al presidente Hugo Rafael Chávez Frías. Ese siempre ha sido el objetivo de los opositores que sabemos no se quieren ni entre ellos. A nadie convencían de que estaban preocupados por el futuro de esas familias, pero hacían, como siempre, su trabajo cloacal mediático.

Había que tener plena conciencia de la situación, a fin de no sucumbir ante tomas televisivas de hombres, mujeres y niños buscando aire puro y sobreponiéndose de alguna humareda de las quemas que ellos mismos propiciaban en los disturbios, para manifestar contra el Gobierno nacional.

Echaron a un lado esa prepotencia que caracterizó a muchos empleados que ganaban un buen sueldo en Pdvsa y entonces se comportaban como pobres damnificados a quienes el presidente Chávez les quitó el trabajo y la casa donde vivir. Querían dar lástima. Pero nunca decían que las acciones emprendidas se debían a que estaban conspirando contra el Gobierno nacional.

El presidente Chávez sólo pretendía hacer de Pdvsa, una industria para todos los venezolanos. La tenían secuestrada y no había forma de recuperarla.

Pues bien, ahora en la Alcaldía de Maracaibo, con el triunfo de Manuel Rosales se vive una situación similar. Sólo que allí nadie estaba conspirando sino cumpliendo con su labor, sin embargo hemos quedado sin trabajo. Los opositores llegan vejando y humillando, para que los revolucionarios se vean obligados a abandonar los cargos, sobre todo los que apoyamos férreamente al ex candidato del Psuv, Gian Carlo Di Martino.

“Necesitamos los puestos” dicen”, “Si son revolucionarios y radicales, ¿por qué no se marchan?”, le espetan a cualquier empleado en el pasillo de alguna oficina.

Disfrutan colocando a los chavistas entre estas dos opciones: bajar la cabeza y soportar la humillación o abandonar el cargo e irse a expensas de que nunca le cancelen las prestaciones sociales.

Toda esa situación la viven los revolucionarios aquí en Maracaibo, pero no salimos dando lástima por las pantallas de televisión. Y es que a los chavistas de corazón nos caracteriza la dignidad aún cuando nos pretendan poner contra el piso. De cualquier manera sorteamos esas adversidades de la vida. Ya tenemos la piel de caimán.

Nosotros no esperamos nada de los opositores motivados por el odio, como la gente de Manuel Rosales que actúa estimulada por el rencor. Lo peor es que muchos de los que tienen esa actitud agresiva y vengativa, se trata de empleados que laboraron durante la gestión de Di Martino y nunca fueron presionados ni separados del cargo. Por el contrario, se les trató con mucha consideración. Eso me consta, porque en la Alcaldía de Maracaibo ocupé el cargo de coordinador de prensa y analista comunicacional.

Pero bueno, esa es la situación. De modo que, para culminar, sólo me resta señalar lo que les recuerda reiteradamente el presidente Chávez a sus adversarios: “administren bien su triunfo y yo añado desde Maracaibo: “disfruten a Manuel Rosales al máximo estos próximos meses” y no pretendo hacer una amenaza, qué amenaza puede hacer un periodista ahora desempleado. También les recuerdo algo que de verdad creo de corazón: el que a hierro mata, no puede morir a sombrerazos…no se les olvide este viejo refrán que, a mi juicio, es una lección en la vida.



albemor60@hotmail.com


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Alberto Morán


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