Tiempo de definiciones

Estamos como en los últimos kilómetros de una recta que veníamos transitando desde 1999. Nos acercamos a una encrucijada y antes de asomarnos a ella, notamos la respectiva señalización que orienta sobre los destinos que probablemente se lleguen si toma a la derecha o a la izquierda.

La ruta a la derecha, se ve, en función de la señalización como una gran recta, cuyo recorrido no supone mayores riesgos porque exige de una buena máquina y suficiente combustible para el trayecto. Contamos en abundancia con ese insumo para el recorrido. Es necesario, en función de los requisitos de esta vía, contabilizar la velocidad y frecuentemente hacer público los registros se que logran para sostener que ese nivel de registro tiene sus efectos en todo y cada uno de los que nos incluimos en la vía y en e tren. Es una recta parecida a la que estamos a punto de dejar y que hemos venido recorriendo en estos cuatro años a un ritmo acelerado con algunos problemas, pero superables con los recursos que nos ofrece la condición de país petrolero: hay suficiente capacidad para llevar las “chuecherías”

Recorrer esa recta no tiene (por ahora) muchas complicaciones porque podemos transitarla dando créditos suaves, importando y comprando alimentos para centrarnos solamente en el recorrido. En el “tramo” recorrido hemos visto que muchos conductores “manejan” con los valores propios del momento que dejamos. El combustible por ahora, da para que un mayor número de venezolanos (pobres y ricos) puedan acompañar este recorrido. No es seguro, que esta ruta nos permita reducir la pobreza y la exclusión. Se Asegura si, que mientras los pozos estén llenos y con el liquido alto, los pobres puedan tener poder adquisitivo y someterse a la especulación y escasez, pero no perder su condición de pobres, porque esa condición no se reduce a un problema de salario con poder adquisitivo.

Se facilita el pan o el pescado a los que hacemos el recorrido; más no se garantiza, a pesar de las estaciones/misiones que hay en el trayecto, la posibilidad de erradicar esos males que decidimos dejar en 1999. Se garantiza también, mucho espejismo en el trayecto que da para colocar pomposo avisos de prensa y con puerto de llegada que nos puede parecer similar a otras estaciones que visitamos antes de 1999

La otra ruta es dificultosa, compleja y llena de contradicciones. Supone, mas que afrontar el reto de referendo constitucionales, tener claro unos valores para hacer el recorrió y supone también, realizar un estricto control para conocer si ese recorrido se hace respetando esos valores. Se nos informa y hay evidencia de ello, que esa ruta tiene diversidad de obstáculos que pueden distraernos y generar profundos desalientos capaces de estimular o provocar un retorno. Los desalientos no son propios de esta ruta; los están en todas y sin asomarnos a las exigencias de ella, ya observamos comportamientos y posturas indeseables, que si no se atienden, pueden producir o inducir el retorno.

Vemos como muchos conductores, haciendo uso de su capacidad de administrar el combustible e insumos, alteran ruta, colocan un kilometraje falso, pagan peajes que después retorna a ello. Esta ruta es larga y sacrificada, reclama mucha humildad y fortaleza por parte de los conductores. Transitarla exige además, el uso de un cinturón de seguridad que está representado por el trabajo productivo y un desempeño eficiente y eficaz. Recorrer ese camino impone una condición importante de la que se ha hablado mucho y dado inmensas cantidad de recursos PERO SIN RESULTADOS. Es necesario producir alimentos, porque continuar con la política de importación nos coloca frente a las amenazas que ahora confrontamos con el desabastecimiento y especulación. Ese problema está en manos de los que han promovido la desestabilización y golpes de estado.

El cambio más importante que reclama esta ruta, no es extrema y estructuralmente exigente. Es sencillo creo yo, reclama únicamente humildad por parte de los que se proponen llevar los motores. Supone ser política y culturalmente distinto a los conductores que bajamos del tren en 1999. No es fácil cambiar, pero es el reto que el proyecto debe confrontar y resolver., porque si no es así, el retorno es posible con sus consecuencias dramáticas. Es justo reconocer que el tren dispone de un dispositivo que nos permite bajar en cualquier sitio a los conductores que violentan los valores, pero esa posibilidad (ahí lo complicado) depende del común y a veces ignoramos ese poder o cometemos el error de negociarlo.

evaristomarcano@cantv.net




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Evaristo Marcano Marín


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