Reporte de un observador colombiano en Caracas.

La batalla refrendaria en Venezuela

El poder popular, así como los cambios
revolucionarios,
las transformaciones en la historia,
no se decretan legalmente por vía constitucional.
Simplemente se hacen (...)
Marcelo Colussi


Resumen

Venezuela es un país fuertemente politizado, en razón
de su historia, sus tradiciones y su cultura política,
por un lado, y también del actual proceso de profundas
transformaciones que hoy vive el país en el marco de
lo que ha venido a llamarse la Revolución Bolivariana,
liderada por el presidente Hugo Chávez a partir de su
llegada al poder en 1999. Caracas, como ciudad
capital, ha sido el epicentro de una marcada
polarización y confrontación entre dos bandos que en
términos generales podrían definirse como: los
partidarios y los opositores del proyecto bolivariano.
En este escenario se desarrolló la reciente historia
de la propuesta de cambio de la actual Carta Magna
vigente desde 1999. El siguiente documento busca
brindar una lectura de lo ocurrido en Venezuela en
torno a la propuesta de reforma constitucional desde
su aparición pública hasta su rechazo por vía
refrendaria el 2 de diciembre de 2007. Se plantean,
por último, algunas conclusiones de lo sucedido.


Antecedentes.

Tras la reelección presidencial de Chávez en 2006, el
gobierno bolivariano ha impulsado una nueva estrategia
llamada “Proyecto Nacional Simón Bolívar” cuyo
objetivo es intensificar los cambios de la revolución
en aras a consolidar un nuevo orden socialista. De
este proyecto hacen parte 5 Motores Constituyentes, a
saber: la Ley Habilitante (en vigor desde principios
del presente año), la Reforma Constitucional, la
Jornada Moral y Luces, la Nueva Geometría del Poder y
el Estallido del Poder Popular.

Este conjunto de procesos están necesariamente
interrelacionados entre sí y su articulación fue
plasmada en la propuesta de reforma constitucional.
Este segundo motor constitucional y un primer conjunto
de 33 artículos fueron presentados por iniciativa del
ejecutivo ante la Asamblea Nacional el 15 de agosto
pasado. Posteriormente, con base en los debates
sostenidos en el seno de la Asamblea y numerosas
consultas populares a través de la figura de
parlamentarismo de calle, además de intervenciones de
distintos representantes de la oposición, se sumaron
35 artículos a la propuesta de reforma constitucional.
Compuesta en definitiva por 69 artículos, ella fue
sometida a referendo el pasado 2 de diciembre.

A partir de la presentación del proyecto de reforma
constitucional, los ánimos y la discusión política
crecieron intensamente en lo que puede ser considerada
una batalla crucial entre partidarios y opositores no
sólo de la reforma sino del conjunto de componentes de
la revolución en curso. Momentáneamente, el resultado
del referendo fue bien denominado como “un final de
fotografía”: 50.7% en contra y 49.3% a favor de la
propuesta.



¿Qué estaba en juego?

La contienda fue compleja y agitada: no podría haber
sido de otro modo ya que lo que estaba en juego era la
instauración oficial y constitucional del primer
Socialismo del Siglo XXI, el otorgamiento de rango
constitucional al Poder Popular y la inclusión en la
Constitución de un revolucionario modelo de
reordenamiento territorial llamado “Nueva Geometría
del Poder”. En la propuesta de reforma se plantea el
estableciendo de un Estado, una economía y una
democracia de carácter socialista, que busca avanzar
hacia la consolidación un nuevo régimen
socio-económico. Es de elogiar un paso de este tipo en
vista del estado actual de las cosas y los ingentes
problemas estructurales existentes (desigualdad,
miseria, corrupción, hambre, guerra, colapso
ecológico, etcétera). El estado actual de la cosas
exige, por tanto, la construcción de una nueva
sociedad con valores más humanos y fraternales, en
armonía con el medio ambiente, y liberada de
posiciones egoístas y mezquinas.

Concomitantemente, se avoca en la reforma el
fortalecimiento de las organizaciones sociales de base
a través del Poder Popular o Constituyente y los
Consejos Comunales, elementos cruciales dentro de toda
verdadera revolución ya que ello plantea el diseño y
la ejecución de nuevas estrategias impulsadas “desde
abajo”. El Poder Popular es un eje que atraviesa
transversalmente la propuesta de reforma
constitucional y se articula con el conjunto de
disposiciones que la componen. En el documento de la
reforma se destaca, además, la relevancia de
reestructurar la organización político territorial del
país, en aras a transformar modelos administrativos,
institucionales y geográficos en función de nuevas
relaciones de poder.

La reforma incluye las líneas anteriores así como el
propósito no menos importante de alcanzar la mayor
suma de felicidad posible en el pueblo venezolano. En
este sentido: se prohíbe el latifundio y los
monopolios; se propone la creación de un Fondo de
Estabilidad Social con miras a brindar seguridad
social a los trabajadores independientes; se disminuye
la jornada laboral a 36 horas semanales; se reivindica
el derecho a la ciudad exento de discriminación por
razones de raza, religión, género, edad u orientación
sexual o política. Estas son algunas de las más
relevantes medidas sociopolíticas incluidas. No es
objeto de este documento hacer un análisis riguroso
del contenido de la reforma sino ponderar algunas de
sus líneas principales.

Aunque no constituyeran la médula de la reforma
constitucional, otras medidas fueron objeto de
tergiversación, exageración y magnificación tanto en
el escenario interno como en el internacional, merced,
principalmente, a la activa propaganda opositora en
los medios masivos de comunicación. Ejemplos tales
fueron: la implementación de distintas formas de
propiedad (la social, la pública, la colectiva, la
mixta y la privada), modalidad que de ninguna manera
cuestionaba o perjudicaba a la propiedad privada, que
permanecía reconocida y garantizada. La reelección
continua, libre e indefinida del poder ejecutivo, que
fue asimilada y condenada de manera imprecisa e
irresponsable por los medios masivos como “la garantía
de perpetuación en el poder del presidente Hugo
Chávez”. La abolición de la autonomía del Banco
Central, disposición que provocó inquietud en varios
centros de poder político y económico en el mundo.

Este conjunto de disposiciones recibió muy mala prensa
doméstica e internacional, cosa que sin lugar a dudas
logró desvirtuar y censurar en su conjunto a la
reforma constitucional, y tuvo repercusiones muy
efectivas en favor de campaña de la oposición.
Paradójicamente, a la luz de la serie de
acontecimientos recientes, aquello que no podrá seguir
siendo desacreditado ni negado, es la vocación
democrática del pueblo y del gobierno venezolano, el
respeto por las reglas de juego y por la libertad de
expresión en su territorio, la transparencia del
sistema electoral y la fortaleza institucional del
organismo que lo representa. En fin, la presunta
dictadura chavista ha sido rotundamente desmentida por
los últimos hechos.


Revolución, reacción y abstencionismo.

Es fundamental aclarar que pese al triunfo del NO en
el referendo, el proceso revolucionario es una
realidad que progresa a pasos agigantados en
Venezuela. De cualquier manera, los comicios arrojaron
resultados electorales muy reñidos que dicen mucho
acerca de la complejidad de la situación actual y la
división respecto a las aspiraciones políticas de la
sociedad. Vale también resaltar que la abstención
alcanzó niveles muy altos en esta ocasión, 44% de la
población, sobre todo si se compara con las anteriores
elecciones presidenciales en diciembre de 2006 cuando
sólo alcanzaron un 26%. Y esta abstención fue, sin
duda, un golpe rotundo para la reforma que le
significó al oficialismo cerca de 3 millones de votos
en comparación con la votación en las elecciones
presidenciales previas, cuando 7.3 millones de
habitantes le dieron su apoyo a Chávez. De manera que
si aproximadamente 4.5 millones ratificaron el NO y
cerca de 4.3 millones de votos apoyaron el SI, vale la
pena indagar a profundidad en esa zona gris del
abstencionismo puesto que su peso en la coyuntura
actual es innegable.

En términos generales, podría decirse que las
aspiraciones políticas venezolanas recorren
actualmente una amplia gama de posibilidades: van
desde el deseo obstinado de volver al antiguo orden de
las cosas; pasando por la ratificación diaria en la
convicción de que “otro mundo es posible” y vale la
pena luchar para conseguirlo; incluye también a
quienes yacen en la confusión, la reflexión, el
rechazo o la indiferencia; hasta una contundente
denuncia e inconformidad ante los graves problemas que
aún persisten en el aparato estatal y en la cultura
política venezolana, actitud que llevó a no pocos
venezolanos tradicionalmente chavistas a votar por el
NO o a no acudir a las urnas.

Dicho lo anterior, es importante exponer algunas
aclaraciones. Lo que buscaba la reforma era
instrumentalizar por una vía “de derecho” aquellos
componentes de la revolución que ya se han venido
operacionalizando y fortaleciendo por vías “de hecho”
durante los últimos 8 años. Esos cambios exigen hoy en
día ser acentuados a través de lo que en palabras del
presidente sería “una intención estratégico-política,
de ampliar el marco de acción, alargar la perspectiva
y el horizonte, y profundizar en el contenido…
incrementar la velocidad de los cambios”.

De este modo, se buscaba también intensificar la lucha
en contra de los arraigados vicios políticos, en el
entendido de que una revolución no puede cambiar las
cosas de la noche a la mañana. Las transformaciones
socio-culturales, económicas y
político-institucionales tardan tiempo en
consolidarse. Asimismo, es menester resaltar que la
actual estructura estatal y la sociedad política que
la acompaña siguen adoleciendo de enquistados vicios
relacionados con prácticas de corrupción, despilfarro,
clientelismo, burocratismo e ineficiencia. Una
verdadera revolución no avala estos flagelos y para el
revolucionario está claro que se necesita disciplina,
abnegación y trabajo arduo para abolir progresivamente
estas situaciones. De allí, la importancia de la
claridad ideológica, su constante y oportuna
divulgación e interiorización en la sociedad. Ello es
lo se pretende inculcar a través del Tercer Motor
Constituyente: Moral y Luces.

No obstante, algunos chavistas decidieron pasarle
“factura de cobro” al gobierno por aquellas
adversidades, al votar por el NO u optando por la
abstención, pasando por alto las atribuciones propias
de un referendo y sus propósitos especiales. Existe un
notorio descontento por el comportamiento de
diputados, alcaldes y gobernadores, así como por
quienes ocupan otros cargos públicos e instituciones.
Y es verdad que numerosos representantes públicos
están entregados al pillaje y al saqueo del erario
público, antes que a lo que debería ser su labor como
“servidores públicos conscientes y éticos”. No sirvió
de mucho que Chávez hubiera hecho un llamado
perentorio en días previos a la celebración del
referendo para que aquellos indecisos o inconformes,
tanto quienes lo habían acompañado hasta el momento
como los que no, apoyaran el cambio constitucional ya
que, según él, quien votará en contra del referendo
votaría en contra el mismo presidente y la revolución.


Por otro lado, no es gratuito que casi la mitad del
electorado le haya dado su voto al SI puesto que ello
significa que en Venezuela una parte gruesa de la
población está de acuerdo con los cambios que se
vienen implementando en el país al amparo del modelo
de “Democracia Protagónica y Participativa” incluido
en la Constitución de 1999, la reestructuración de las
relaciones de poder, la reivindicación de los derechos
de los más pobres y excluidos, y las acciones en pro
de la inclusión social y la redistribución de la
riqueza, los recursos y las oportunidades. Otros
progresos se vienen materializando con miras a
configurar nuevas formas de producción basadas en la
solidaridad y la cooperación y tendientes a la
transformación de las bases económicas. En suma, todos
aquellos elementos que consistentemente apuntan hacia
la transferencia real de poder al pueblo y la
construcción de un nuevo modelo de sociedad, “el
Socialismo del Siglo XXI”.

Los elementos anteriores están fuertemente arraigados
en el discurso popular de aquellos que militan en el
proceso y no corresponden exclusivamente a un discurso
oficial que, como uno podría pensar, es impuesto
“desde arriba”. Los “consejos comunales” es una
novedosa estrategia de organización comunitaria que
traduce muy bien la manera cómo se materializan las
iniciativas que provienen de las mismas organizaciones
de base. Por su parte, las Misiones Bolivarianas,
expresan el interés de construir “una
institucionalidad novedosa, excepcional, experimental
y paralela” que paulatinamente coadyuve a reemplazar
la tradicional maquinaria estatal y sus ineficientes
esquemas de clientelismo y corrupción . El compromiso
revolucionario, la conciencia de emancipación y el
significado histórico de este proceso y de sus
mecanismos de participación, son componentes del
lenguaje cotidiano de aquellos habitantes que se
sienten fortalecidos y tenidos en cuenta en el
desarrollo del nuevo socialismo: de ello puede darse
cuenta cualquier observador que analice con atención
la vida de Caracas.

Estrategia, argumentos y significación del “NO”.

No obstante, pese al compromiso y la militancia que
este proceso ha despertado en numerosos sectores y
movimientos de base, paralelamente ello ha propiciado
el fortalecimiento de una oposición de espectro muy
variado, aquella que le significó el triunfo al veto
de reforma constitucional. Allí confluyen tanto los
que detentaban poder y privilegios intocados hasta la
puesta en marcha de la revolución (los partidos
políticos tradicionales, la patronal, algunos
movimientos sindicales, los medios de comunicación y
la jerarquía de la iglesia católica, entre otros),
como actores de nuevo cuño entre los que se encuentran
algunos movimientos estudiantiles, ex-simpatizantes y
disidentes del proyecto bolivariano (lo cual incluye a
oportunistas, reformistas y socialdemócratas, entre
otros).

El primer grupo es el más persistente y tenaz
movimiento reaccionario que sistemáticamente ha
obstaculizado y atacado el proceso de cambio en
Venezuela. En este grupo se encuentran los fieles al
“statu quo”, aquellos que aborrecen las
transformaciones y que velan por el mantenimiento de
las relaciones de poder tal y como han existido
históricamente a través de esquemas represivos,
excluyentes y racistas. Para este sector de la
población resulta inaceptable el hecho de que un
personaje como Chávez, que reúne múltiples influencia
étnicas y culturales, haya llegado al poder y se
mantenga en éste. Se suele denigrar constantemente a
Chávez y a su electorado al aplicarles el apelativo de
“chusma”. Cuando se lleva este argumento hasta el
extremo, la más grave falla de cualquier sistema
democrático es brindar la posibilidad a este grupo
poblacional de alcanzar cargos públicos de peso.
Siguiendo este punto de vista, es inadmisible que
alguien que proviene de sectores marginales, de las
clases bajas, y que no tiene la suficiente formación y
educación (según criterios que se desprenden de una
antigua cultura de dominación), pueda acceder al
poder. Ha sido una costumbre denigrar al que está
abajo cuando se ocupa una posición elevada desde la
cual se ha podido sacar provecho de una educación
elitista y excluyente.

De allí proviene una de las campañas de desinformación
más características, recurrentes y efectivas de los
sectores de oposición: ¡Venezuela es un país peligroso
bajo el régimen de Hugo Chávez! Claro, cuando quienes
han acaparado los privilegios socio-económicos y
políticos tienen que ceder espacios de poder a quienes
tradicionalmente habían sido marginados, se incurre,
ciertamente, en una situación de elevada peligrosidad.
El botín ha dejado de ser repartido para saciar el
lucro y el lujo de las minorías y ahora ha pasado a
satisfacer las necesidades de la mayoría. En este
grupo no sólo hay minorías enriquecidas sino también
otras capas sociales que interiorizan el discurso de
dominación y la conciencia de las clases dominantes al
punto de que han alcanzado niveles muy elevados de
alienación: el mito acerca del propósito del gobierno
de eliminar la propiedad privada ha despertado uno de
los temores más enconados entre estos habitantes bajo
la lógica de “nunca nos quitarán aquello que con sudor
nos hemos ganado”. Sin embargo, un análisis
concienzudo de los hechos, de la sociedad, de la
cultura y de la misma reforma, permite corroborar que
la propiedad privada seguirá existiendo en Venezuela,
bajo el reconocimiento y las garantías estatales.


Por otro lado, es necesario recordar que Venezuela es
un país que pasó por una profunda crisis durante los
80´ y los 90´. Ello provocó incrementos de los niveles
de pobreza y de desigualdad, de descomposición social
y de violencia. Asimismo, los problemas endémicos del
juego político como la corrupción, el clientelismo, el
derroche y la ineficiencia, han hecho parte de una
larga historia en la institucionalidad venezolana,
nutrida por los ingentes ingresos petroleros; estas
prácticas también se acentuaron visiblemente durante
los últimos 30 años. Si hoy persisten estas
condiciones, ello no se debe única y exclusivamente a
la gestión del gobierno bolivariano, y más bien
obedecen a una suerte de inercia cuyas manifestaciones
serán muy difíciles de contrarrestar y eliminar. No
es, por tanto, sensato atribuir estos flagelos a la
revolución per se. Por el contrario,saebmos que, en
principio, ella busca la recomposición de la sociedad
con base en un sentido ético y social, la expansión de
la justicia social y la redistribución equitativa de
los recursos, el poder y la riqueza ¿Hasta cuándo
entonces aplazar la puesta en práctica de un proceso
que conlleva cambios perentorios y de gran envergadura
en todas las dimensiones sociales?

Así no piensan todos. De allí que haya existido una
intensa campaña mediática, proveniente de los sectores
de derecha (tanto nacionales como globales), en contra
de todo aquello que proviene del gobierno bolivariano.
Es difícil encontrar algún elemento positivo que sea
rescatado por aquellos medios de comunicación que
incesantemente están minando cuanto esfuerzo,
denigrando cuanto logro y magnificando cuanta falencia
procedentes de la actual administración. En conjunto
con los demás sectores de la oposición, y bajo el
amparo de gobiernos y entidades internacionales, estos
emporios mediáticos han adelantado de manera metódica
un plan de desestabilización que incluye una intentona
y un paro-sabotaje petrolero en 2002, así como una
incontable cadena de agresiones, ataques y llamados al
derrocamiento del líder venezolano, cuyas credenciales
democráticas no pueden ponerse en cuestión (de ello
pueden dar cuenta las múltiples jornadas electorales y
los informes de veedores internacionales, incluidos el
Centro Carter y la Organización de Estados Americanos,
que ratifican la legitimidad de su mandato).

Era claro que en periodo prerreferendo, los ataques y
las agresiones iban a intensificarse y así fue. En
este contexto, es importante mencionar algunos
aspectos sobre el papel que están cumpliendo nuevas
organizaciones estudiantiles del lado de la lucha
opositora en Venezuela. Estos sectores se han
convertido en gran esperanza, punta de lanza y factor
imprescindible de oxigenación para una derecha que
estaba anquilosada, desintegrada, sin líder ni
programa político convincentes, capaces de igualar en
carisma o nivel argumentativo al presidente y a su
propuesta revolucionaria.

Sin embargo, este movimiento opositor estudiantil,
cuya militancia puede incluir aproximadamente a
10.000 jóvenes estudiantes en la capital (ante un
número aproximado de 500 mil de estudiantes en la
ciudad), ha sido irresponsable en varias oportunidades
al convocar a actos destinados a despertar zozobra e
inestabilidad en la población. Su estrategia, en
principio, es pacífica con base en la desobediencia
civil pero los hechos desmienten lo anterior. Existen
antecedentes de actividades violentas en recintos
universitarios y en las calles caraqueñas con miras a
provocar medidas represivas por parte del gobierno,
incrementar los niveles de ingobernabilidad y acelerar
progresivamente el derrocamiento de Chávez . Vale
decir, que al mismo tiempo también se ha fortalecido
un grupo de estudiantes revolucionarios que reúne a
cerca de 300 mil integrantes en todo el país,
cobijados por la Misión Sucre que busca poner la
educación universitaria al alcance de los sectores
venezolanos más pobres históricamente marginados por
el sistema educativo nacional.

Además, los ataques contra el referendo provinieron de
algunos intelectuales de la izquierda, así como de
movimientos políticos y militares de alto rango que en
algún momento anterior dieron su apoyo a Chávez. Estos
argumentos, no carentes de validez, debieron haber
sido escuchados con mayor atención por parte del
oficialismo: muy probablemente, el haber atendido a
algunas de sus demandas y respondido de manera
acertada a sus reparos, le habría permitido al
gobierno salir mejor librado en los comicios
refrendarios.

En primer lugar, hubo cuestionamientos de profesores
prestigiosos de la Universidad Central de Venezuela
como Margarita López Maya y Edgardo Lander . Sus
inquietudes coincidieron en múltiples líneas.
Argumentaron que el cambio constitucional propuesto
conlleva transformaciones profundas, razón por la cual
debió haberse tramitado a través de la modalidad de
una Asamblea Constituyente y no de un referendo.
Cuestionaron las facultades discrecionales y la
concentración de poder que se arrogaría el ejecutivo a
través de la reforma, así como las repercusiones que
ello acarrearía con respecto al exceso de atribuciones
del Estado en detrimento de verdaderas posibilidades
de participación de la sociedad civil. Reprobaron el
proceso de discusión de los nuevos artículos
propuestos dadas las limitaciones no sólo temporales
(poco tiempo para el debate), sino también
procedimentales e institucionales, lo cual
perjudicaría el desarrollo de un debate intenso,
prolongado y fructífero. Según su apreciación,
irremediablemente se caería en la trampa de celebrar
un plebiscito, a favor o en contra del mandatario, y
no un referendo, con la suficiente participación y
conciencia de las fuerzas civiles dentro del juego
democrático. Asimismo, López Maya sostuvo que la
reforma atentaría contra los principios de la
alternatividad, el pluralismo político y la
descentralización. Lander, por su parte, recalcó que
el proyecto adolecia de falta de precisiones sobre lo
que sería un Estado, una economía y una democracia
socialistas.

Por su parte, el general Raúl Isaías Baduel, cuya
trayectoria le había significado un profundo
reconocimiento popular en torno a su imagen de
imbatible talante revolucionario y quien fuese
recordado como uno de los compañeros de armas más
antiguos y cercanos a Hugo Chávez, propinó un fuerte
golpe al proyecto de reforma al censurarlo
públicamente. Según su parecer, la reforma merecía la
convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.
Puso énfasis en que el debate no se estaba realizando
de la manera adecuada, con la suficiente participación
popular, y que ello redundaría en mayor polarización y
confrontación de la sociedad venezolana en lo
venidero. Aseguró también que de aprobarse el
referendo el 2 de diciembre, se fortalecería el Poder
Constituido y no el Poder Constituyente. Conforme lo
expresado por Baduel, ello se traduciría en un
autogolpe de Estado ejecutado por dos ramas del poder
público con base en el uso y el abuso de sus
facultades constitucionales: la legislativa y la
ejecutiva. La disidencia de Baduel tuvo impactos muy
sentidos dentro de la militancia revolucionaria y su
posición sin duda fortaleció el hálito de rechazo
alrededor de la reforma. El movimiento político
PODEMOS (Por la Democracia Social), que acompañó en
múltiples jornadas electorales al presidente Chávez,
también retiró su respaldo al SI.

Acompañando los argumentos esbozados con anterioridad,
también se propagó una campaña masiva de
desinformación y mentiras en aras de enturbiar
cualquier elemento positivo de la reforma. Varios
mitos comenzaron a circular por todo el país a través
de radio, televisión y prensa. Se llegó a afirmar que
con la reforma los padres perderían la patria potestad
sobre sus hijos, quienes serían enviados a Cuba para
ser adoctrinados en campos de formación
castro-comunista. Se sostuvo también que la reforma
atentaría contra la propiedad privada de todos los
venezolanos: una propaganda política pagada mostraba a
un carnicero quien era expropiado por autoridades
públicas sin justificación alguna (en nombre de la
revolución). Asimismo, se sostuvo que el cambio
constitucional era un artilugio cuyo único fin era
asegurar la perpetuación de Chávez en el poder. La
reforma impondría un pensamiento único en Venezuela,
el Socialismo, que acarrearía una negación de la
pluralidad y las libertades en el país. Esta reacción
en cadena de tergiversaciones sobre el proyecto de
reforma constitucional impidió que se desarrollara un
debate riguroso, fidedigno y transparente acerca de su
contenido real. Curiosamente, esta falsa información
despertó miedos infundados y exagerados en zonas
opositoras así como escepticismo y distanciamiento en
zonas tradicionalmente chavistas. La tergiversación y
la demonización de la propuesta fueron pilares de la
propaganda política opositora.

La recta final y la celebración del referendo.

La contienda tuvo expresiones decisivas la semana
previa a la realización del referendo. Era difícil
prever con claridad cuál sería el desenlace de ella.
Mientras que el gobierno anunció que respetaría los
resultados del referendo, fueran cuáles fueran,
distintos representantes del NO, comenzaron a propagar
un ambiente de fraude electoral. La editorial del 29
de noviembre del diario el Nacional de Caracas, de
tendencia opositora, dio por hecho la victoria del NO,
con base en un conjunto de encuestas, y sostuvo que el
presidente estaba intentando cambiar el rumbo de los
acontecimientos inflamando los sentimientos
nacionalistas en contra de Colombia. El contendiente
electoral de Chávez en las presidenciales de 2006,
Manuel Rosales, pronosticó en tono triunfalista la
imposición del NO y planteó que un remoto triunfo del
SI traería confrontación e inestabilidad para el país.


Por su parte, la oposición cerró su campaña en la
Avenida Libertador (tradicional lugar de
concentraciones en Caracas) el jueves 29 de noviembre.
Allí, el líder estudiantil Jon Goicochea invitó a los
militares a levantarse en contra del gobierno y la
reforma, acto inminentemente ilegal pero que no
acarreó ninguna acción penal en su contra. Los
partidarios de la reforma se congregaron en el mismo
lugar al día siguiente, donde el mismo presidente
Chávez emitió un discurso de clausura en el que hizo
un llamado contundente a votar por el SI y exhortó
tanto a fuerzas internas como a organismos y gobiernos
internacionales a no sabotear la jornada electoral del
día domingo. Desde Washington, en conjunto con la
Agencia Nacional de Seguridad, se estaría apoyando un
presunto complot, denominado “Plan Tenaza”, con el
objeto de acorralar a través de diferentes medios la
aprobación del referendo . En palabras del mandatario:
“quien votase por el SI estaría con Chávez; quien lo
hiciera por el NO, estaría del lado de George Bush”.
Allí mismo, el presidente dio la orden de activar el
Plan República mediante el cual las fuerzas militares
asumían la responsabilidad de velar por el desarrollo
pacífico de las elecciones y de proteger las
instalaciones petroleras ante eventuales ataques. Fue
así como la fyerza pública y distintos sectores
revolucionarios adquirían instantáneamente el
compromiso de garantizar la estabilidad entre la
población, así como la defensa y el respeto de las
garantías constitucionales vigentes. De este modo,
Venezuela entraba en la recta final del referendo. Ese
mismo día quedaron cerradas oficialmente las campañas
de propaganda política de ambos lados.

Uno podría plantear tres escenarios posibles para el
día del referendo. En primer lugar, un triunfo del SI
con buena ventaja (de 10 a 15 puntos por encima del
NO) le atribuiría legitimidad a la propuesta lo cual,
tarde o temprano, tendría que ser reconocido por la
oposición y redundaría en una intensificación de la
revolución y el socialismo. En segundo lugar, un
triunfo del NO, no sería un resultado tan catastrófico
siempre y cuando ello abriese nuevos espacios para el
desarrollo del juego político, lo cual permitiría al
proceso seguir avanzando con una conciencia más clara
acerca de los cambios necesarios para mejorar, los
errores que habría que enmendar y un intercambio más
fructífero con la oposición. El tercer escenario se
desprendería de un éxito del SI con poca ventaja sobre
el NO. En su parecer, este sería el peor caso, ya que
la oposición muy seguramente desconocería los
resultados, clamaría fraude y provocaría una nueva
etapa de enfrentamientos agresivos, intranquilidad y
conflicto.

La jornada de votaciones del domingo 2 de diciembre
transcurrió en relativa calma, sin incidentes
perturbadores ni violentos: era una calma falsa puesto
que en Caracas podía percibirse una atmósfera tensa,
llena de expectativas y ansiedad a la espera de los
resultados finales. Muchos venezolanos y venezolanas
madrugaron muy temprano a votar ya que algunos centros
de votación se activaron desde las 5 a.m. Incluso hubo
quienes hicieron fila desde mucho más temprano. Sin
embargo, según consultas a algunos participantes con
experiencia, la asistencia a las urnas, tanto en la
mañana como en la tarde, no fue tan numerosa como lo
había sido en ocasiones anteriores.

Aunque los comicios fueron clausurados oficialmente a
las 4:30 de la tarde, las mesas de votación debieron
permanecer abiertas hasta que ya no hubiese
participantes en cola. Se había anunciado con
anterioridad que los resultados serían divulgados dos
o tres horas después del cierre oficial de las urnas,
pero la presidenta del Consejo Nacional Electoral,
Tibisay Lucena, no apareció públicamente hasta después
de las 12:30 de la noche, lo cual coadyuvó a encrispar
los ánimos y acrecentar los nervios de la población.
Dirigentes de la oposición, en las inmediaciones de
Organismo Electoral, denunciaron “anomalias”,
“irregularidades” y “rarezas” a partir de las 11:00
p.m., y después de las 12:00 p.m. acusaron una
violación de sus derechos cuando se impidió la entrada
de algunos de ellos a la sala de totalización de los
votos. Finalmente, la presidenta del CNE comunicó los
resultados del referendo ante los distintos medios de
comunicación. La demora del veredicto reposó en el
hecho de que la votación había sido excesivamente
reñida y no se quiso dar información definitiva hasta
no haber alcanzado la “irreversibilidad de la
tendencia”, que a fin de cuentas favoreció al NO.

Minutos después, el presidente Hugo Chávez hizo su
aparición desde el Palacio de Miraflores ante la
nación con el propósito de reconocer la victoria de la
oposición, en una clara demostración de coraje e
inteligencia, que no dejó dudas acerca de su vocación
como líder responsable y comprometido con las
prácticas y los valores democráticos en Venezuela. Su
intervención ratificaba la irreversibilidad de la
tendencia declarada por Tibisay Lucena y permitió, sin
lugar a dudas, poner fin a la sensación de zozobra que
llegó a reinar entre la población venezolana y otros
espectadores atentos durante las últimas horas de la
recta final. El mandatario sostuvo que “prefería las
cosas así” a una “victoria pírrica” del SI. De esta
manera, logró prevenir que se desatasen niveles
crecientes de animadversión e inestabilidad. Según
Chávez, la victoria del NO significaba una derrota
provisional para el proceso, un “por ahora”, palabras
que rememoraron las pronunciadas por él mismo tras el
fallido Golpe de Estado en 1992. Hizo un llamado a sus
partidarios para que respetasen los resultados y a una
buena administración de aquellos por parte de la
oposición. Además, anunció su voluntad de seguir
promoviendo con firmeza el referendo “sin cambiarle
una sola coma” con miras a lograr una futura
aprobación bajo otras circunstancias y a través de
otros medios. Responsabilizó, acertadamente, a la
abstención como una de las más importantes, sino la
principal, causa de la insuficiencia del SI.


Algunas lecciones y conclusiones.

Una de las primeras conclusiones que se pueden extraer
del desenlace inmediato del referendo apunta a
resaltar la efectividad del impacto producido por los
lugares comunes y las mentiras que desde hace algunos
años circulan por los medios globales de comunicación
en contra del proceso bolivariano y el gobierno de
Hugo Chávez Frías. Sus repercusiones, sin duda,
favorecieron enormemente el clima de rechazo y los
resultados electorales del referendo. No obstante, de
manera paradójica, la experiencia vivida el día 2 de
diciembre y el veredicto de los comicios permiten
echar abajo un conjunto de acusaciones muy enraizadas
en esta campaña de propaganda y desinformación.

En primer lugar, los hechos desmienten la acusación
sobre el carácter autócrata, dictatorial o tiránico
que se le achaca al mandatario y a su régimen. Por el
contrario, dicen mucho acerca del respeto del Estado
por las reglas del juego democrático y las libertades
constitucionales en el escenario venezolano. Asimismo,
apuntan a desvirtuar aquellas repetidas denuncias de
fraude electoral que se le atribuían a los 11 comicios
previos que otorgaron, sin excepción, el triunfo al
oficialismo. También refuerzan a la institucionalidad
pública venezolana, tan empantanada por opositores a
la Revolución Bolivariana, y reivindican al organismo
electoral gracias a la transparencia, la confiabilidad
y la seguridad propia que demostraron sus mecanismos
en este episodio.

En este orden de ideas, se comprueba también que en
Venezuela existe plena libertad de expresión, lo cual
deja sin piso las denuncias de aquellas instituciones
y personalidades que condenan la represión impuesta
por un régimen que censura y violenta derechos. Si
algo queda claro al observador extranjero que visita
el páis y que busca apartarse de intereses y rumores
impuestos por la derecha, es que en los medios de
comunicación venezolanos, de una u otra tendencia, se
dice y se publica lo que se quiere. Ello, sin
restricciones de ningún tipo y sin reparar con mucho
detenimiento en la desmesura, la irresponsabilidad o
la distorsión que pueden alcanzarse. La Ley de
Responsabilidad Social en Radio y Televisión de 2003,
a diferencia de lo que se pretende hacer creer, no es
ningún gran verdugo en busca de una cacería de brujas.


Ahora vale la pena preguntarse: ¿Qué significa el
triunfo del SI? ¿Qué espacios se abren para los
actores enfrentados en términos políticos? ¿Es esta
una oportunidad para reunir a los polos opuestos en
espacios de diálogo, con miras a profundizar el
consenso e incrementar los deteriorados niveles de
confianza? ¿Teniendo en cuenta los estadios a los que
ha llegado la Revolución Bolivariana, se puede llegar
a un nuevo “Pacto Social” o a un nuevo escenario de
reconciliación nacional? O desde otra perspectiva:
¿Significaría una negociación entre ambos bandos un
retroceso o incluso un golpe de muerte para este
proceso en busca de cambios estructurales, en el
entendido de que los principios y los progresos
alcanzados hasta la fecha no aceptarían ningún paso
atrás? Lo que si es cierto es que las luchas populares
y los procesos de reivindicación de las causas
sociales han enfrentado, sin excepción alguna,
numerosos enemigos a través de la historia y muchos
han sucumbido ante contundentes adversidades. En
Venezuela se han dado pasos agigantados y dar el brazo
a torcer en este sentido sería inaceptable.

Existe un innegociable interés de los poderes
tradicionales (no sólo nacionales sino también
internacionales) en echar abajo los esfuerzos
concentrados en legitimar las aspiraciones populares,
continuar la Revolución Bolivariana y construir el
Socialismo del Siglo XXI. También es cierto que el
socialismo y el Poder Popular no se decretan por
decreto ni ley, sino que nacen a partir de realidades
históricas más complejas que se reflejan en el día a
día de las personas. Tras la derrota refrendaria,
saltan a la vista grandes retos que le corresponden al
gobierno y al pueblo bolivariano y a quienes creemos
en el proceso. El fortalecimiento de la ideología y de
la actividad revolucionaria, el desarrollo de la
autocrítica, así como la intensificación de todas
aquellas acciones dirigidas a transferir el poder a
las comunidades organizadas de base y a resarcir las
luchas sociales, son tareas permanentes e
inaplazables.


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