Las oligarquías de nuestros países no son fáciles de derrotar, luego de años de dominación han logrado una hegemonía casi indestructible. Dicha hegemonía la garantizan con su poderoso aparato ideológico y que hoy, parece ser el responsable de su triunfo histórico y pasajero.
La ideología dominante no solo genera la alienación de los dominados sino un grado importante de disemia cultural, entendiendo por tal: la imposibilidad de que los sectores dominados puedan desarrollar estructuras cognitivas que sean capaces de proporcionar objetivación y formalización de alto grado de complejidad y de elaboración de sus propios elementos culturales. Siguiendo una homología lingüística, significa además, que un pueblo que ha llegado a esta situación se "despiensa", llegando a perder el principio de su propia inteligibilidad, de la propia coordinación de sus valores y no logra establecer oposiciones socialmente pertinentes; asumiendo la superficialidad y la puerilidad de los razonamientos de las clases dominantes como válidos.
En su gran mayoría el voto No a la Reforma Constitucional es consecuencia de ese aparato ideológico y de la disemia cultural que sustenta a la oligarquía nacional, expresado por los medios de comunicación de masas al servicio de sus intereses, por el clero, por las universidades, por la herencia partidárquica del siglo XX y por los sectores y las tendencias más oscuras y atrasadas de la sociedad venezolana. La bandera de lucha fundamental no es otra, que el anticomunismo y el concepto liberal burgués de la "Libertad". El anticomunismo, corriente basada en la ignorancia, en la tergiversación del pensamiento marxista y en el temor; es su arma ideológica más eficaz, no en balde los Estados Unidos recurren permanentemente a ella para sembrarla en los incipientes pensamientos sociales y políticos nacientes en América Latina, logrando que su desarrollo posterior este siempre impregnado del espíritu anticomunista.
El proyecto de dominación oligárquico impuso sus valores en toda la sociedad venezolana, llevando adelante un monstruoso proceso de mistificación y falsación, erigiendo como valores el egoísmo, el consumismo, la imitación foránea. Rodolfo Quintero definió la cultura dominante como "la cultura del petróleo", y la caracterizó del siguiente modo:
"Esta cultura procura convencer al pueblo de que la idea del confort es inseparable del ejercicio y la defensa de la libertad individual. Entendida ésta en el sentido de mantener la libre concurrencia contra cualquier regulación del Estado en la dinámica económica. De enajenar lo nacional y aceptar formas de vida extrañas. De no ejercer la libertad de tomar conciencia nacionalista y preocuparse por el destino histórico del país"
Dice además, lo siguiente:
"Dicha cultura trata de hacer de los venezolanos personas dispuestas, obstinadamente animadas del deseo de comprar, y para formar compradores insaciables remodelan las mentes de los venezolanos, dirigen sus lecturas, los interesan en la comodidad, les enseñan a vivir la ficción creándoles nuevos estados emocionales, mecanizándolos. Haciendo que todo lo conozcan a medias, sin esfuerzos, sin reflexionar"
El pueblo venezolano bajo el yugo de la dominación oligárquica se convirtió en un pueblo alienado, embrutecido por la retórica de las lumpenburguesías. Los centros de enseñanzas, los medios de comunicación, las instituciones, las familias, los partidos, los sindicatos, no eran más que los internalizadores y reproductores de las creencias e intereses de las oligarquías criollas.
Para muchos, esta situación, cerraba toda posibilidad de cambio revolucionario, el surgimiento de los valores socialistas en una sociedad como la venezolana era prácticamente impensable, llegándose a compartir así el pesimismo de los pensadores de Frankfurt.
El democratismo
Proponer el socialismo en una sociedad como vía o alternativa, independientemente del socialismo que sea, implica el reconocimiento de la existencia de clases sociales y de la lucha entre ellas y esto supone un arduo proceso de concienciación social. Esto significa la necesidad de una revolución cultural que logre desplazar la hegemonía oligárquica, pero la transformación cultural no es posible sin la transformación de las estructuras capitalistas.
La permanente recurrencia a las elecciones, que es en esencia un instrumento de la dominación burguesa, no puede garantizar el avance del socialismo, se corre el riesgo de que la clase dominante ponga en marcha su aparato ideológico y active las distintas formas de guerra sucia de la que dispone, como lo vimos en esta oportunidad y revierta o detenga los avances socialistas.
¿Cómo resolver entonces, el dilema que implica la construcción del socialismo con el ejercicio democrático?
El liderazgo
De haberse celebrado diez años atrás, un Referéndum como el que presenciamos el 2 de Diciembre el mismo hubiera arrojado menos de 1% a favor de la opción socialista. Hoy la realidad es otra y el 50% de los electores dijo sí a los valores y al ideario socialista.
Gran parte de esta impresionante transformación de la ideología en conciencia, obedece al liderazgo del presidente Chávez, no hace mucho que el presidente Chávez comenzó a hablar del socialismo a los venezolanos, no lo hizo en los primeros años de su carrera política, lo que desesperó a algunos y los llevó a distanciarse. En relativamente pocos años, ha logrado lo que era impensable en la sociedad venezolana: la aceptación de los valores del socialismo.
Luego de los resultados del Referéndum, varias han sido las reflexiones, una de las más acertadas alertan acerca de la necesidad de fortalecer el proyecto de ideas socialistas, las organizaciones y los instrumentos de concientización, porque otro dilema que se asoma es el hecho de que el proyecto dependa solamente de un líder, de un solo hombre.
La desmistificación del proyecto oligárquico
Los que votaron por el No se corresponde con el patrón del miedo sembrado por el anticomunismo y por la identidad con el ideario oligárquico. No se podrá avanzar mientras estos sectores no sean desmistificados. Desenmascarar a cada uno de ellos es una tarea fundamental. ¿Quiénes son los empresarios criollos y qué representan? ¿Cuáles son sus prácticas de sobrexplotación e intensificación de trabajo en sus empresas? ¿Cómo cartelizan los precios y desabastecen el mercado interno?
¿Qué representa el oscurantismo clerical venezolano? ¿Por qué siempre ha sido la celestina de los regímenes más oprobiosos? Y ¿Qué son las universidades? Derechizadas a partir de la década de los ochenta, en el que el neoliberalismo triunfa y se convierte en la ideología predominante de los centros de educación superior, cosechando un movimiento estudiantil de extrema derecha que grita las consignas del liberalismo burgués más rancio y reaccionario de la historia de la humanidad, desprovisto de sensibilidad social y de espaldas a los intereses de los oprimidos y desposeídos.
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