La muerte de Enrique Maza Carvajal y El 11 que nos duele

Se cumplieron 34 años de la caída de Salvador Allende y con el del sueño de la Unidad Popular, un proceso democrático, que quiso cambiar la historia chilena, pero que la conspiración interna y externa logro derrumbar en menos de tres años. El derrocamiento de Allende trajo grandes derrotas al movimiento revolucionario de América Latina. Era el presidente que quería construir una patria justa, el que vaticinó la caminata de los seres humanos libres por las anchas alamedas y también el que enfrentó una de las primeras y más grandes conspiraciones dirigidas desde los laboratorios de la CIA.

Este once de septiembre ha quedado en el olvido o en un recuerdo tibio para muchos, sustituido por el once mediático y avasallador, por la espectacularidad, de la caída de las torres gemelas.

Sin embargo, para los revolucionarios del mundo, el día triste y aciago que enlutó la patria suramericana un 11 de septiembre de 1973, arremete cada tanto, y en manos de una muchedumbre porfiada que se niega a olvidar lo acaecido, nos dice que nada esta olvidado.

Para los venezolanos este día tiene que tener una connotación especial también, por el asesinato de un compatriota en las puertas de una fábrica en Vicuña Mackenna, pleno centro de Santiago de Chile, donde palpitaban los cordones industriales al clamor de un pueblo trabajador, campesino y poblador que defendió con su vida el proceso de la unidad popular.

Ese compatriota es Enrique Maza Carvajal, un estudiante de Ingeniería Eléctrica, de la UCV, expulsado por el gobierno de Rafael Caldera junto a otros jóvenes que desafiaron al régimen establecido a sangre y fuego.

Es Allende en el año 1971, quien convoca a los jóvenes latinoamericanos a integrarse a las universidades chilenas, y es Enrique junto a otros cientos de venezolanos y venezolanas, quien acude al llamado, comprometiendo su vida, atándose para siempre a los cordones industriales, llamados los soviets chilenos.

Enrique, junto a los obreros, resistió todo el día 11 incluso ante la desmoralización que sobrevino con la noticia de la muerte de Salvador Allende, resistieron hasta que ya no fue posible. Los militares ingresaron a la fábrica, los esposaron, los golpearon, humillaron a hombres y mujeres, acribillaron a varios, desaparecieron a otros, apresaron a los más y los llevaron al Estadio Nacional o al Estadio Chile, hoy Víctor Jara. Entre los acribillados cruelmente esta el joven oriental Enrique, el Camarada Enrique. Luego de haberlo asesinado obligaron a los obreros a orinar el cuerpo sin vida del muchacho, y a las mujeres a besar su cadáver.

Fue dura y larga la triste noche que les tocó vivir a los chilenos. No puedo dejar de pensar con emoción en mi gran amigo y camarada Manuel Cabieses, quien en Chile mantiene en pie sus ideales, sin transar, sin ceder nada de cuanto lo ha conformado. Cabieses estuvo recluido en un campo de concentración por largo tiempo junto a otros luchadores. A pesar de esto, no lograron que abandonara la ternura y el ímpetu con que lleva su vida y la potencia que le imprime a cada revista Punto Final que sale con fuerza a las calles, en un afán de poner en el debate de las ideas, el pensamiento de hombres y mujeres libres.

Hoy debemos recordar a Enrique y sentir que su lucha no fue en vano, su pelea por la vida que hoy rescatamos y difundimos, ha tomado otros tonos, otros trazos, es así como hoy andan alfabetizando en Bolivia, 18 jóvenes venezolanos que conocen su historia, su labor internacionalista y piensan que su compromiso es recompensado con la entrega de nuestros muchachos y muchachas en otras latitudes.

Enrique, el único venezolano victima de la dictadura de Pinochet, es un ejemplo de lucha y de compromiso de un estudiante, de un venezolano, de un latinoamericano con la patria grande.

Enrique vivirá por siempre entre los venezolanos y venezolanas comprometidos con la patria…


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