El fascismo, camino obligado del neoliberalismo

Nota de Aporrea: * Periodista norteamericano y analista internacional


El 26 de enero en Ultimas Noticias, el periodista Díaz Rangel mencionó la conocida tesis que explica el origen del fascismo como “un desclasamiento de las clases medias que se proletarizan, y que para huir de este destino se rebelan, el fascismo sería un fenómeno de desplazados, de los frustrados”. Sin embargo, la clase media es muy débil como para servir de único soporte al fascismo. Al analizar la evolución de su instauración en algunos países, como España, Alemania y Chile, se encuentra que el argumento que le proporciona masa es el nacionalismo, y el odio racial o de clases, el elemento imprescindible para su llegada y conservación en el poder.
De allí que las agencias de inteligencia del exterior, que planifican y dirigen las acciones de cierta oposición en Venezuela, se afincan, a través de sus colaboradores en los medios de comunicación, en aterrorizar a la clase media con la llegada del castro-comunismo, en usar y abusar de nuestros símbolos patrios y en crear un ambiente odio en el país.
Su objetivo, como vimos en abril del 2002, es la instauración del fascismo. Y esto es así, porque lo ven como última alternativa para impedir el desarrollo de los países del tercer mundo, y eliminarlos como competidores de los países desarrollados por los escasos recursos minerales. Que ironía. Quienes localmente ven a los sectores pobres como amenaza a su bienestar, son a su vez vistos como peligro potencial de su bienestar por las direcciones de los países desarrollados.
El fascismo será, necesariamente, y en última instancia, la única expresión política que garantice esa dominación, El desprecio al derecho internacional y la masacre sistemática de inocentes que se vio en Irak, son una muestra palpable.
Lo sucedido en abril del 2002 en Venezuela, también lo fue.
Lamentablemente, acostumbrados a no tener una verdadera política exterior, nuestra dirección política y social no entiende esta realidad. De allí la cara de perplejos de Petkoff y Poleo en los medios el 13 de abril, ante el giro fascista del gobierno provisional. La misma cara, probablemente, de Vásquez Velasco, de Chávez y de muchos otros en esos días.
También vemos en el sector gobierno , el vergonzoso espectáculo de politiqueros baratos, que no ven más allá de la nariz, blandir orgullosamente, cual modernos Chamberlain, acuerdos y sentencias que potencian a los sectores locales que representan la dominación extranjera. Igual que en el caso de llamada Ley de Contenidos, destinada a santificar la propiedad de los medios a un grupo reducido de familias adineradas, algunas de las cuales se identificaron descaradamente con el fascismo.
Y en la otra acera, vemos partidos y dirigentes políticos de la oposición, que ejecutan ciegamente los lineamientos que reciben de organizaciones extranjeras, las cuales actúan, exclusivamente, en función de sus intereses nacionales, como el Opus Dei, el Olivo, el Partido Popular, el Partido Demócrata, etc., olvidándose de lo que ellos mismos pregonan, que la era de las ideologías terminó. Unos verdaderos Rumildos de la política.
Los griegos decían que los dioses ciegan a quienes quieren perder. El problema es que, en los regímenes fascistas, la mayoría de presos, exilados, muertos y perseguidos han sido los defensores de la democracia, habiendo sido muchos de ellos, gracias a su ingenuidad, colaboradores involuntarios de los sectores fascistas en su ascenso al poder, como tememos que es el caso actual.


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Carlos E. Dallmeier G. */ enviado por Agencia Vientos del Sur


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