Homenaje al 23 de Enero y a sus niños

Mientras Tribilín vendía "arañas"

Hay una generación que se identifica claramente, que se ve reflejada, dibujada, por las historias y vivencias del "Comandante Líder", una generación que vivió la infancia y ese paso imperceptible a la adolescencia con Rómulo Betancourt y Raúl Leóni como contexto histórico social.

Historias paralelas y disímiles se tejen y se atropellan en la memoria, cuando el Comandante Líder, evoca travesuras, imágenes, recuerdos que son detonantes para la alegría, la nostalgia, dejando esa sensación de vértigo colectivo en quienes crecimos en el tiempo al que el Comandante sin complejos da alas para traer fugaces escenarios del pasado, que atesoramos y llevamos en los bolsillos como tarjeta de identidad.

Mientras tanto, "Huguito" vendía arañas, sin imaginarse jamás lo que le deparaba el destino.

Huguito correteaba, y jugaba en esa "Linda Barina", mientras decenas de miles de niños en algunas zonas urbanas y del campo venezolano sentíamos el tronar de las ametralladoras, o el silbido de los proyectiles del FAL.

Los niños el 23 de enero, Lomas de Urdaneta, Casalta, el Valle, la Silsa, convertidos en pequeñas mulas cargábamos aquellas bolsas de tela marrón o de "saco" del mercado para los cerros en los súper bloque o bloques los días del mercado, nuestros juegos eran acompañados por allanamientos, del SIFA o la DIGEPOL.

Entre los niños del bloque 51 y el 3 de la silsa la guerra era te "tartago" o de "cruceros" del papagayo, o el "rayo" de los juegos de metras y al grito de: "coleo".

Estos juegos que solo eran suspendido por la llegada de la noche, noche a la que le temíamos no por historias de espantos y aparecidos, o por el silbón o la sayóna, era al brillo de de los puñales y "pico 'e loros" que cortaban de extremo a extremos los colchones (sin resortes para la época) en los allanamientos a lo que le temíamos, tropel de caballos eran nuestros corazones, por el solo pensar en la llegadas de hombres rabiosos que entraban a nuestras casas sin permisos, destrozando todo, buscando armas y guerrilleros, gritos y llantos como un coro cortaban el silencio de la madrugada después del los aullidos de jauría de: "abran la puerta"

El miedo y el terror no acababa con el despertar de un nuevo día, una amenaza de hierro desafiante, apuntaba nuestros bloques, tanques de guerra, cañones como punto de fuga, petrificaban nuestros cuerpos al asomar la cabeza como periscopio a las orillas de la ventanas.

Aquel niño que vendía arañas, es hoy el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Bolivarianas, y los tiempos de oprobios, NO VOLVERÁN

oliva2021@gmail.com


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Alfredo Oliva

Conductor del programa ?Construyendo la utopía? en YVKE Mundial 550 am y 94.5 FM.

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