Me pregunto, ¿qué le pasó a ese joven que una vez sintió fuertemente en su corazón la ganas de servir a Dios? ¿Servirlo cómo? Primero, siendo muy dichoso con ese sentimiento, luego entregando con mucho amor su vida al servicio del más necesitado, dando orientación y esperanza a todos los fieles urgidos de respuestas a un gran vacío; haciendo conocer la palabra de Cristo para que el ser humano tenga una guía que le permita el entendimiento para llevar una vida digna.
Si los sacerdotes supieran cuántas personas se sienten decepcionadas al escuchar la misa, la sienten tan vacía; pareciera que los religiosos o religiosas no tuviesen en su propia experiencia la vivencia de esa divinidad interior porque lo que transmiten mas bien aleja a los fieles en vez de acercarles.
Ellos dicen, “cuidado, cuidado, miren que por allí hay muchos propagando la palabra de Dios pero están confundidos, no los sigan, la misa católica y cristiana es la única que ofrece la verdad que predicaba Cristo”. ¿Qué será que les pasa a los fieles que muchos ahora o no van los domingos a Misa, o se han tornado ateos, o han escogido a otras instituciones religiosas y otros simplemente, escuchan su corazón.
Mejor es profundizar. El ser humano está lleno de vacío y mientras busque llenarlo afuera o mientras los “Inspiradores” inviten a buscarlo afuera, jamás el ser humano encontrará respuesta, encontrará paz, encontrará sentido a su vida.
Dijo Cristo; “El Reino de los Cielos está dentro de ti”, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Señores Sacerdotes, señores religiosos, señores seres humanos es quizá en estas oraciones donde esté el principio de una vida llena de verdaderas satisfacciones, una vida que atesora valores que nada ni nadie puede quitarnos, ni siquiera cuando cada uno de nosotros esté en su lado oscuro.
Aquel que encuentre el camino a casa, a su verdadero hogar será bendito y encontrará en su corazón la más dulce sonrisa y entonces su vida la vivirá digna y solidariamente en pensamiento, palabra y obra y de seguro, hermosos frutos cosechará.
Si los religiosos nos hablaran como seguidamente lo hace San Agustín, cuánta sed de amor y luz inspirarían:
“San Agustín va descubriendo sus cegueras y sorderas”.
“Tarde te amé “
“¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo; reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste y me abrasé en tu paz.” (San Agustín)
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