En el amanecer de una nueva etapa para la República Bolivariana de Venezuela, tras los acontecimientos del 3 de enero de 2026 que marcaron un punto de inflexión en la historia nacional, la presidenta encargada Delcy Rodríguez ha ordenado una profunda reestructuración en el alto mando de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).
28 cambios, materializados mediante resoluciones firmadas por el ministro de Defensa Vladimir Padrino López y respaldados por la decisión del Tribunal Supremo de Justicia del 3 de enero, abarcan las Regiones Estratégicas de Defensa Integral (REDI), las Zonas Operativas de Defensa Integral (ZODI), las principales bases aéreas, los comandos de la Guardia Nacional Bolivariana, las brigadas de combate y las academias militares de formación.
Ya empezaron a hacer fiesta esos que el comandante Chávez anunció premonitoriamente cuando dijo: "No faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles…" pero esta acción, lejos de interpretarse como un signo de debilidad o desestabilización, son movimientos necesarios y lógicos, que constituyen una respuesta estratégica y necesaria ante el nuevo escenario geopolítico y de seguridad que enfrenta el país.
La doctrina militar venezolana, forjada en los principios bolivarianos de soberanía, independencia y defensa integral del pueblo, requiere una actualización inmediata para adaptarse a las amenazas externas e internas que se intensificaron después del 3 de enero. El traslado de oficiales de alto rango, muchos de ellos provenientes de cargos de gran responsabilidad y experiencia en zonas fronterizas, regiones petroleras, áreas metropolitanas y comandos de seguridad interna, obedece precisamente a esa necesidad de renovar liderazgos, redistribuir capacidades y reforzar la cohesión institucional en un momento de máxima exigencia.
En cada uno de los nuevos cargos se ha colocado a un patriota probado, un militar comprometido con la causa nacional, con la defensa de la independencia y con la protección de los intereses del pueblo venezolano. Estos oficiales, formados en la tradición chavista y bolivariana, han demostrado en distintos escenarios su lealtad a la patria, su capacidad operativa y su disposición a cumplir con el mandato constitucional de garantizar la seguridad y la estabilidad de la nación. Su designación no responde a caprichos ni a equilibrios de facciones, sino a una visión clara: fortalecer la FANB como instrumento soberano, capaz de enfrentar cualquier agresión, cualquier intento de desestabilización y cualquier presión foránea que pretenda doblegar la voluntad del pueblo.
La reestructuración también implica un cambio profundo en la forma de concebir la defensa nacional. Ya no basta con mantener estructuras heredadas; es imprescindible una doctrina militar moderna, flexible y profundamente popular, que integre las lecciones aprendidas en los últimos años y que prepare a la institución para los desafíos del siglo XXI. La redistribución de mandos permite colocar a los mejores en los lugares donde más se necesita su experiencia: en las fronteras que son líneas de vida económica y geopolítica, en las zonas insulares y marítimas que custodian nuestra soberanía sobre el mar Caribe, en las regiones andinas y orientales que son baluartes de la resistencia histórica, y en los comandos especializados que garantizan el orden interno y la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado financiado desde el exterior.
Este proceso de renovación no debilita el núcleo revolucionario de la Fuerza Armada; por el contrario, lo revitaliza. La firma de todas las resoluciones por parte del ministro Padrino López demuestra que la cadena de mando permanece intacta y que la FANB continúa siendo un pilar sólido del proyecto bolivariano. Al mismo tiempo, la coordinación con las instancias de seguridad interna asegura que no haya fisuras que puedan ser aprovechadas por quienes aún sueñan con desarticular el proceso revolucionario.
Venezuela ha demostrado, una vez más, su capacidad de reinventarse en los momentos más difíciles. Los cambios estratégicos en el alto mando militar no son un final, sino un nuevo comienzo. Son la prueba de que la patria sigue de pie, firme en sus principios, renovada en su liderazgo y dispuesta a defender, con todas sus fuerzas, la independencia, la dignidad y el derecho a construir su propio destino. La FANB, con su doctrina actualizada y sus patriotas al frente, permanece como garante inquebrantable de esa soberanía que no se negocia ni se entrega.
La patria sigue. Y seguirá, porque el pueblo y sus uniformados saben que la lucha por la emancipación verdadera no termina nunca, sino que se renueva cada día con mayor convicción y mayor organización.
El pueblo venezolano y sus dirigentes son herederos de la malicia y picardía de "Tío tigre y tío conejo" y de Florentino y la audacia con la que venció al diablo.
El pueblo venezolano, no ha sido derrotado sino batuqueado y de esta también saldremos triunfante.
Estos cambios necesarios son un mensaje fuerte y claro a nuestro pueblo: "Dejen que los perros sigan ladrando que eso es signo inequívoco de que seguimos caminando.
La patria sigue y sigue.